Se cumplen cincuenta años de la instauración, que no restauración, de la monarquía en España por Francisco Franco con los nefastos resultados que son evidentes, y a las pruebas de toda clase me remito; en descargo de Franco hay que recordar que no la pensó así, sino muy distinta, debiéndose el desastre actual a la gestión en todos los órdenes de Juan Carlos I. A la vista de los resultados, de que su hijo lleva una década empeñándose en más de lo mismo y la “niña” está siendo educada para seguir la senda, lo que será peor, empecinarse contumazmente en esta monarquía es tan estúpido y dañino como antipatriótico. Por ello, llega el momento de buscar remedio a tan grave enfermedad que amenaza, esta vez más aún, con destruir por completo España.
Llega de nuevo el momento histórico de pasar de la monarquía a la república; debió hacerse en 1812 al finalizar la guerra de la independencia, no dejando volver a un Fernando VII felón y en 1931 si la II República no hubiera sido utilizada, por unos, como vía a la revolución y, por otros, para el retorno de la monarquía, con las consecuencias que todos sabemos; aunque como no hay bien que por mal no venga, gracias a Dios nos trajo 39 años de “república autoritaria” en manos de un Francisco Franco providencial.
La nueva república ha de ser nacional, con el himno actual y la bandera rojo y gualda -que no son símbolos monárquicos, sino que pertenecen ya sólo a España-, sin escudo para evitar disputas innecesarias y presidencialista -como la de Francia o EEUU-, lo que nos ahorrará un cargo e institución “florero” -y sus cuantiosos gastos- como el del rey actual y su familia o los de Alcalá Zamora y Azaña durante la II República. Y una nueva Constitución, algo obligado, que enmiende la práctica totalidad de la nefasta actual.
Se quiera o no, con la actual monarquía vamos, de la mano a una república, sea encubierta, en la que ya estamos porque el “rey nada puede” (¿?), o real cuando les venga en gana; la oposición, cómplice necesario, sigue proclamando a un Dios en el que no cree y a una Patria a la que no ama y sólo aspira a seguir la senda que aquella le marca. Por eso debemos ser los españoles los que traigamos la república nacional adelantándonos a esa antiEspaña cuya república será tiránica y demencial, conforme a lo que ellos son tal y como de nuevo estamos comprobando que siguen siendo sin remedio porque es su seña de identidad.
Que la cosa tiene sus peligros, por supuesto. Que no es fácil, también. Pero lo peor, cuando se está enfermo, y además grave, es negarlo y no ponerle remedio, aunque sea mediante una operación de alto riesgo. La realidad, en la vida, tanto en lo individual como en lo colectivo, siempre se impone, cuanto más se tarda en asumirla peor es; nuestra tan turbulenta historia es un ejemplo.
Por supuesto que los regímenes políticos (monarquía, república, democracia o dictadura) no son por ellos mismos ni buenos ni malos, ni solución ni problema. Su bondad o maldad depende de quién y cómo los ejerza. Pero cuando alguno no funciona, lo peor de todo es insistir en él. Lo peor de esta monarquía es que ha sido el motor de la perdida de la gran oportunidad histórica que nos legaron Francisco Franco y su generación para de una vez por todas no repetir lo peor de nuestra historia, como hoy comprobamos que estamos volviendo a hacer.
Ahora o nunca o, mejor dicho, o ahora o la república la traerá, más pronto que tarde, la antiEspaña con las consecuencias que a la vista están.
La pregunta es: ¿hay españoles de verdad para adelantárseles y sentar de una vez por todas las bases de una España que no vuelva a repetir lo peor de su historia por que seguimos sin saber aprender de ella?
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Hay mucha gente, fatalista, que piensa y dice: «hay que dejar a los Borbones hacer lo que sea, y mirar para otro lado, que como se vayan, las instituciones se desplomarán en muy poco tiempo, con riesgo alto de guerra civil en pocos años». Así no podemos seguir.
De todos modos, el franquismo tuvo forma monárquica. ¿No podía intuir Franco por dónde iba a salir el reinado de Don Juanito con sus aventuras?
La CNT solía decir que el borbonato es una carnavalada con policía.