Ha comenzado el Mundial de Fútbol de 2026 y pienso que es una buena oportunidad para publicar algunos artículos sobre virtudes que ayudan a mejorar en la práctica de un deporte con tantísimos seguidores en todos los ámbitos. Entendemos que la práctica del «deporte rey» puede ser una buena escuela de virtudes y que, al mismo tiempo, practicar virtudes en las competiciones de fútbol ayuda mucho a lograr éxitos con el propio equipo y a que haya buen ambiente en ellas, es decir, juego limpio.
En la última edición de la «Champions League», en el partido de ida de octavos entre el Benfica y el Real Madrid, jugado en Lisboa (25/02/2026), Vinicius Jr. (Real Madrid) sufrió un lamentable ataque racista protagonizado por Prestianni (Benfica). Tchouaméni (Real Madrid) fue preguntado en una entrevista con «Pivot Podcast» por los casos de racismo en el fútbol, sobre todo con lo que pasa habitualmente con Vinicius y especialmente por lo ocurrido en Lisboa, cuando fue insultado por Prestianni. El francés fue muy claro: si vuelve a ocurrir, los jugadores del Real Madrid abandonarán el campo: «Le llamaron mono. Siento que el próximo paso será dejar de jugar. No vamos a permitir que vuelvan a ocurrir esas escenas», aseguró Tchouaméni. Con su respuesta, Tchouaméni dio un buen ejemplo de compañerismo al defender a un compañero de equipo de una ofensa contra su integridad moral y mostrarse dispuesto a protegerle en el futuro si volvía a ocurrir una agresión de ese tipo. Aclaremos también que, tras la investigación llevada a cabo por un inspector de Ética y Disciplina de la UEFA, el jugador del SL Benfica Gianluca Prestianni fue sancionado por seis partidos oficiales de clubes de la UEFA y/o de selecciones nacionales por conducta discriminatoria (es decir, homófoba).
Álvaro Arbeloa, exentrenador del Real Madrid, respondiendo a una pregunta antes del partido de La Liga contra el Sevilla, lo calificó de máxima dificultad. «Es un Sevilla que ha ganado los tres últimos partidos, que viene haciendo las cosas muy bien con Luis García Plaza, un entrenador con grandísima experiencia. Conocemos cómo trabajan sus equipos. Le ha dado la vuelta al Sevilla y el estadio es ilusionante por el ambiente, una afición que es de las mejores de España…», analizó. En esta respuesta, Álvaro Arbeloa elogia el trabajo de un compañero de profesión, así como al equipo y la afición rival, eludiendo crear tensiones previas a un partido de competición.
Estos dos ejemplos los he recogido recientemente de la prensa y me han parecido adecuados para empezar este artículo dedicado a la virtud del compañerismo, que suele ser terreno abonado para que florezcan buenas amistades y otras virtudes que ennoblecen tanto al deporte como a los deportistas y los aficionados.
Virtudes y valores
Antes de continuar deseo aclarar el significado de los términos valores y virtudes para que se entienda por qué prefiero hablar de virtudes.
Es más frecuente oír hablar de valores que de virtudes y, en algunos ambientes, parece sugerirse que hablar de valores está en mejor sintonía con nuestro tiempo; mientras que lo otro, hablar de virtudes, es más cosa del pasado. En educación, ambos términos son significativos e igualmente válidos, pero no es lo mismo educar en valores que hacerlo en virtudes. Para ir aclarándonos: uno puede tener muy claro en su cabeza que llegar puntual a un partido es un valor importante, pero vivir la virtud de la puntualidad exige madrugar o dejar otras actividades con tiempo suficiente para llegar a la hora de la convocatoria (partidos y entrenamientos). Y eso, un día, otro día… y todos los días.
Los valores son principios que nuestra inteligencia acepta como importantes, beneficiosos y deseables, y que nos sirven de guía para comportarnos bien y vivir de manera positiva; por ejemplo, la honestidad, la solidaridad, el respeto a los demás, la tolerancia, la amabilidad, etc. Son conceptos intelectuales que nos sugieren que una determinada conducta personal o social es mejor que otra distinta.
Practicar virtudes supone dar otro paso adelante: además de conocer esos principios que permiten discernir lo que es bueno de lo que está mal, exige actuar conforme a esos principios para elevarse a tener una vida virtuosa; es decir, las virtudes hay que vivirlas, lo cual requiere siempre un vencimiento personal sobre nuestra tendencia natural a la comodidad.
El Papa Francisco, en la Audiencia General del 13 de marzo de 2024, lo explicó así: «La virtud no es algo improvisado; por el contrario, es un bien que surge de una lenta maduración de la persona, hasta convertirse en su característica interior».
Por otro lado, como es natural, al hablar de una virtud o valor salen otros con los que guardan muy estrecha relación; por ejemplo, la lealtad y la amistad están muy relacionadas con el compañerismo.
El compañerismo es imprescindible para hacer Equipo y alcanzar, entre todos, los objetivos deseados.
La RAE da dos acepciones sobre el «compañerismo»: 1) vínculo que existe entre compañeros, y 2) armonía y buena correspondencia entre compañeros.
Un equipo de fútbol es mucho más que la conjunción de habilidades técnicas y tácticas, y también mucho más que el talento de uno o varios de sus jugadores. Sin ánimo de restar importancia a esos factores, que, sin duda, pueden aportar muchísimo para alcanzar los objetivos planeados, me parece que lo más decisivo para lograr éxitos en la competición es el compañerismo y el compromiso por parte de los integrantes del equipo. A partir de estas actitudes se fortalece la unidad, que es fundamental para lograr éxitos.
Formar parte de un equipo de fútbol implica interactuar con personas diversas. Cada jugador aporta al grupo tanto sus habilidades técnicas y tácticas como sus cualidades personales. Mediante la noble y leal competencia entre sus integrantes, se promueve el respeto mutuo, la tolerancia para con los demás, el compromiso y la solidaridad (soltarla pronto suele aportar ventaja al equipo) . Estas actitudes afianzan el compañerismo y promueven buenas y duraderas amistades.
La amistad
Tener amigos es una bendición, un regalo, una riqueza a la que ningún hombre es tan pobre como para no poder aspirar; además, los amigos son una ayuda imprescindible para ser felices en nuestras relaciones sociales y alcanzar nuestros objetivos. Por eso, es de gran interés contribuir a que se forjen buenas amistades.
La amistad surge frecuentemente entre dos o más compañeros cuando toman conciencia de que tienen cosas en común —ideas, intereses, aficiones— y se consolida con el ejercicio de muchas virtudes que son frecuentes en el fútbol y en todos los deportes de equipo.
El sentido de pertenencia y conexión social que nos proporciona el trato con los amigos aumenta nuestra autoestima y reduce el riesgo de depresión, ansiedad y estrés. La amistad nos impulsa a ser mejores personas, nos eleva a la mejor versión de nosotros mismos. Todos necesitamos amistades para crecer, aprender y compartir nuestras alegrías y lidiar con mayor seguridad y confianza con las dificultades de la vida. Y también para divertirnos nos encanta la compañía de nuestros amigos. «Los amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados», escribió Juan Luis Vives, gran humanista y filósofo español.
En resumen, la amistad desempeña un papel fundamental en nuestras vidas: nos brinda apoyo emocional, mejora nuestra salud mental y afectiva, promueve nuestro crecimiento personal y nos proporciona momentos de descanso, diversión y alegría —por igual a mujeres y a hombres; lo mismo a niños que a jóvenes y mayores; y a los ancianos les evita que la soledad sea la compañera de su vida—.
Orientaciones para fomentar el compañerismo y la amistad
Son destinatarios de estas orientaciones, en primer lugar, los directivos, que, además de sus trofeos, deben estar pendientes de la formación de jugadores y entrenadores; estos, responsables de la formación de los chicos como futbolistas y como personas; por supuesto, los padres; y también todas las personas que opinan sobre temas futboleros en tantos ámbitos, muy especialmente en redes sociales y medios de comunicación.
El muchacho o la muchacha que se inscribe para formar parte de un equipo de fútbol debe tener claro que se compromete a realizar de la mejor manera que sea capaz todas las obligaciones propias del mencionado vínculo. Entre ellas, destacamos las siguientes:
- Asistir a los entrenamientos con puntualidad y actitud colaboradora.
- Ser respetuoso y amable con los entrenadores y los compañeros.
- Ser respetuoso con las normas de conducta que impone el club, tanto en los terrenos de juego como fuera de ellos, sobre todo cuando se representa al club.
- Acatar la indumentaria que impone el club en las diferentes circunstancias.
- Acatar las decisiones de los entrenadores en todas las circunstancias, también cuando piden jugar en un puesto que no es el preferido.
- En los partidos, ser respetuoso con los rivales, los árbitros y los espectadores, naturalmente sin reducir la necesaria competitividad.
- No quejarse cuando toca formar equipo con compañeros que no nos caen bien.
- Estar pendientes de los demás, para descubrir quién necesita ayuda.
- Compartir las cosas propias con los demás, sobre todo con los que más necesitan de ellas.
- Animar al compañero cuando falla (o pensamos que ha fallado). Los buenos compañeros se apoyan en los momentos difíciles y celebran juntos las victorias.
- En el fragor del esfuerzo en el partido, pueden surgir roces y desacuerdos. Sin embargo, el compañerismo ayuda a resolver conflictos de manera constructiva. Los jugadores aprenden a perdonar, a escuchar y a encontrar soluciones en beneficio del equipo.
- Esforzarse para que el natural espíritu competitivo no dañe el compañerismo.
- Procurar contar cosas positivas de los compañeros, evitando las murmuraciones y críticas por la espalda. Y lo mismo con los entrenadores.
Por su parte, los entrenadores, tienen un papel fundamental en la tarea de conseguir en el grupo un ambiente que fomente el compañerismo y las buenas amistades. Destacamos:
- En buena medida determinan el tono emocional del equipo. Su actitud, comunicación y trato hacia los jugadores influyen en la dinámica del grupo. Ayuda a este propósito felicitar a los chicos cuando hacen bien las cosas.
- Fomentan un ambiente de respeto, confianza y camaradería: los jugadores deben sentirse confiados y seguros para expresarse y relacionarse. Ayuda a este propósito resaltar y elogiar las actitudes positivas de los chicos.
- El entrenador es un ejemplo vivo de los valores que promueve. Su comportamiento y decisiones impactan en los jugadores. Si el entrenador muestra amistad, respeto y apoyo hacia todos, los jugadores seguirán su ejemplo.
- Ofrecen apoyo en momentos difíciles y celebra los logros. La empatía y la comprensión son esenciales para cultivar amistades genuinas. Debe ser positivo en sus explicaciones.
- Vigilan que la natural competitividad de algunos chicos por destacar sobre sus compañeros no deteriore el buen ambiente del vestuario.
Consideraciones finales
El fútbol es un deporte que se disfruta al máximo; por lo tanto, sentir la pasión y divertirse, sin duda, está entre las cosas más importantes para quienes lo practican. El compañerismo y el consiguiente fomento de buenas amistades contribuyen a aumentar la felicidad compartida en esos ratos. También ayudan a este fin los detalles de servicio; por ejemplo, adelantarse a recoger el balón que se ha ido lejos para que no vaya siempre el mismo.
La amistad no se limita al césped. Los jugadores comparten momentos fuera del campo: cenas, charlas, cumpleaños. Estas experiencias fortalecen los lazos y crean recuerdos imborrables. Los compañeros se convierten en hermanos de equipo.
En el fútbol, los amigos se convierten en aliados incondicionales. Se animan mutuamente, se levantan después de una derrota y celebran los éxitos. Es un vínculo genuino que se nutre con el tiempo. Pacho Maturana, famoso jugador y entrenador de ascendencia colombiana, con títulos nacionales e internacionales en su haber, decía: «Antes de tener un equipo de fútbol hay que tener un grupo de amigos».
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