15/08/2026 06:14
Getting your Trinity Audio player ready...

No les basta con colonizar las instituciones, con mercadear con la soberanía o con pisotear la Memoria verdadera de quienes levantaron esta nación; ahora, el sátrapa de la Moncloa pretende patrullar el último refugio del hombre libre: su pensamiento y su palabra. Bajo el eufemismo de una «herramienta contra el odio», este gobierno de fango y sombra ha desplegado una red de pesca inquisitorial para capturar la disidencia, etiquetando como «huella del odio» cualquier rastro de verdad que resulte incómoda para su banquete de impunidad. Es la culminación de un proceso de deshumanización donde el corrupto se viste de juez y el criminal de pedagogo, dictando desde su atril de cristal qué sentimientos son legales y qué denuncias deben ser perseguidas en las calles y asfixiadas en las redes.

Lo que Pedro Sánchez llama «odio» es, en realidad, el espejo que le devuelve la imagen de su propia bajeza. Para este arquitecto del engaño, el dolor de un hijo que no pudo despedir a su padre es «odio»; el clamor de un pueblo que exige limpieza es «odio»; la resistencia del que se niega a ser un súbdito de parásitos es «odio». Pretende perpetuarse en el poder creando una España de mudos y aplaudidores, una sociedad donde la libertad de expresión muera bajo el peso de un algoritmo programado en los sótanos de la censura. Pero ignora el Epulón que la libertad no es una concesión del BOE, sino una condición del alma, y que por cada cuenta que cierren y por cada voz que intenten perseguir, brotarán mil gargantas que ya no temen al castigo porque ya lo han perdido todo, hasta el respeto por quien ha hecho de la traición su único programa de gobierno.

Esta basura infecta de control social es el último refugio de quien sabe que su tiempo se agota y que el juicio de la historia le espera a la vuelta de la esquina. Justifican su tiranía digital con excusas de cartón piedra, mientras el país real, el que madruga y sufre, solo desea ver cómo esta pesadilla se disuelve y cómo sus responsables regresan al infierno de la irrelevancia y el oprobio al que pertenecen por derecho propio. No hay «herramienta» capaz de borrar la huella de la dignidad humana ni tecnología que pueda silenciar el rugido de una nación que ya ha dictado su veredicto. Que sigan rastreando sus «huellas», porque la única huella que quedará en la historia será la del desprecio absoluto hacia quien pretendió robarle a España hasta el derecho a gritar su propio dolor.

Ese algoritmo, nacido del pánico de quien se sabe descubierto, es el último grillete de un régimen que ya solo puede sostenerse mediante la intimidación del pensamiento. Pero la historia, ese tribunal que no acepta sobornos ni se deja engañar por pantallas de humo, ya tiene preparada la celda de la ignominia para quienes pretendieron convertir la libertad en un delito rastreable. El tirano que hoy juega a ser Dios desde su púlpito de algoritmos terminará siendo solo una nota a pie de página sobre la infamia, un ejemplo de cómo la soberbia precede a la caída más estrepitosa. Porque al final, cuando la red se apague y el fango se seque, lo único que quedará será el eco de las voces que no se dejaron marcar, las de aquellos que, como tú, prefirieron la intemperie de la verdad antes que el refugio de una mentira subvencionada. Y seguiremos publicando en X cuando el criminal esté en la cárcel.

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
Suscríbete
Avisáme de
guest
2 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
Daniel A. Jaimen

Otra subnormalidad sociata, globalista y de la ingeniería social más estatista y pérfida. También de la deshumanización de la sociedad, puesto que el odio es, en principio al menos, una emoción natural y funcional, además de ser psicológicay moralmente neutra.
Hay que saber odiar, por supuesto. Yo odio el mal, odio el robo del erario público, odio la injusticia y odio la infamia. También odio a todos aquellos que, enquistados en sus posiciones y recovecos del poder, son una carga innecesaria para la sociedad y viven del parasitismo organizado en política. ¿Por qué no voy a poder odiar ideologías satánicas y satanizantes como la ideología de género? También odio los discursos que pervierten y que no se someten a un examen cruzado y racional en sociedad hoy, como sí se hacía en el Occidente culto antaño. Odio la propaganda judía unilateral y machacona en los medios. Por supuesto, odio la mentira y los embustes del poder. Odio mucho.
Nuestros enemigos y los enemigos de la sociedad quieren eso, que no odiemos nada. Quieren gente que ni sienta ni padezca, que no rechace nada y, por supuesto, que no comunique con otros su razonado rechazo por las barrabasadas que nos quieren imponer.
Luego, eso sí, los mismos que dicen combatir el odio son los que salen con cosas tales «nazi que veo, nazi que pateo» para justificar su violencia tachando de «nazi» o de » fascista» a los que odian por otros motivos inconfesables y sin relación con esas etiquetas.

Surreal

¿Sánchez actúa al dictado de la sinagoga globalista que nos lo impone con pucherazos?

2
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.