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La degradación institucional que padecemos en España no es un fenómeno aislado ni una anomalía doméstica; es el reflejo de una metástasis burocrática que emana directamente de las pestilentes moquetas de Bruselas.
Allí donde los despachos sustituyen a las urnas y la ingeniería lingüística suplanta a la voluntad popular, se acaba de perpetrar una de las mayores estafas procedimentales de la historia reciente de la Unión Europea. Hablo del denominado Chat Control, el obsceno proyecto de espionaje masivo de nuestras comunicaciones privadas, aprobado en el Parlamento Europeo no por el peso de la razón ni de los votos, sino mediante una burda y descarada fullería de trileros.
Para entender la magnitud del engaño, conviene descender al fango del procedimiento y explicarlo con la claridad del puro sentido común, ese que la casta comunitaria pretende enterrar bajo toneladas de jerga reglamentaria.
Imaginemos una reunión en una comunidad de vecinos donde unos pocos pretenden aprobar una derrama para instalar cámaras de vigilancia dentro de cada vivienda, vulnerando la intimidad de los propietarios. Lo democrático, lo elemental, sería preguntar a la junta: «¿Quién vota a favor de poner las cámaras?». Si la mayoría dice que no, la propuesta se tira a la basura. Fin de la historia.
Sin embargo, los burócratas de Bruselas, conscientes de que la mayoría de los eurodiputados rechazaba de plano semejante aberración totalitaria, decidieron cambiar las reglas del partido a mitad de juego. Invirtieron la tortilla legislativa. En lugar de someter a votación la aprobación del Chat Control, obligaron a la Cámara a votar el rechazo de la norma.
El resultado de las urnas fue demoledor: 314 eurodiputados votaron a favor de tumbar el espionaje, frente a escasos 276 que pretendían mantenerlo. En cualquier sistema que ose llamarse democrático, el 314 aplasta al 276. Gana la mayoría. Pero la trampa ya estaba armada: la arquitectura de la votación exigía una mayoría absoluta blindada de 361 votos para poder enterrar la propuesta. Al no alcanzarse esa cifra por los pelos, la ley sigue viva.
Es una aberración matemática y moral: han logrado que el bando que menos votos obtuvo gane la partida. Si la votación se hubiera planteado de manera limpia para aprobar la ley, los partidarios del espionaje habrían fracasado estrepitosamente con sus ridículos 276 apoyos. Al blindar el redactado a la inversa, la tiranía tecnocrática ha conseguido que la ley avance habiendo perdido en las urnas.
Y para amortiguar el escándalo y anestesiar a la opinión pública, nos lanzan la consabida coartada: una enmienda de última hora que promete dejar fuera del escaneo, «de momento», a los mensajes cifrados como WhatsApp. Es el clásico juego del poli bueno y el poli malo escenificado por una maquinaria comunitaria experta en recortar libertades a plazos. Te meten la soga al cuello por la puerta de atrás mediante ingeniería procedimental y te ponen un parche temporal de falsa privacidad para que no protestes demasiado.
Estamos ante una democracia al revés, un decorado de cartón piedra donde las votaciones no sirven para representar a los ciudadanos, sino para blindar las agendas del poder frente a ellos. Cuando la legalidad se divorcia del sentido común y se convierte en un laberinto de trampas para amordazar a la mayoría, la institución pierde toda su legitimidad moral. No podemos seguir pasando por alto lo elemental ni perdernos en disquisiciones jurídicas ante evidencias de estafa tan descomunales. Hay que llamar a las cosas por su nombre.
Frente al trilerismo burocrático de quienes temen la libertad ciudadana y prefieren la opacidad de los despachos, solo queda la denuncia frontal, la resistencia firme y la exigencia de responsabilidades. La verdad no admite concesiones ni componendas procedimentales.
RES NON VERBA.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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