Recientemente restaurado y abierto parcialmente a las visitas, el Convento de San Plácido[1], antiguo Monasterio de la Encarnación[2], se halla en el centro histórico de Madrid, entre las calles del Pez, San Roque y de la Madera. Levantado por el reputado arquitecto y tratadista Lorenzo de San Nicolás (1593-1679) entre 1621 y 1623, su discreta fachada y muros de ladrillo con escasísimos vanos enrejados hacen difícil imaginar las maravillas que su interior alberga. Y, sin embargo, lo cierto es que contiene un notabilísimo patrimonio artístico, muestrario del mejor barroco español.
Nada más franquear la entrada sita en la calle San Roque, número 9, se accede a la gran nave de la iglesia, profusamente adornada con pinturas y esculturas y coronada por una amplia cúpula encamonada[3] en la que pueden apreciarse las cruces distintivas de las órdenes militares adscritas a la Orden de San Benito: Avís, Calatrava, Santiago, Alcántara, Montesa, San Jorge de Alfama, San Esteban y San Juan de Jerusalén[4]. Las pechinas, pintadas por Francisco Rizi[5] (161-1685), nos muestran las imágenes de cuatro mujeres ejemplares: Santa Juliana de Nicomedia[6], Santa Francisca Romana[7], Santa Isabel de Hungría[8] y Santa Hildegarda de Bingen[9]. Sin duda, grandes referentes de la Fe e inmejorables fuentes de inspiración para las monjas y novicias enclaustradas.
En los laterales que preceden al altar mayor pueden observarse dos pequeños retablos decorados con pinturas de Claudio Coello[10] (1642-1693) cuyos motivos centrales son “San Benito y Santa Escolática”[11] y las “Bodas místicas de Santa Gertrudis de Helfta”[12]. Sobre ellos, en los áticos respectivos, la “Renuncia del Papa Celestino V”[13] y la “Misa de San Benito por su hermana”, y, en las predelas, algunas escenas de la Pasión de Cristo.
Dicho esto, sin duda, la gran obra de Coello en el Convento de San Plácido es la impresionante Anunciación de la Virgen (1668) que preside el retablo mayor, tras el altar. Una pintura espectacular no sólo por sus dimensiones (casi siete metros de altura y más de tres metros de ancho), sino por su estudiada composición[14], movimiento y colorido. En la parte superior del lienzo, Dios Padre rodeado de ángeles; bajo Él, el Espíritu Santo; en la zona central, a la izquierda, la Virgen vestida de rojo, azul y blanco, coronada de estrellas; a la derecha, delante de María, el arcángel Gabriel sostiene un ramo de azucenas, símbolo de pureza. En la parte inferior, los profetas Isaías y Jeremías y las sibilas Eritrea, Libia y Pérsica prediciendo la llegada del Mesías. Isaías sostiene un tabla que reza: “Ecce Virgo, concipiet et pariet filium vocabitur nomen eius Emmanuel” (Isaías 7:14, He aquí una Virgen que concebirá y dará a luz un hijo y recibirá el nombre de Emmanuel[15]), mientras las sibilas señalan un lienzo con la imagen de María.
En las calles laterales del retablo, flanqueando La Anunciación, pueden apreciarse dos esculturas del ilustre Manuel Pereira (1588-1683): San Benito y San Plácido; a las que cabe añadir otras cuatro piezas del mismo autor en sus respectivas hornacinas en los machones bajo las pechinas: San Ildefonso[16], San Ruperto[17], San Anselmo[18] y San Bernardo[19].
Sin embargo, esto no es todo, pues, en el otro extremo, a los pies de la nave, podemos observar un extraordinario Cristo yacente[20] del eximio Gregorio Fernández (1576-1636), obra de madurez realizada hacia 1625, y un pequeño retablo presidido por una bella Inmaculada de los hermanos Pedro y José de la Torre, responsables, asimismo, de los otros tres retablos de la iglesia ya mencionados.
Y si lo anterior no fuera bastante para hacernos una idea de la verdadera importancia de este monasterio, quepa añadir que todas las obras citadas convivieron durante largo tiempo con el majestuoso Cristo crucificado (h.1632) del maestro Diego Velázquez, hoy conservado en el Museo del Prado.
En definitiva, un espacio impregnado de espiritualidad, cargado de Historia y belleza, que merece la pena conocer.
NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO
[1] Discípulo de San Benito de Nursia. Martirizado en Mesina en el año 541, debido a una confusión con otro religioso de igual nombre asimismo asesinado por su Fe, suele atribuirse la muerte de San Plácido a la Gran Persecución de los cristianos por Diocleciano y Maximiano entre los años 302 y 313. Algo que, obviamente, es un error.
[2] No se debe confundir con el Real Monasterio de la Encarnación sito en la Plaza de Oriente, guardado por monjas descalzas (agustinas). El Monasterio de San Plácido está gobernado por benedictinas.
[3] Cúpula sostenida en su extradós por una estructura de madera que queda oculta a la vista. El intradós – superficie visible de la cúpula para el observador dentro del templo– es una semiesfera enyesada o enrasada sobre ladrillo, de poco grosor. La gran ventaja de este tipo de cúpulas es su bajo coste, ligereza y facilidad de construcción. Su mayor desventaja es el propio material estructural, inflamable en caso de incendio. Lorenzo de San Nicolás fue un experto en la construcción de cúpulas encamonadas, como puede verse en su excelente tratado Arte y uso de la Arquitectura (1667).
[4] Curiosamente, no figura la Orden de Santa María de España (o de la Estrella), integrada en la benedictina reformada Orden del Císter.
[5] Hijo del italiano Antonio Ricci (c.1565-1635) y hermano de Juan Andrés Rizi (1600-1681). Francisco fue maestro de Claudio Coello. Ninguno de ellos tiene relación alguna con el también pintor Sebastiano Ricci (1659-1734).
[6] Decapitada en el año 304 durante la persecución de Maximiano y Diocleciano.
[7] Religiosa benedictina del siglo XV (1384-1440). Su hábito es negro con velo blanco.
[8] Vivió entre 1207 y 1231. Religiosa franciscana famosa por su dedicación a los pobres y enfermos.
[9] Religiosa benedictina de gran talla intelectual, destacó como escritora, compositora y naturalista.
[10] Uno de los últimos grandes pintores del barroco español, en la estela de Ribera (1591-1652), Zurbarán (1598-1664), Velázquez (1599-1660), Alonso Cano (1601-1667), Martínez del Mazo (1611-1667), Carreño de Miranda (1614-1685), Murillo (1618-1682), Valdés Leal (1622-1690) y Herrera el Mozo (1627-1685).
[11] Hermana melliza de San Benito de Nursia (480-547) y fundadora de la regla femenina de la orden benedictina en el siglo VI.
[12] Benedictina cisterciense. La Orden del Císter es una reforma rigorista de la orden benedictina. Se fundó en 1098 y su principal impulsor fue San Bernardo de Claraval en el siglo XII. El hábito benedictino es completamente negro y el cisterciense blanco con un escapulario negro.
No se debe confundir con el hábito de la Orden de San Jerónimo, blanco con escapulario de paño buriel (leonado o marrón rojizo oscuro).
[13] La Orden Celestina, fundada por Pedro Murrone en 1254, procede de la Orden de San Benito, debiendo su nombre al Papa benedictino Celestino V. Apenas cinco meses después de ser elegido pontífice en 1294, renunció al cargo para volver a la vida eremítica, falleciendo en 1296.
[14] Inspirada en una Anunciación o “Encarnación como cumplimiento de todas las profecías” (1628-29) de Rubens, hoy en la Fundación Barnes (Filadelfia).
[15] Que significa “Dios con nosotros”.
[16] San Ildefonso de Toledo (607-667). Autor, entre otros libros, De Viris Ilustribus (sobre los hombres ilustres, 657-67), que continúa la obra homónima de San Isidoro de Sevilla, escrita entre el 615 y 618.
[17] San Ruperto de Worms o de Salzburgo (c.660-716). Difusor de la Fe en Baviera y la cuenca del Danubio hasta Viena.
[18] San Anselmo de Canterbury (1033-1109). Autor del famoso Proslogion (1078), donde desarrolla su argumento ontológico para probar la existencia de Dios: “[…] porque el insensato ha dicho en su corazón: No hay Dios. Pero cuando me oye decir que hay un ser por encima del cual no se puede imaginar nada mayor, este mismo insensato comprende lo que digo; el pensamiento está en su inteligencia, aunque no crea que existe el objeto de este pensamiento. Porque una cosa es tener la idea de un objeto cualquiera y otra creer en su existencia. Porque cuando el pintor piensa de antemano en el cuadro que va a hacer, lo posee ciertamente en su inteligencia, pero sabe que no existe aún, ya que todavía no lo ha ejecutado”. (capítulo II).
[19] San Bernardo de Claraval (1090-1153). Figura fundamental de la Orden del Císter, basada en la regla benedictina.
[20] Relacionado con el Cristo yacente (1615) sito en la Iglesia del Convento de los Padres Capuchinos de El Pardo, hay que recordar que ambos forman parte de una larga serie de tipología similar. El Cristo del Convento de San Plácido es uno de los yacentes tallados y policromados por Gregorio Fernández y su taller. Recordemos otros como el del Convento dominico de San Pablo en Valladolid (1609); el guardado en el Convento del Sacramento, en Boadilla del Monte (Madrid, 1611); el realizado para Monasterio de la Encarnación de Madrid (1615); el del Convento franciscano de Aránzazu (Guipúzcoa, 1627), perdido tras su incendio el 18 de agosto de 1834; el de la Iglesia de San Felipe Neri o Casa Profesa de los jesuitas en Madrid (1625-27), hoy en el Museo del Prado; el de la Iglesia de San Miguel y San Julián (Valladolid, 1627-30); el del Convento de Santa Clara, en Medina de Pomar (Burgos, 1629); el del Convento de Clarisas de Monforte de Lemos (Lugo, 1631-33); y el de la Catedral de Segovia (1631).





Autor
Últimas entradas
Actualidad11/08/2026Artistas españoles en Londres. Por Santiago Prieto Pérez
Actualidad21/07/2026La Galleria Corsini, en Roma. Por Santiago Prieto Pérez
Actualidad13/05/2026La Biblioteca Angelica, en Roma. Por Santiago Prieto Pérez
Actualidad22/04/2026Virtuosismo barroco: maestros del estuco en las iglesias de Roma. Por Santiago Prieto Pérez

