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La responsabilidad del Rey no es un adorno constitucional ni una figura ceremonial para acompañar el protocolo. Es la última frontera cuando el Estado se desordena y el Gobierno se refugia en su propia negligencia. La Corona no está para acompañar el desastre, sino para recordar que existe una autoridad que no depende del cálculo electoral ni de la corrupción institucional y que no puede ser silenciada sin consecuencias.
Cuando el Rey habla en un momento crítico, no emite un mero gesto simbólico: ejerce la única presencia institucional que aún puede ordenar lo que el poder político ha dejado caer. En nuestra democracia la Corona se ha mantenido al margen del devenir político porque su arbitraje está supeditado a supuestos excepcionales que hasta ahora no se habían dado. Los tiempos, indubitablemente, han cambiado en el aspecto de una buena intención del juego democrático.
La gravedad del reciente episodio en Ceuta, donde la integridad territorial y la seguridad de la frontera sur han vuelto a quedar expuestas ante la inacción del Ejecutiv, no es un hecho aislado, sino la cristalización de una disfunción gubernativa insostenible. Mientras la soberanía nacional sufre un embate directo en un punto vital de la geografía española, quien ostenta la jefatura del Gobierno se ausenta de sus obligaciones de Estado para retirarse de vacaciones, dejando tras de sí un vacío de poder que roza la deserción y proyecta una alarmante imagen de debilidad exterior.
A esta desidia en la frontera sur se suma el goteo constante de anomalías e irregularidades acumuladas en los últimos tiempos: el asalto a las instituciones independientes, el cuestionamiento de las decisiones judiciales, la colonización del Estado por intereses partidistas y la sombra permanente de la corrupción y ya sospechosamente, de la tragedia. Esta acumulación sistemática de abusos ha quebrado los contrapesos democráticos habituales, dejando desprotegido el marco constitucional y creando un escenario de desprotección ciudadana que exige una respuesta de máxima altura institucional.
Entender la función de la Corona ante esta deriva exige una claridad que muchos han perdido. El símil es rotundo y a propósito del fútbol en boca de todos después de ganar España el Mundial 2026. Así lo entendemos todos: el árbitro no interviene cuando las reglas se cumplen, sino cuando el partido se distorsiona con exabruptos que impiden la fluidez del juego. Así debe entenderse la función arbitral que la Constitución encomienda a la Corona. De la Jefatura del Estado depende juzgar cuándo el juego ha dejado de ser limpio y actuar para encauzar el partido, evitando que aquellos jugadores que irrumpen en la cancha con ánimo lesivo, o rompen con el reglamento impongan el juego sucio. Su función implícita es sancionar aquello que no cabe en el marco democrático. Es una cuestión de amplio conocimiento, propósito de mandato ajustado a la Constitución , sensibilidad y firmeza que impiden confundir las reglas con el atropello.
Cuando el Ejecutivo se desvanece en su propio delirio y la nación queda expuesta, la palabra del Rey pesa porque emerge en el único punto donde todavía existe responsabilidad de Estado. La Corona no puede aceptar figurar como convidado de piedra mientras el Gobierno se oculta tras su propia negligencia. La presencia del Rey es el límite moral y el salvaguardismo arbitral que impide que España quede entregada a quienes han convertido la desidia en método y la impunidad en paisaje arrasado por el fuego del amaño y anegado de corrupción.
Si el Monarca decide mantenerse en esa presencia y ejercer su arbitraje para preservar el Estado de Derecho, España conservará su punto de referencia. Si retorna el silencio, el vacío será absoluto para millones de ciudadanos que miran con fundada fe y esperanza a su Corona.
RES NON VERBA.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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