Cuando se cumple un mes de la guerra de agresión de EEUU e Israel contra Irán, la cosa no pinta bien para ninguno de los dos países ni para sus respectivos mandatarios; mucho peor para Trump por razones obvias.
Trump fue a esta guerra inducido, presionado y engañado por el Presidente Netanyahu, quien buscaba sus propios intereses, convencido de la invencibilidad israelí, ensoberbecido por su «triunfo» venezolano y temeroso de no contar con el respaldo de los poderosos lobbies sionistas en las elecciones «intermedias» del próximo Noviembre. Pero: Irán no era Venezuela ni por asomo, la invencibilidad israelí viene quedando en entredicho desde hace tiempo menos cuando su enemigo son civiles indefensos y los lobbies sionistas trabajan para su causa según consideren lo que les hace volubles.
Decía el mariscal Rommel que hasta el mejor de los planes de batalla tropieza a los cinco minutos con el enemigo e Irán le ha dado otra vez la razón; sobre todo cuando el plan israelí-estadounidense ha adolecido desde el primer instante de gravísimos errores de cálculo:
- No se consultó, ni se les dio la menor pista a los «aliados» de la zona (Arabia Saudí, Bahrein, Catar, etc.) —tampoco de la «OTAN» empantanados en Ucrania—, máxime cuando algunos de ellos habían expresado, incluso públicamente, su temor y oposición.
- Se creyó que exclusivamente mediante medios aéreos y de manera rápida el régimen iraní caería porque el pueblo se levantaría contra su «tiranía»; nada peor que minusvalorar al contrario, pues no hay nunca enemigo ni pequeño ni fácil aunque lo parezca
- Un exceso de confianza, autocomplacencia y soberbia de parte sobre todo de Trump, víctima del «síndrome venezolano», así como también, conociendo cómo son Netanyahu y los suyos, por haberse dejado intoxicar de parte de los servicios israelíes que no ignoraban quién y cómo es Irán.
- Apostar sólo por una guerra corta sin tener en cuenta que toda guerra está sujeta siempre a niveles elevadísimos de incertidumbre, despreciando considerar que pudiera alargarse, para la que ni Trump ni Netanyahu se prepararon ni en el aspecto logístico, ni menos aún en asegurarse el respaldo de sus respectivas retaguardias de las cuales sobre todo la norteamericana es la más volátil.
- Ignorar en todo su posible alcance las repercusiones sobre la economía mundial de un conflicto en Oriente Medio, previsibles fácilmente porque no es la primera vez que se producen.
En resumen, desde el punto de vista estratégico, la guerra de Israel y EEUU contra Irán es un ejemplo paradigmático de absoluta falta de sentido común y prueba de tremenda mediocridad por parte de los mandatarios y asesores norteamericanos e israelíes, así como de las respectivas cúpulas militares, por lo siguiente: a) los excesivos y difusos objetivos a conseguir inalcanzables con los medios empleados; b) no haber previsto la reacción iraní ni contra ellos mismos ni contra los países aliados de la región; c) no considerar en lo más mínimo la posibilidad de que la guerra se alargara con las repercusiones que estamos viendo, incluido el propio desgaste armamentístico estadounidense, y d) confiar y creerse su propia propaganda según la cual la población iraní odia al régimen de los ayatollah hasta el punto de que estaría dispuesta a levantarse en masa contra él a la primera salva de misiles, demostrando un nulo conocimiento de la realidad del pueblo iraní cuyo orgullo le ha llevado ya en varias ocasiones, como en la guerra contra Irak, a poner por encima de los sentimientos ideológicos o políticos su patriotismo y conciencia nacional.
Ahora, Trump tiene cuatro posibilidades para salir del atolladero y evitar un descalabro que puede herirle gravemente en todos los aspectos: a) simular una victoria aunque en realidad sea derrota, b) mantener el pulso a la espera de que Irán se desgaste y no pueda más, c) abrir unas negociaciones de verdad, sinceras, buscando al menos unas tablas lo más dignas posibles y d) escalar el conflicto con acciones terrestres anfibias puntuales sobre objetivos de gran valor geoestratégico y económico-energético; nunca una invasión de Irán a gran escala para lo que no tiene potencial. El problema de Trump es que ninguna de las opciones citadas es buena, ninguna le garantiza nada, todas tiene elevadísimos riesgos y cualquiera de ellas o una mezcla de varias ni son fáciles de llevar a cabo ni mucho menos le aseguran solucionar sus problemas mientras Irán se mantenga como hasta ahora, demostrando una inteligencia y capacidad inesperada, para lo que tiene más que suficiente en todos los aspectos, sabiendo además que el tiempo corre en su favor y manifiestamente en contra de sus enemigos.
El tiempo dirá, pero de momento Trump ha tropezado con la horma de su zapato, está quedando en evidencia, sus fieles comienzan a impacientarse, pierde apoyos constantemente y… mala cosa, mala cosa. Por cierto, bien merecido se lo tiene no sólo por haber roto todas sus promesas dentro y fuera de los EEUU, sino por haberse convertido en un imperialista yanqui desorejado y vulgar de los muchos que el mundo ha sufrido desde hace dos siglos.
PD.- Del señor Netanyahu y los suyos no otra cosa se podía y podrá esperar, incluida, como vemos, la anexión por la fuerza de las armas de la mitad del Líbano, país soberano, en contra de toda norma legal, moral, ética y civilizada ante la hipócrita y cómplice inhibición y silencio de los que alardean de… lo que no son.
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