15/08/2026 06:55
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Laura Vázquez es periodista argentina afincada en España desde 2001. Tras un profundo proceso de conversión, decidió dejar atrás más de veinte años de dedicación al ámbito de las terapias alternativas para retomar su vocación periodística desde una perspectiva cristiana.

En la actualidad impulsa un proyecto de comunicación dedicado a la evangelización mediante entrevistas y contenidos digitales, y está abierta a colaborar con medios de comunicación, diócesis e instituciones que deseen anunciar el Evangelio a través de una comunicación profesional y cercana.

¿Cómo fue el dolor que experimentó tras la muerte de su padre?

Mi padre falleció cuando yo tenía 23 años y, aunque en aquel momento pensé que estaba afrontando su pérdida, con el tiempo comprendí que en realidad había hecho todo lo posible por no sentir ese dolor.

Era muy joven y no tenía herramientas para atravesar un duelo de esa magnitud. En lugar de detenerme y vivirlo, decidí seguir adelante como si nada hubiera ocurrido. Mirando hacia atrás, creo que no hui solo de mi país; también huía del sufrimiento que llevaba dentro.

Aquel vacío permaneció conmigo durante muchos años. Exteriormente hacía mi vida, trabajaba, tenía proyectos, pero había una sensación permanente de ausencia que nunca desaparecía. Intenté llenar ese vacío de muchas maneras, convencida de que encontraría respuestas fuera de mí, sin darme cuenta de que el verdadero problema era un duelo que nunca había sido sanado.

Con el tiempo comprendí que aquel dolor no resuelto condicionó muchas de las decisiones importantes de mi vida. Solo muchos años después entendí que Dios no había estado ausente durante todo ese tiempo. Él ya estaba saliendo a mi encuentro incluso cuando yo todavía no era capaz de reconocerlo.

Hoy entiendo que el vacío más profundo no era solo la ausencia de mi padre terreno, sino que todavía no conocía al Padre del Cielo. Cuando descubrí su paternidad, muchas cosas comenzaron a ocupar el lugar que durante años había permanecido vacío.

¿Por qué decidió venir a España para huir de ese dolor?

Mucho antes de la muerte de mi padre ya había comenzado a gestarse en mí el deseo de marcharme. Un primo de mi madre llevaba muchos años viviendo en Madrid y empezamos a escribirnos cartas con frecuencia. Todo lo que me contaba sobre su vida en España se convirtió, casi sin darme cuenta, en una ventana hacia otro mundo.

Mientras en mi casa convivíamos con la enfermedad de mi padre, aquellas cartas eran un pequeño refugio. Me ayudaban a distraerme, a imaginar otra vida y a pensar que quizá existía un lugar donde todo sería más fácil.

Cuando mi padre falleció, ese deseo se convirtió en una necesidad. Yo pensaba que me iba para buscar un futuro mejor, nuevas oportunidades y crecer profesionalmente. Y, en parte, era verdad. Pero con los años comprendí que también estaba huyendo de un dolor que no sabía cómo afrontar.

Necesitaba cambiar de país, de paisaje, de rutina… porque creía que, si me alejaba lo suficiente, el sufrimiento también se quedaría atrás. Hoy sé que el dolor no desaparece cambiando de lugar. Viaja con uno mismo hasta que nos atrevemos a mirarlo de frente y dejamos que Dios entre también en esa herida.

¿Qué le llevó a dedicarse profesionalmente al mundo de las terapias alternativas?

El vacío que llevaba dentro fue el que me condujo a las terapias alternativas. Había un dolor muy profundo que nunca había sanado y yo buscaba desesperadamente que alguien me ayudara a arrancarlo de raíz. Quería encontrar una solución definitiva, casi una especie de «magia de la sanación» que hiciera desaparecer de golpe aquello que llevaba tantos años cargando.

Una amiga me habló de lo bien que le estaban haciendo unas sesiones de reiki y decidí probar. Aquella fue la puerta de entrada a un mundo completamente nuevo para mí. Como experimenté cierto alivio, pensé que por fin había encontrado el camino que llevaba tantos años buscando. Eso despertó en mí el deseo de formarme. Primero fue una técnica, luego otra, después otra más. Con el tiempo me convertí en maestra de reiki y me formé en muchas otras disciplinas, convencida de que, si me habían ayudado a mí, también podrían ayudar a otras personas que estuvieran sufriendo.

Sin darme cuenta, esa búsqueda terminó convirtiéndose en mi profesión. Pero también entré en un bucle que duró muchos años. Siempre aparecía una nueva formación, una nueva herramienta o una promesa de alcanzar una sanación más profunda. Mirándolo con perspectiva, hoy comprendo que iba poniendo parches sobre una herida que necesitaba algo mucho más profundo.

Esa experiencia también me enseñó algo importante. Cuando una persona está profundamente herida, vulnerable o desesperada por dejar de sufrir, es muy fácil aferrarse a cualquier cosa que le prometa alivio. El dolor nos vuelve especialmente frágiles y, cuando uno busca respuestas sin descanso, puede terminar alejándose, sin darse cuenta, de aquello que realmente necesita.

En mi caso, la solución no estaba en seguir acumulando nuevas técnicas, sino en dejar que Dios entrara precisamente en la herida que yo llevaba tantos años intentando curar por mis propias fuerzas. Solo cuando me encontré con Cristo comprendí que no necesitaba seguir buscando experiencias extraordinarias, sino dejarme amar, sanar y sostener por Él.

¿Qué es lo que hacía exactamente? ¿Intuía que estaba mal?

El camino que yo había trazado para mí es el que ofrecía a los clientes con mis sesiones. Reiki, Registros Akáshicos, Constelaciones y muchas otras técnicas que nunca dan respuestas ni soluciones efectivas, sino que generan adicción porque siempre queda algo por «sanar» y que a largo plazo no pueden demostrar efectos contundentes de mejora.

Durante muchos años no tuve la sensación de que aquello estuviera mal. Era el camino que conocía y estaba convencida de que buscaba ayudar a los demás y también encontrar respuestas para mi propia vida.

Sin embargo, todo cambió cuando comencé a frecuentar la Santa Misa, a leer la Palabra de Dios y a profundizar en la fe católica. Poco a poco fui descubriendo que lo que hacía ya no era coherente con lo que estaba viviendo interiormente ni compatible con el camino al que sentía que Dios me llamaba.

No fue una decisión tomada de un día para otro. Fue un proceso de discernimiento. Cuanto más me acercaba a Cristo y más vivía los sacramentos, más evidente se hacía que debía dejar atrás esa etapa.

Por eso decidí abandonar definitivamente las terapias alternativas. No porque alguien me lo impusiera, sino porque sentí que el Señor me estaba invitando a responder a otro llamado. Y comprendí que, si quería seguirle de verdad, tenía que hacerlo con libertad y sin mirar atrás.

¿Qué dolor supuso la muerte de su madre?

La muerte de mi madre fue el momento en el que todo se derrumbó. No solo perdía a mi madre; también se abría de nuevo la herida por la muerte de mi padre, una herida que llevaba más de veinte años intentando mantener cerrada.

Por primera vez me enfrenté a una realidad que nunca había querido mirar de frente: la orfandad. Comprendí que ya no estaban ninguno de los dos. Esa conciencia llenó aún más de dolor mi interior y me hizo sentir un vacío que nunca había experimentado con tanta intensidad.

Fue como si todo el sufrimiento que había evitado durante tantos años apareciera de golpe. Me di cuenta de que ninguna de las respuestas que había buscado había conseguido sanar realmente esa herida. Había aprendido a convivir con ella, pero seguía ahí.

Recuerdo aquella etapa como un tiempo de enorme sufrimiento. Ya no tenía fuerzas para seguir buscando una nueva técnica o explicación. Por primera vez reconocí que yo sola no podía salir de ese lugar y que necesitaba ayuda.

Hoy miro aquel momento de una forma completamente distinta. Entonces lo viví como una desgracia inmensa; ahora creo que fue precisamente ahí donde Dios comenzó a derribar todas las falsas seguridades a las que me había aferrado durante tantos años para mostrarme que solo Él podía sostenerme.

Con el tiempo comprendí algo que cambió mi vida para siempre: cuando perdí a mi padre y a mi madre según la carne, Dios empezó a revelarse como mi verdadero Padre. La orfandad que tanto miedo me producía comenzó a transformarse cuando descubrí que nunca había estado realmente sola.

¿Cómo fue su encuentro con Carlo Acutis y cómo este santo le llevó a la conversión y a dejar las terapias alternativas?

Aunque mi conversión se hizo visible en 2025, con el tiempo comprendí que Dios había comenzado a llamarme mucho antes.

En 2023 viví una experiencia que entonces no supe interpretar. Una madrugada estaba despierta, con los ojos cerrados, cuando escuché con absoluta claridad una voz masculina en mi interior que me dijo simplemente: «¿No?». Sin pensarlo respondí: «Sí». En ese mismo instante sentí físicamente una intensa vibración, como si tres motores se activaran dentro de mí provocando una enorme expansión interior.

Durante mucho tiempo no entendí qué había ocurrido. No se lo contaba a nadie porque ni yo misma sabía explicarlo. Solo después de mi conversión comprendí que aquel había sido el primer llamado de Dios, una gracia que sembró en mí algo que tardaría todavía dos años en dar fruto. Los tres motores: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En 2025, mientras trabajaba en mi huerta, ocurrió algo igual de inesperado. Comencé a escuchar repetidamente en mi interior un nombre que nunca había oído: Carlo Acutis. Durante tres días ese nombre seguía apareciendo con insistencia hasta que decidí buscar quién era.

Cuando conocí su historia sentí que algo se abría dentro de mí. Empecé a leer todo lo que encontraba sobre él, descubrí su inmenso amor por la Eucaristía y, casi sin darme cuenta, ese camino me condujo de nuevo a la Iglesia. Volví a la Santa Misa después de más de veinticinco años, me confesé, comencé a recibir la Eucaristía y mi vida empezó a cambiar desde dentro.

No fue Carlo quien ocupó el lugar de Cristo en mi vida. Al contrario. Dios utilizó el testimonio de un joven enamorado de Jesús para llevarme a la Virgen y luego hasta Él. Carlo fue el puente que el Señor puso en mi camino para conducirme al encuentro con Cristo y devolverme a la Iglesia.

¿Cómo la devoción a la Virgen y a la Eucaristía transformó radicalmente su vida y le ayudó a llenar su profundo vacío?

Creo que el cambio más profundo no fue exterior, sino interior.

Durante más de veinte años viví con un vacío permanente. Siempre sentía que me faltaba algo. Por eso buscaba continuamente respuestas, nuevas experiencias y formas de sanar. Sin darme cuenta, había convertido esa búsqueda en mi forma de vivir.

Todo empezó a cambiar cuando regresé a la Iglesia. La Virgen María tuvo un papel muy importante en ese camino. Sentí un deseo muy profundo de acercarme a ella y poner mi vida bajo su protección. Fue como si, de su mano, volviera a encontrar el camino hacia su Hijo.

Pero fue la Eucaristía la que transformó completamente mi vida.

Al comenzar a participar con frecuencia en la Santa Misa y recibir a Jesús en la Eucaristía, empecé a experimentar una paz que nunca había conocido. No fue una emoción pasajera ni una experiencia extraordinaria. Fue la certeza silenciosa de una Presencia.

Poco a poco comprendí que el vacío que había intentado llenar durante tantos años estaba desapareciendo. Descubrí que Cristo no solo me acompañaba en mi dolor, sino que habitaba dentro de mí. Esa presencia cambió por completo mi manera de vivir.

Sigo echando de menos a mis padres. El amor no desaparece con la muerte. Pero el sufrimiento ya no me gobierna. Donde antes había desesperanza, hoy hay paz. Donde antes había una búsqueda constante, hoy hay descanso.

Por primera vez en mi vida dejé de buscar porque comprendí que había encontrado aquello que mi corazón anhelaba desde siempre. No una idea, no una técnica y no una experiencia más, sino a una Persona viva: Jesucristo presente en la Eucaristía.

¿Por qué va a ir a Asís a dar gracias a San Carlo Acutis?

Voy a Asís, sobre todo, para dar gracias.

Hace aproximadamente un año ni siquiera sabía quién era Carlo Acutis. Hoy puedo decir que Dios utilizó su testimonio para cambiar por completo el rumbo de mi vida. Si alguien me hubiera dicho entonces que volvería a la Iglesia, que asistiría a Misa cada semana, que recibiría la Eucaristía con frecuencia o que dejaría atrás toda mi vida profesional para responder a un llamado, probablemente no lo habría creído.

Por eso siento una profunda necesidad de ir a Asís. No como quien busca un milagro extraordinario, sino como quien desea detenerse un momento y dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho en mi vida.

También quiero agradecer a Carlo su intercesión. Creo que los santos siguen acompañándonos y ayudándonos a acercarnos más a Cristo. En mi caso, él fue ese hermano mayor en la fe que me mostró, con su ejemplo, que la santidad no es algo lejano, sino un camino posible cuando ponemos a Jesús en el centro de nuestra vida.

Este viaje tiene para mí un significado muy especial. Es, de algún modo, cerrar el primer año de un camino completamente nuevo y decirle al Señor: «Gracias por haber salido a mi encuentro cuando yo ni siquiera sabía que te estaba buscando».

¿Cómo afronta el reto de retomar su actividad periodística para evangelizar?

Retomar el periodismo supone para mí un reto enorme, pero también una inmensa alegría. Durante muchos años pensé que había dejado atrás definitivamente esa profesión. Sin embargo, hoy comprendo que Dios no descartó ese talento; simplemente esperaba el momento oportuno para darle un sentido completamente nuevo.

Humanamente produce vértigo, porque significa renunciar a una seguridad para adentrarse en un camino cuyo destino todavía no conozco, pero, al mismo tiempo, nunca había sentido tanta paz. Ya no entiendo el periodismo solo como una profesión, sino como una vocación al servicio de la verdad y de la evangelización. Si durante años utilicé la comunicación para otros fines, hoy deseo ponerla al servicio de Cristo y de la Iglesia.

Estoy abierta a las oportunidades que Dios quiera poner en mi camino para ejercer esta profesión de una manera nueva. No sé si será a través de entrevistas, de medios de comunicación, de proyectos de evangelización o de otras iniciativas que aún desconozco. Lo importante para mí no es tanto el formato, sino permanecer disponible para responder al llamado que siento que Él ha puesto en mi corazón.

No sé exactamente hacia dónde me llevará este camino. Lo único que tengo claro es que Dios me llamó y que mi respuesta es seguir dando un «sí» cada día. Confío en que Él irá abriendo las puertas que considere oportunas, como ya lo ha hecho desde que comenzó mi conversión, y esta entrevista es también una prueba de ello.

¿Qué proyectos tiene a ese respecto?

Mi principal proyecto es poner mi profesión al servicio de la evangelización.

He comenzado un canal de entrevistas en el que quiero dar voz a personas cuya vida ha sido transformada por Dios. Creo que hoy necesitamos escuchar testimonios reales que nos recuerden que Cristo sigue actuando en la vida de las personas.

También deseo crear contenido que acerque la fe a quienes, como me ocurrió a mí durante muchos años, buscan respuestas sin saber que la verdadera respuesta está en Cristo y en la Iglesia. Si mi experiencia puede ayudar a que una sola persona se anime a volver a la confesión, a la Eucaristía o simplemente a abrir de nuevo el Evangelio, habrá merecido la pena.

Al mismo tiempo, estoy abierta a las oportunidades que Dios quiera poner en mi camino para ejercer el periodismo desde esta nueva mirada. Si ese servicio puede desarrollarse colaborando con medios de comunicación, diócesis, instituciones o cualquier iniciativa que contribuya a anunciar el Evangelio, estaré feliz de poner mi experiencia profesional al servicio de esa misión.

No sé exactamente cómo será el futuro. Hace un año jamás habría imaginado estar dando esta entrevista. Por eso he aprendido a confiar. Mi proyecto no consiste tanto en tener un plan perfectamente definido como en permanecer disponible para responder, con libertad, allí donde Dios me vaya llamando.

Mi correo es contacto@lauravazquez.org y mi instagram y youtube @lauravazquezorg

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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