Estos hippies que tenemos instalados en el Gobierno de España ya no saben qué hacer con la gestión de la política internacional cuando adopta la forma violenta de la guerra. La política doméstica («NO a la guerra») nada tiene que ver con la política internacional. Parece como si todo el mensaje de la PESOE (el partido sanchista) se redujera a formular una propuesta para «hacer el amor». El problema es que no sabemos con quién y si está exento de enfermedades venéreas.
Lo extraño del mensaje «No a la guerra» lo constituye su alcance limitado. No se aplica ni se extiende a Ucrania donde este Gobierno de incompetentes y pusilánimes alientan continuar la guerra, junto con los restantes líderes europeos, hasta la exterminación del último de los ucranianos. El mensaje, en suma, es selectivo y reductor, lo que acredita su falta de sinceridad y su extraordinaria hipocresía y falsedad.
Estamos ante un discurso ideológico, el universalismo de los Ilustrados, donde se conjuga con el delirio de la fantasía (la pérdida de realidad en política se paga con el destierro o la muerte). Aquí tendríamos dos cuestiones que analizar: que existen guerras justas y, además, que España forma parte (en apariencia) de la estructura de la OTAN estadounidense que se ha convertido en una alianza pro-belicista.
El político debe saber a la perfección cuál es su verdadera función en el espacio de poder local, y su función en el mundo. Y no puede entrometerse en cuestiones de metafísica o de teología, que constituyen las competencias de las autoridades religiosas. Todos podemos entender el mensaje del Papa, y no puede ser de otro modo, cuando manifiesta el «no a todas las guerras» (injustas), porque en el ámbito del catecismo católico se diferencien nítidamente entre las guerras justas (ius ad bellum) y las guerras injustas. El político actual parece adoptar el papel del sumo pontífice pavonándose, por el contrario, de ser ateo. No se trata de una confusión de funciones sino de la estricta usurpación de las competencias del universo espiritual por parte del discurso del orden político. ¿Estamos ante el vacío del discurso político que obliga a parasitar otros discursos?
¿Cómo es posible que el «No a la guerra» del político pueda suscitar la atracción furiosa de parte de sus súbditos (los votantes) pero, en cambio, el «no a la guerra» propuesto y divulgado por la Iglesia Católica, al considerar una guerra injusta, sea rechazado y zaherido con rencor? Seguramente sea porque la Iglesia carece de votantes pero sí dispone de un sentido trascendental de fe y de espiritualidad y esas diferencias, sustanciales, determinan los resultados.
¿Por qué no se plantea la PESOE la política internacional, que fue la española durante las dos grandes guerras europea del siglo pasado, de la NEUTRALIDAD? Pertenecer al bloque militar de la «OTAN» desafía toda perspectiva pacifista y confisca toda la seriedad de las apuestas reduciéndola a una pose frente a un electorado cretinizado e ignorante.
Lo que destaca en todo este ambiente de la PESOE, entre bucólico y adánico, es pavonearse de estar tomado por una ideología delirante, el mito de la paz eterna, aquella en virtud de la cual la paz es la condición natural del Hombre y que, siempre y en todo caso, debe ser la inspiración intransigente del proyecto Hombre en la tierra. Así habla un pacifista.
Abandonemos estos delirios infantiles de nuestra clase política. Acudamos a los entresijos del actual conflicto entre Irán, por una parte, y Estados Unidos e Israel por la otra. En qué proyecto internacional se participa y en qué ejecución de estrategias asistimos con la guerra de Irán, en nuestro caso, en la escena mundial.
-¿De qué depende la «Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU.» que se publicó en noviembre de 2025? EE.UU. sostiene que su seguridad depende de negar a otros países su soberanía. Sin embargo hay que preguntarse: ¿esos otros países, en realidad, quieren gestionar su propia soberanía? Y de ahí surge el problema. La oposición contra el menoscabo de la soberanía de las naciones que no son occidentales es la primera premisa para la existencia de la guerra.
Pero ¿qué hay detrás de estos conflictos de los últimos años que, en apenas un año, ha engullido a Venezuela (productor de petróleo) y a Irán (productor de petróleo) en tensiones conflictivas a las que arrastra EE.UU.?
¿De qué se trata en esta lucha, entre, una parte, la «OTAN» estadounidense, Europa Occidental y sus aliados, y la mayoría global? Se trata de un conflicto genético sobre qué tipo de sistema económico vamos a tener y la clase de dominio internacional entre las naciones.
Pero el tema es más complejo porque esto último no es más que el problema de una opción entre potencias analógicas. El futuro se enmaraña con la proliferación de un universo digital donde lo menos importante, diría que insustancial, sería la Inteligencia Artificial. Esta no elimina el trabajo de modo radical como activo necesario para la producción en serie. No. Es la tecnología de la automatización (no la Inteligencia Artificial) la que está provocando el advenimiento de esa transmutación: la expulsión del factor trabajo de la ecuación de costes del producto y del cálculo de costes de la operativa de la producción y de la comercialización.
Eliminado el factor trabajo en la producción o en la prestación de servicios, ¿estamos ante una nueva dimensión del capitalismo, como generalmente se insiste, o, por el contrario, estamos ante otra perspectiva, un punto final o un punto aparte en el que termina para siempre un universo que nos sostenía material y espiritualmente? Así lo pensamos algunos. Pero es turbador y precisamente por eso todas las defensas saltan automáticamente para proteger el antiguo sistema analógico que, pese a todo, es el mayoritario que nos dota de las referencias esenciales desde nuestro nacimiento.
Podemos insistir en la inversión privada industrial, pensar en términos de coste y beneficio y del problema de la fuerza de trabajo, etcétera. Pero eso solo puede hacerse, aquí en Occidente, como un remedo nostálgico, un amargo recuerdo de lo que fue y que ya ha desaparecido. Solo queda el eco extinto de su presencia. Ahora se trata de la deuda universal, como modelo de toda esta fase de transición universal: crecer, hinchar, desmesurar, incrementar, desorbitarse… hasta la excrecencia, siguiendo el curso ascendente de la deuda pública, como patrón y guía de los comportamientos políticos y personales, hasta un punto donde ya es irreversible la devolución, el pago, donde todos los factores que operan mutan en otra cosa diferente por imposibilidad de cumplir sus fines.
-Entonces, ¿qué estrategia internacional es la buscada por Estados Unidos? La nación con mayor deuda del mundo, se proyecta al mundo como la nación con la única capacidad de intentar monopolizar el comercio exterior (con el dominio del dólar) y para intentar, no solo monopolizar el petróleo (las fuentes de energía), sino también la tecnología de la información y, claro, impedir que el resto del mundo produzcan estos mismos productos (su moneda, su fuente de energía y su tecnología) en el extranjero a su manera, lo que los haría independientes de Estados Unidos.
Donald Trump, no busca la guerra por la guerra. Dice que va a terminar pronto, unas semanas. Ahora ofrece a los iraníes un acuerdo de paz con 15 puntos, que serán rechazados. Pero, en realidad, esta guerra con Irán no va a terminar en cuatro semanas. Va a continuar hasta el punto de crear una depresión económica en Europa Occidental y en otros países que consumen petróleo.
Ahora bien, es cierto que todos tienen reservas estratégicas de petróleo. Estados Unidos tiene enormes reservas de petróleo. Europa también. Va a haber una transición pausada para evitar una depresión rápida porque Europa va a agotar sus reservas de petróleo para evitar un colapso económico, lo que significaría el colapso político en las urnas de las principales políticas rusófobas. El dilema de Europa inmediato será comprar gas y petróleo a Rusia o sumirse en una depresión económica incalculable.
Así que veremos a China y otros países intentando avanzar cada vez más utilizando al gobierno como coordinador y motor del crecimiento, mientras que los países occidentales se opondrán al gobierno, desplazando la planificación económica del sector público al sector financiero. Así que tendremos un Occidente financiarizado, cada vez más polarizado y empobrecido en comparación con un sistema público-privado más equilibrado, en todos los países asiáticos (China) y Rusia, que se están uniendo cada vez más. Y, en realidad, la atención se centrará en China, Rusia e Irán.
-¿Cuál es el propósito del gobierno de EE.UU. y, de hecho, cuál es el propósito de esta guerra que se ha desatado? ¿Qué pretende Estados Unidos al ganar la guerra contra Irán, salvo dividirlo y convertirlo en un país destruido? ¿Cuál es el propósito del gobierno estadounidense y, de hecho, cuál es el propósito de esta guerra?
El 80 % de las exportaciones de petróleo de Irán van a China. Ahora bien, es cierto que solo el 5 % de estas exportaciones son importaciones de petróleo iraní. Pero China depende del petróleo del Cercano Oriente, al igual que otros países. Y se da cuenta de que esta lucha en el Cercano Oriente es por el control estadounidense del petróleo con la intención de privar a China del petróleo de Irán o de los países de la OPEP en general. El anticipo fue Venezuela.
China se verá perjudicada por la incapacidad de obtener acceso al petróleo, que impulsa su industria a pesar de todo su liderazgo en la creación de alternativas a los combustibles fósiles, porque todavía lo necesita.
Este es un núcleo puramente destructivo de la política estadounidense y la política europea y occidental que está obligando a China a convertir esto en un conflicto mundial. Entonces, para responder a todas las cuestiones: se trata de petróleo, se trata de lo militar, se trata de una cuestión más amplia, de si realmente existirá una libertad económica para que los países actúen en función de su propio interés soberano o si Estados Unidos logrará utilizar el terrorismo y la guerra por el control del petróleo para impedir que los países lo hagan.
Eso es lo que decía la «Estrategia de Seguridad Nacional» el pasado noviembre. Ya no nos basamos en el derecho internacional de la soberanía de las naciones. Se pretende afirmar el dominio absoluto estadounidense. Por lo tanto, esta transformación es una señal de que la base positiva que permitió a Estados Unidos crear un imperio gracias a su fortaleza industrial y financiera (el control del dólar en el comercio internacional) ya no existe. Así pues, se podría decir que el giro hacia la idea de que lo único que nos queda es la capacidad de Estados Unidos para generar caos en otros países no es una solución a largo plazo.
-En tanto que Estados Unidos logre aislar a Rusia, China e Irán, terminará aislándose de la mayoría mundial. Y eso es esencialmente como si, una vez aislado de la mayoría del mundo, lo único que le queda es Europa Occidental, a la que ha empobrecido, arrastrándola a esta guerra difusa, con sanciones contra Rusia y su involucración en la guerra de Ucrania, entonces su economía se contraerá. Y si su economía se contrae, entonces su capacidad para financiar su presencia militar mundial con la ayuda de otros países, transfiriéndoles su riqueza, desaparece por completo.
Y de eso tratan los imperios. Los imperios imponen tributos. Estados Unidos ha perdido su capacidad de obtener tributos, excepto amenazando con causar caos en otros países. Y otros países ahora están tratando de desvincularse de la manera más radical y rápida posible. Por eso Merz fue a China. Starmer fue a China. Y por eso los europeos dicen: tal vez nos equivocamos, apostamos por el caballo equivocado.
-Israel ha arrastrado a EE.UU. a esta guerra: refutación de un planteamiento falso. Sostener como hace Gabriel Tortela (Sí a la guerra publicado, en «The Objective», del 23/03/2026) la tesis de que Donald Trump…» el hombre más poderoso del mundo, se ha metido él casi solito, pero inducido por las malas compañías (léase: Benjamín Netanyahu), en un callejón sin salida de esos en que, para repetir una frase manida, se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale (o cuándo). Es una gran ocasión para Europa.» Carece de fundamento esa tesis, teniendo en cuenta lo expuesto ut supra.
Josep Kent, soldado en 11 misiones militares norteamericanas internacionales, según denuncia en su misiva de renuncia a su puesto de responsable de antiterrorismo, también asegura que la presente guerra contra Irán obedece a las presiones ejercidas sobre Donald Trump por el poderoso lobby proisraelí que opera en Washington.
No compartimos esa tesis. ¿Por qué? Porque la alianza de EE.UU. con Israel se basa en gran medida en la necesidad de que Estados Unidos tenga una posición estratégica en Oriente Medio.
Israel quiere conquistar el control de las zonas productoras de petróleo para sí mismo. Sin embargo, Estados Unidos está muy contento de dejar que Israel tome el control de este petróleo siempre y cuando lo administre en nombre de Estados Unidos, en las mismas líneas o similares a las aplicadas con Arabia Saudita.
Europa debe reflexionar sobre Rusia y reanudar el suministro importador de petróleo y gas, eliminar sanciones a Rusia y apostar por terminar con el belicismo en Ucrania y alcanzar la paz. Ahora que Irán ha destruido prácticamente gran parte de la capacidad de exportación de gas de Oriente Medio, Europa está en la tesitura de quedar sin suministros (en cantidad y a precio razonable). Así que esta sería la geopolítica básica: hay una rusofobia en Europa, en la prensa estadounidense.
Repetimos: en esta guerra se trata del petróleo y del gas. Ante todo, ¿es correcto? Sí, porque el petróleo es clave para la balanza de pagos estadounidense.
Además del intento de dañar a Rusia y a China, la única manera, la única herramienta que le queda a Estados Unidos, es la capacidad de dañar a otros países para crear caos. Y entonces los estadounidenses alardean de que tienen algo que ofrecerles a las naciones occidentales y a los demás países que ningún otro país tiene para ofrecer. ¿Y realmente van a querer aceptar su oferta? Lo que puede ofrecer EE.UU. es abstenerse de perturbar su economía y causar caos cerrándoles repentinamente el mercado estadounidense (el comercio, el dólar, el petróleo, las tecnologías, etcétera) del que han llegado a depender, imponiéndoles sanciones o derrocándolos con un cambio de régimen.
Hasta aquí podemos llegar. Ya vemos que el «No a la guerra» resulta una patochada sublime y una estupidez propia de políticos infantiles. Miseria de políticos… y de sus votantes.
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Ante el ascenso de Rusia y China, la estrategia exterior de Estados Unidos parece haberse desplazado hacia la desestabilización regional como mecanismo para preservar su hegemonía.
Pero no es la «única» herramienta. Hay otros pilares de poder estadounidense como la influencia cultural, tecnológica, financiera y las alianzas diplomáticas.
Aquí se presenta el «caos» como la única herramienta restante. Esto ignora la complejidad de las relaciones internacionales actuales, donde incluso en climas de alta tensión —como la actual administración de Donald Trump y su política de aranceles de 2025— se siguen utilizando herramientas financieras, tecnológicas y de alianzas (como con Japón y Corea del Sur) que no buscan necesariamente el caos, sino la protección de mercados propios.
Seguramente tiene razón el autor aunque también hay una variable que ha influido, dos meses antes de los bombardeos a Teherán se hablaba de democratización del país y acuerdo nuclear, curioso que tras ello se desbloquearan parte de los documentos del caso Epstein, eso si, con tachones pero vislumbrando la podredumbre de las élites políticas mundiales, y repentinamente un cambio repentino, se abre un frente bélico fuera de las fronteras americanas, cortina para redirigir algo con mayor potencia mediática? Qué es más alarmante que una guerra ?