Es la persona que cree luchar por una causa, sin comprender las consecuencias de sus actos y que es interesada y perversamente manipulada por los beneficiarios o líderes de un proyecto o ideología.
El “tonto útil” desconoce o ignora los objetivos reales de los promotores de la causa, incluso, es incapaz de intuir las motivaciones ocultas de quienes cínicamente se aprovechan de él.
El momento que convierte al tonto a secas, al tonto inútil o al “tontolaba” de nacimiento, en un “tonto útil”, tiene su origen cuando el hombre canjea su individualismo para transformarse en un ser socialmente gregario.
Establecida la sociedad, comienza a configurarse el Poder y un orden establecido que hay que defender a toda costa y, esta es la coyuntura ideal, para vislumbrar el potencial de servicio de los tontos inútiles, previa mutación a “tontos útiles”.
En una sociedad, la proliferación de los “tontos útiles” es manifiesta y patente; existen en las empresas, en las relaciones personales y comerciales, en las ONGs, en los matrimonios, y qué decir, si nos referimos a las organizaciones políticas.
Al “execrable” Zapatero se le ha denominado con frecuencia como “tonto útil” al servicio del chavismo venezolano, de la dictadura narco-criminal del “mono aullador” de Maduro; entiendo que están en un error quienes lo definen de tal modo.
Zapatero, conoce lo que el chavismo está haciendo en Venezuela; sabe la persecución a que se somete a la oposición; está enterado de las torturas y asesinatos contra los disidentes; está apercibido del bochornoso éxodo de 8 millones de ciudadanos y de la destrucción económica y social de la nación.
Por tanto, no se le puede tachar de “tonto útil”, en el mejor de los casos, de ser un miserable y despreciable sujeto.
Si nos centramos en la actualidad, creo que es una buena noticia la sentencia condenatoria del Tribunal Supremo a García Ortiz; se ha abierto una brecha importante en la muralla construida por el gran traidor, muro de división y enfrentamiento, fortaleza levantada con materiales de odio, desafío y revancha, unidos entre si con el cemento de la burla y la argamasa de la mentira.
Hay que insistir en el asedio, debemos ampliar y aumentar las brechas hasta que nuestro ejército traspase la muralla y ponga a buen recaudo a los traidores socio-comunistas y a sus aliados.
Es nuestra obligación dotarnos de los ingenios de asalto a la muralla como las catapultas, almajaneques, y cualesquiera otros, que sirvan para arrasarla.
No tengo información y criterio convincente para discernir, no puedo asegurar si el fiscal general sentenciado es un “tonto útil” o no.
Si me piden opinión, me inclino a decir que sí, es un tonto útil, o cuando menos, lo parece.
La placa conmemorativa que supuestamente iban a colocar en la fachada de su casa natal con la frase: “la verdad no se filtra, la verdad se defiende”, se va sustituir por otra que diga: “Antes la verdad que la paz”, frase plasmada en la fachada de la Casa Museo de Unamuno en Salamanca.
La verdad nunca vive en la Moncloa.
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