15/08/2026 06:55

El 8 de Septiembre de 1925, hace ahora cien años, España desembarcaba en Alhucemas en la que fue la primera gran operación anfibia de la historia militar mundial; la anterior de los ingleses en Galípoli durante la primera Gran Guerra había resultado un rotundo fracaso; por cierto, responsabilidad de Winston Churchill.

Con el desembarco de Alhucemas, España volvió a escribir una de las páginas militares más gloriosas de su historia y de la historia de la Humanidad. Operación modélica en todo comenzando por ser pionera, innovadora y maestra de otras que le seguirían, entre las cuales cabe destacar la del desembarco en Normandía, que siendo la más importante realizada hasta la fecha, tomó como modelo la de Alhucemas. Acción aquella del desembarco en la playa de la Cebadilla, angosta y escarpada, en la que la pericia, profesionalidad y por supuesto arrojo y valor españoles se cubrieron de gloria.

Se cumple, pues, el primer centenario de una hazaña y epopeya más de España y de sus armas, de sus Fuerzas Armadas y de sus hombres. Para nosotros, los españoles de 2025, es, por lo tanto, un honor especial y una oportunidad que no debemos dejar pasar, celebrar como se merece semejante gloria. También es una obligación, pues no pocos dejaron en aquella playa y ocasión su vida o sufrimientos siempre en pos de la mayor gloria de nuestra Patria.

Pero es que también, con aquel desembarco, comenzó la pacificación del Protectorado español de Marruecos que tanta sangre y quebraderos de cabeza venía costando a España desde hacía décadas. Con el desembarco de Alhucemas, operación genial en todo, desde su concepción estratégica hasta su ejecución táctica, pasando por su materialización logística, se asestó un golpe mortal al rebelde y sanguinario Abd el-Krim cuya estrella se apagaría definitivamente en pocos meses para no volver a lucir ya jamás. El desembarco de Alhucemas propició, también, y años más tarde, que cuando Marruecos accedió a su independencia y se formó como nación y Estado, España pudiera entregarle el Rif, o sea, nuestro Protectorado, la zona de siempre opuesta al Sultán que, si no hubiera sido por el éxito del desembarco de Alhucemas muy posiblemente hoy no formaría parte de Marruecos, es decir, sería independiente.

El desembarco de Alhucemas fue, asimismo, confirmación de la valía de grandes españoles que algunos años después volverían a dar gloria a España cuando nuestra Patria más lo necesitó. Entre ellos, cómo no, Francisco Franco, que si en el desembarco mandó la extrema vanguardia y con ella pisó de los primeros aquella playa dando una vez más, como tantas otras, ejemplo, después se pondría también al frente de la vanguardia de quienes, solados o civiles, salvaron a España de la barbarie y, mejor aún, a continuación la hicieron grande y libre como hacía siglos que no lo era, legándonos una España unida, en paz, justa y prospera de cuyos logros seguimos aún hoy viviendo en muchos aspectos, a pesar del medio siglo ya de premeditada y alevosa demolición.

Pues bien, a pesar de lo dicho, creo que todo manifiestamente objetivo y por ello incuestionable porque se basa en pruebas de sobra documentadas, ni el Gobierno, ni la oposición, ni siquiera el Ministerio de Defensa, pero, lo que es peor, tampoco las FFAA, o sea, los militares, no sólo no han preparado los fastos que aquella ocasión se merece, sino que los han prohibido, de forma que el centenario del glorioso desembarco de Alhucemas va a pasar desapercibido para los españoles cuyas generaciones venideras no sabrán ni qué fue, ni siquiera que existió, hurtándoles un motivo más, entre miles, de orgullo nacional y patriótico. ¡Cuánta miseria!

Con ser malo lo dicho, lo peor para nosotros es que los militares, con sus altos mandos a la cabeza, no sólo se han plegado a directrices sectarias tan aberrantes, debidas precisamente al nulo sentimiento patriótico que corroe a nuestros dirigentes políticos de todo color, sino que lo han hecho con entusiasmo, de manera que ni en la FFAA se llevará a cabo el menor homenaje y festejo de fecha y hecho tan sublime como la del desembarco de Alhucemas. ¡Cuánta miseria!

No hay ni una sola razón, ni un solo motivo, para tan vil proceder de parte de nuestros militares, demostrando por lo tanto que son unos miserables, que esa es su seña de identidad, que miran sólo por sus carreras y prebendas, que en ellos todo es postureo, fachada, vaciedad y falsedad, cuando no cobardía y, en definitiva, traición. ¡Cuánta miseria!

Los dirigentes políticos quedan en evidencia cuando alegan para no celebrar ocasión tan insigne como fue el desembarco de Alhucemas, que lo gestionó el Gral. D. Miguel Primo de Rivera que era un dictador, que otro “dictador”, Francisco Franco, entonces Coronel, lo llevó a cabo, y que sentaría mal al Sultán marroquí con el que hay que guardar especiales lazos de amistad, a pesar de tenernos declarada la guerra cuyo fin es hacerse con tres trozos de nuestro territorio nacional como son Ceuta, Melilla y las Canarias. ¡Cuánta miseria!

Pero que los militares se plieguen a excusas tan zafias, clama al cielo, y no sólo les deja también en evidencia, sino que peor aún les descalifica y deshonra para siempre, porque ellos deberían considerarse herederos de aquel grandioso hecho de armas, sentirse orgullosos hasta el extremo y, en vez de someterse a esos dirigentes, proclamar a los cuatro vientos y por toda España, con cientos de actos públicos, demostrando poseer el mismo valor de aquellos que protagonizaron el desembarco de Alhucemas, lo que fue y supuso aquel acontecimiento, por el contrario, callan, callan y callan. ¡Cuánta miseria!

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Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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2 comentarios
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Roberto Valdez

Menos mal que hay una persona que se acuerda del centenario del desembarco de Alhucemas.

Roberto Valdez

Los de hace 100 años eran militares. Los de ahora son funcionarios perjuros, traidores y eunucos.

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