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allá de la sospecha aritmética y del murmullo persistente sobre el pucherazo, existe una realidad subyacente mucho más aterradora: la institucionalización de la trampa como forma de Estado. Lo sucedido en Castilla y León no debe leerse como un incidente electoral aislado, sino como un ensayo clínico de ingeniería social ejecutado por un desgobierno en fase de pura putrefacción. Como pintor artístico, sé que una obra falsa se reconoce no por lo que muestra, sino por la incoherencia de sus trazos. En Castilla y León, los trazos de la estadística han dejado de responder a la lógica de la voluntad popular para obedecer a la voluntad ciega del poder.
Convocar elecciones bajo el sopor del estío, aquel 23 de julio de 2023, tras un naufragio estrepitoso en las municipales, no fue un ejercicio de audacia democrática; fue el despliegue de una arquitectura de la confusión diseñada para pergeñar lo que la voluntad soberana ya había rechazado. Asistimos a una estética de la supervivencia donde el socialismo, consciente de su propia descomposición, ha pergeñado un sistema de validación de la mentira. No es solo que los votos no cuadren bajo el rigor de la lógica, es que la solidez de la corrupción ha creado un campo gravitatorio que dobla las leyes de la probabilidad hasta hacerlas irreconocibles frente al abismo de los datos.
¿Cómo explicar que un proyecto político en caída libre, lastrado por la criminalidad de su gestión y la pérdida de su base social, experimente crecimientos milagrosos en el momento más crítico? La respuesta no reside en las urnas, sino en las maniobras oscuras que ahora, poco a poco, comienzan a emerger de las sombras tras las recientes elecciones. Estamos ante un desgobierno que ha decidido que, si la realidad no le sirve, fabricará una nueva mediante el control absoluto de los procesos. Castilla y León ha sido el banco de pruebas, el laboratorio del abismo, donde se ha testado la capacidad de resistencia de un pueblo ante el fraude legitimado.
Un sistema que necesita de la trampa para perpetuarse es un organismo muerto que se niega a abandonar el escenario, contaminando todo a su paso. La criminalidad de este desgobierno no reside solo en su gestión económica o social, sino en el atentado estético y ético que supone violentar la soberanía popular bajo el barniz de la legalidad técnica. La sombra de la sospecha ya no es una sombra: es una mancha de aceite que lo inunda todo. Si aceptamos que el ensayo de Castilla y León se convierta en la norma del futuro, habremos firmado la capitulación definitiva del pensamiento libre frente a la ingeniería de la impostura.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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Para algo Soros nos impuso al Rey del Pucherazo
De todas maneras eñ psoe no quedo mal parado y tiene un balon de oxigeno para seguir gobernando La ultraderecha toco techo y empezara a caer y eso beneficiara a la izwuierda sobre todo al psoe