Después de algunos días en Holanda y habiendo sobrevivido a sus bicicletas, tranvías y horarios –museos, bibliotecas e iglesias cierran a las 17:00–, la tarde del 25 de julio llegamos en tren a la Estación Central de Amberes; espectacular construcción proclamada con justificado orgullo por los amberinos la “catedral del ferrocarril”. Ya en la calle, agradecemos reencontrarnos con aceras amplias, bordillos que separan el tránsito rodado y peatonal y, por qué no decirlo, un ambiente cálido y humano, con acentuado sabor histórico. Enfilamos la bulliciosa avenida De Keiserlei hasta Teniersplaats –en cuyo centro una estatua homenajea al ilustre David Teniers el Joven (1610-1690)[1]–, enlazando seguidamente con la Leysstraat –en honor al pintor Jan August Hendrik Leys (1815-69)–; una avenida flanqueada por hermosos edificios decimonónicos con ricas fachadas bellamente ornamentadas. Continuando por las vías Meir, Meirburg y Schoenmarkt (Mercado de zapatos), alcanzamos la Groenplaats (Plaza Verde), en cuyo centro destaca un monumento de bronce dedicado a Petro Paulo Rubens[2].
Detrás, la Catedral de Nuestra Señora de Amberes se eleva majestuosa con su imponente torre de más de 120 metros de altura. Alberga en su interior cuatro grandes pinturas del maestro flamenco Rubens: “La Asunción de la Virgen” (1626), presidiendo el altar mayor, y los trípticos de “La elevación de la Cruz”[3] (1610), “El Descendimiento de la Cruz”[4] (1612) y “La Resurrección de Cristo”[5] (1611-12); y otras muchas obras de arte dignas de mención, a pesar de los estragos ocasionados por la furia iconoclasta calvinista del 20 de agosto de 1566[6], el deterioro bajo la administración protestante entre 1581 y 1585[7 y el saqueo de las tropas napoleónicas en 1794. Recordemos que numerosas imágenes, vidrieras y hasta el púlpito fueron destruidos y un buen número de piezas artísticas fueron robadas con destino a París[8].
Entre las excelentes pinturas que hoy pueden contemplarse en Nuestra Señora de Amberes cabe citar la “Asunción de María” (1647) de Cornelis Schut (1597-1655), decorando la cúpula sobre el crucero; la “Multiplicación de los panes y los peces” (1598) de Ambrosius Francken (1544-1618); el “Juicio Final”[9] (1589) de Jacob de Backer (1540-1585); una “Última Cena” (1592) de Otto van Veen (1556-1629), maestro de Rubens; una preciosa “Natividad” (1577) de Marten de Vos (1532-1603); “Jesús entre los doctores” (1587) de Frans Francken el Joven (1581-1642); y “San Francisco de Asís orando” (h.1645) de nuestro Bartolomé Esteban Murillo[10].
Entre las piezas escultóricas, merecen subrayarse una “Virgen con el Niño” del siglo XV atribuida al “maestro de las Madonnas de mármol del Mosa”[11]; una preciosa “Inmaculada Concepción” (1690) de Artus Quellinus el Joven[12] (1625-1700); el magnífico púlpito (1713) tallado por Michel Van Der Voort (1667-1737) en sustitución del destruido en el siglo XVII[13]; el delicado “Retablo de San José” (1870-73) ejecutado por Jean-Baptist de Boeck[14] (1826-1902), Jan Baptist van Wint[15] (1829-1906) y el pintor Louis Hendrix (1827-1888) en madera dorada; o el fantástico coro y confesionarios embellecidos por estatuas de santos, elaborados a finales del siglo XIX por los escultores amberinos Jozef Geefs (1808-1885), Karel Hendrik Geerts[16] (1807-1855), Jean-Baptiste de De Boeck, Jan Baptist Van Wint, Joseph-Jacques Ducaju (1823-1891) y Pieter Joseph De Cuyper (1808-1883). Obras donde se aprecia el esfuerzo de la ciudad –significativamente en el último tercio del siglo XIX y primera década del XX– por recuperar, rehabilitar y agrandar su patrimonio histórico-artístico.
En este sentido cabe destacar las siete pinturas de las etapas del “Via Crucis” (1866-67) realizadas por Louis Hendrix (1827-1888) y los “Siete Dolores de la Virgen María” (1903-1910) a cargo de Józef Janssens de Varebeke[17] (1854-1930). Un conjunto magnífico que invita al recogimiento y la reflexión, con escenas sobrias de tonos apagados (poco saturados); acogedoras e íntimas, bañadas por una luz suave y alejadas, por lo tanto, de los grandes contrastes del claroscuro barroco. Composiciones en las que destaca la elección del momento y la atención al dibujo; en las que el movimiento contenido, impregnado de serenidad, se encuentra animado por un hondo sentimiento religioso. En Louis Hendrix se aprecian nítidamente las referencias al arte gótico flamenco, tanto en lo que respecta a aspectos formales cromáticos como compositivos, mientras en Janssens se observa la infuencia de su compatriota Jan August Hendrik Leys (1815-1869) tanto en el dibujo como en las tonalidades apagadas, y una atención a la composición y detalles del vestuario que evocan algunas pinturas de Paul Delaroche (1797-1859)[18].
Todo este esfuerzo para la recuperación del antiguo esplendor de Nuestra Señora de Amberes se manifiesta igualmente en el conjunto escultórico erigido al pie de la fachada en honor de los arquitectos que la diseñaron[19]: Jan (1352-1411) y su hijo Pieter Appelmans (1373-1434). Obra del escultor local Jef Lambeaux (1852-1908) que recrea a la perfección las diferentes tareas implicadas en el oficio de cantería, mostrándonos, en definitiva, la génesis de un gran recinto sagrado, cuidado y vivo, joya de las artes y Patrimonio de la Humanidad.
[1] Por ejemplo, su Santa Amelia, reina de Hungría (1832-33) o la Ejecución de Lady Jane Grey (1833), donde, a la tranquila y ordenada teatralidad de la escena, se añade el realismo historicista.
[2] Terminada en 1518 por el arquitecto malinense Rombout II Keldermans (1460-1531), al servicio del emperador Carlos V.
[1] La estatua fue realizada en 1866 por el escultor belga Joseph Jacques Ducaju (1823-1891).
[2] Obra firmada en 1840 por Willem (o Guillaume) Geefs (1805-1883), hermano de otros seis escultores: Jozef (1808-1885), Aloys (1817-1841), Jean (1825-1860), Thèodore (1827-1867), Charles (1829-1911) y Alexandre (1829-1866).
[3] Originalmente, en la iglesia de Santa Walburga. Robada por Napoleón en 1794 y devuelta tras su derrota definitiva en 1815. En el panel izquierdo del tríptico figuran San Amando y Santa Walburga. En el derecho, Santa Catalina y San Eloy.
[4] Encargado por la Cofradía de Arcabuceros. En el panel izquierdo del tríptico se distingue a María e Isabel, embarazada del futuro Juan el Bautista, junto a sus esposos José y Zacarías. A la derecha, María y José presentan el Niño al sacerdote Simeón.
[5] Encargada por el impresor Jan Moretus (1543-1610) y su mujer Martina Plantin (1550-1616), hija del impresor Christopher Plantin. En el panel izquierdo, San Juan Bautista. En el derecho, Santa Martina.
[6] En el marco de la conocida como “Beeldenstorm” o “Tormenta de imágenes”, entre el 10 y 20 de agosto de 1566. Dicha destrucción se llevó por delante retablos, imágenes de piedra en fachadas y vidrieras.
[7] Año en que Alejandro Farnesio recuperó la ciudad.
[8] Napoleón Bonaparte creó un Museo con su nombre, nutrido desde 1794 con obras procedentes de las campañas en Bélgica, Holanda y Alemania. En 1797, por el “Tratado de Tolentino”, recibió numerosas piezas de las colecciones del Vaticano y del Palacio Belvedere de Roma, como el Laocoonte o el Apolo Belvedere; en 1798 llegaron de Venecia los caballos de San Marcos y su emblemático león; en 1807 el producto del saqueo de Florencia; y, a partir de 1808, miles de obras de arte robadas en España.
La “Lamentación de la muerte de Cristo” (1511), de Quentin Messys (c.1466-1530), escapó al expolio merced al empeño del pintor Willem Jacob Herreyns (1743-1827), que consiguió salvar o rescatar 328 pinturas de iglesias y monasterios saqueados y clausurados por los franceses. Esta obra en concreto, sita originalmente en la catedral, fue trasladada en 1798 a l’École Centrale del departamento des Deux-Nèthes (división administrativa durante la ocupación francesa, que abarcaba Amberes, Breda, Mechelen y Turnhout) donde Herreyns era profesor. Actualmente se encuentra expuesta en el Museo Real de Bellas Artes de Amberes, aunque en ocasiones se ha exhibido en la Catedral.
[9] Encargado por el famoso impresor Christopher Plantin (1520-1589) y su mujer Jeanne Rivière (h. 1520-1596).
[10] Otras obras del sevillano fuera de España: Magdalena penitente (Galería Matthiesen, Londres); José y la mujer de Putifar (Gemäldegalerie, Kassel); Vieja con gallo y cesta de huevo (Alte Pinakothek, Múnich); Huida a Egipto (Palazzo Bianco, Génova); El beato fray Gil en éxtasis delante de Gregorio IX (Museo de Carolina del Norte); San Salvador de Horta y el inquisidor de Aragón (Musée Bonnat, Bayona); La Sagrada Familia en el taller del carpintero (colección particular); Santa Catalina de Alejandría mártir (Mie-Ken Prefectural Art Museum, Japón); Virgen con el Niño y San Juanito, llamada La Serrana (Ayuntamiento de Glasgow); Vieja hilandera (The Hoare Collection, Stourhead); Santa María Magdalena renunciando a los placeres mundanos (Virginia Museum of Fine Arts); Virgen con el Niño (Museo de Lier, Bélgica); Desposorios místicos de Santa Catalina (Museo de Arte Antiguo, Lisboa); Visión de San Antonio de Padua (Galería de Arte de Birmingham); y, por supuesto, El joven mendigo, La cocina de los ángeles, Fray Junípero y un mendigo, etc. (Louvre, París).
[11] Escultor de nombre desconocido que trabajó en la cuenca del río Mosa, especializado en la talla de imágenes de la Virgen y el Niño. No debe confundirse con el también llamado “Maestro de las Madonnas de mármol” activo en Toscana entre 1455 y 1495, actualmente identificado como Gregorio di Lorenzo.
[12] Hijo del pintor Erasmus Quellinus el Joven (1607-1678), cuyo hermano, Artus Quellinus I (1609-1668) fue también escultor. El hijo de Artus Quellinus II, llamado Artus Quellinus III (1653-1686), siguió igualmente los pasos de su padre. Artus Quellinus I, llamado el Viejo, es el autor de la “Piedad” de la iglesia de Santiago de Amberes.
[13] Tanto por el material elegido (roble) como por su barroca complejidad, este elaboradísimo púlpito nos recuerda otros como el de la iglesia de San Carlos Borromeo de Amberes, representando la Iglesia triunfante sobre la herejía, realizado por Jan Pieter van Baurscheit el Viejo (1669-1728), o los de las Catedrales de Malinas y Bruselas, ambos obra de Hendrik Frans Verbruggen (1654-1724). ¡Qué grandes escultores estos maestros flamencos de la madera, hoy casi olvidados!
[14] Trabajó a menudo con su tocayo van Wint, realizando juntos las tallas del Beato Luis Flores, San Norberto y San Roque de Montpellier para la Catedral de Amberes, así como las etapas del Via Crucis de las iglesias de San Pablo de Amberes y de Nuestra Señora más allá del Dyle, en Malinas.
[15] Autor, asimismo, de otras obras en Amberes para las iglesias de Santiago, San Andrés, San Pablo, San José y San Willibrordus.
[16] Responsable del espléndido púlpito de la Catedral de Saint-Aubin de Namur (1848).
[17] Muy relacionado con algunos de los llamados “nazarenos” vinculados a la Academia de Düsseldorf, se formó con Franz Ittembach (1813-1879), Ernst Deger (1809-1885) y Karl Müller (1818-1893). Aparte de Viena, en cuya Academia se instruyó, por ejemplo, Johann Friedrich Overbeck (1789-1869), Düsseldorf fue uno de los principales núcleos “nazarenos”. Recordemos que Peter von Cornelius (1783-1867) era natural de esta ciudad y la Academia de Düsseldorf llegó a estar dirigida por los nazarenos Friedrich Wilhelm von Schadow (1789-1862) y Hermann Wislicenus (1825-1899). Esta corriente romántica fundamentalmente alemana, cobró fuerza cuando Peter von Cornelius (1783-1867), Friedrich Wilhelm Schadow (1789-1862), Julius Schnorr von Carolsfeld (1794-1872), Johann Konrad Hottinger (1788-1827), Franz Pförr (1788-1812), Philipp Veit (1793-1877), Joseph von Führich (1800-1876), Joseph Wintergerst (1783-1867) y Ludwig Vogel (1788-1879), agrupados en la llamada “Hermandad de San Lucas” se instalaron en el abandonado monasterio franciscano de San Isidoro, en Roma, en 1810. De modo análogo, la Escuela de Beuron –que recibe su nombre por los pintores de la Abadía benedictina de Beuron, en Baden-Würtemberg, suroeste de Alemania–, pretendió, asimismo, recuperar una espiritualidad perdida en las artes. Sus más destacados miembros fueron los monjes pintores Desiderius Lenz (1832-1928), Gabriel Wuger (1829-1892) y Lukas Steiner (1849-1906).
Según Lenz: “Existe una integración plena entre arte y arquitectura. La pintura y la escultura no son elementos adicionales a un plan arquitectónico, sino parte integral de él. El arte beuronés abarca la pintura, la arquitectura, los vasos de altar y el mobiliario”. (Sobre la estética de la Escuela de Beurón (1898), en Desiderius Lenz: The aesthetic of Beuron and another writings, Francis Boutle Publishers, Londres, 2002).
[18] Por ejemplo, su Santa Amelia, reina de Hungría (1832-33) o la Ejecución de Lady Jane Grey (1833), donde, a la tranquila y ordenada teatralidad de la escena, se añade el realismo historicista.
[19] Terminada en 1518 por el arquitecto malinense Rombout II Keldermans (1460-1531), al servicio del emperador Carlos V.
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