15/08/2026 08:33

Hace poco el desGobierno firmó un acuerdo con el Reino Unido y la nefanda Unión Europea por el cual prácticamente renunciamos a Gibraltar, ese trozo tan español como Gerona, Lérida, Baleares, La Coruña, Álava, Ceuta o Melilla, ocupado, y además militarmente, por la pérfida Albión desde el Tratado de Utrech que negoció Francia a nuestra costa, claro, debido a nuestros malditos “pactos de familia” borbónicos. Por el nuevo acuerdo desaparecerá la Verja y el control en el puerto y aeropuerto gibraltareño no lo haremos nosotros, sino una fuerza de policía europea que vaya usted a saber lo que es. El acuerdo se nos vendió, claro, como un gran éxito propio, lo que a la vista de cualquiera que conserve un poco de sentido común y patriotismo es evidente que no es así, sino todo lo contrario.

Pues bien, prueba de ello es que les ha faltado poco a esa raza de víboras que son los ingleses para demostrárnoslo. El pasado día 9 de este mes, con la excusa de su día de las fuerzas armadas, montaron un desfile por todo lo alto de representaciones de sus tres ejércitos por la calle principal de Gibraltar al que han seguido tres días de maniobras militares por dicha ciudad. La bofetada que nos han dado ha sido tan clamorosa como el silencio de nuestras autoridades, incluidas, claro, las militares, que no han dicho ni pío. ¡Qué vergüenza!

Al hilo de lo ocurrido voy a contarles algo que nadie sabe y de lo que fui protagonista en 1981, siendo Teniente recién salido de la Academia.

Mi primer destino fue, precisamente, el Batallón que el Regimiento Pavía Nº 19 –hoy desaparecido–, de guarnición en el Campo de Gibraltar, tenía en La línea de la Concepción; el otro estaba en San Roque.

Dicho Batallón se encontraba materialmente pegado a la prolongación de la Verja; hoy es un centro cultural municipal o algo así. En su parte posterior, pegado a esa prolongación de la Verja, tenía un pequeño campo donde se hacía instrucción de orden cerrado, algunas ceremonias y poco más.

A mí, henchido de ardor guerrero, se me ocurrió un día montar un pequeño ejercicio táctico de Sección con mis hombres, enfrentando a sus pelotones, dando el realismo posible a la cosa utilizando profusamente munición de fogueo. Ni que decir tiene lo contentos que estábamos todos, empezando por este menda, junto con los suboficiales –a los que recuerdo con cariño y admiración– y soldados entonces de reemplazo.

Pero no habían pasado 40 minutos cuando de pronto irrumpió en el campo mi Capitán, hoy ya fallecido, dándome gritos y ordenando que suspendiera el ejercicio de inmediato. ¿Por qué, le pregunté?

Porque el centinela inglés que vigilaba desde la garita, situada al otro lado a unos 150 metros, había dado parte a su superior, éste al suyo, éste al gobierno gibraltareño, éste a Londres, y Londres había llamado al MAAEE español el cual se había puesto en contacto con el de Defensa que a su vez lo había hecho con Capitanía de Sevilla y el Estado Mayor de ella con el Coronel del Pavía Nº 19 que había chorreado a mi Capitán, quien había salido disparado para dar cerrojazo a mi ejercicio. Así, como lo leen.

Ahora, en cambio, lo que se prohibió a un pobre Teniente que además actuaba en suelo español, nadie ha impedido a los ingleses en suelo… también español, porque Gibraltar lo es. Ni que decir tiene que en cuanto pude abandoné el Pavía Nº 19.

Gibraltar, desde 1704, lo debimos recuperar por las malas y de no ser posible, como así fue las veces que se intentó, algo por cierto incomprensible, debimos recuperarlo por asedio, es decir, cercándolo impidiendo por tierra, mar y aire –cuando el espacio aéreo por los avances tecnológicos ocupó su lugar– su vida, de forma que fuera por hambre o enfermedades, o mejor por ambas causas, lo hubieran tenido que evacuar por imposibilidad de sobrevivir en él. En definitiva, aplicando, pero al revés, por supuesto, la máxima de infecto pirata inglés Picardo –no existen los “llanitos”, son ingleses–, cuando dice que no nos cederán jamás “ni un grano de nuestra tierra, ni una gota de nuestra agua, ni una molécula de nuestro aire”, tierra, agua y aire que no son suyas, sino nuestras.

Francisco Bendala Ayuso

Teniente Coronel (R)

Autor

Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
Suscríbete
Avisáme de
guest
0 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.