Decenas de miles de muertos durante la plandemia, ocultando las cifras de la masacre. Cientos de ejecutados en Valencia, miles de suicidios provocados por esta caterva de desalmados, carroña de Satanás que están también destinados a la desaparición. Dios es Justicia. La muerte una compensación para que la maldad desaparezca también. Es bueno verlos sorprendidos por la Parca así se abismen en el miedo hasta que se precipiten al infierno. La muerte no es el final pero para estos inescrupulosos seres de abyección no es en absoluto un premio sino una recogida de siembras. Así se pudran con la cosecha.
En tanto este desgobierno de corrupción y criminalidad intenta colar la Ley Bolaños por procedimiento de urgencia-respuesta golpista de estos delincuentes a los cinco días de huelga protagonizada por la Justicia-, a todo cerdo le llega su San Martín y el tiempo inexorable da la razón sobre las efímeras glorias de los tramposos políticos. Después de la muerte de nuestros padres ejecutados durante el 2020 con la excusa pandémica, mientras la carroña robaba como una organización criminal que es, toca la muerte de históricos vende humos como el que trajo al mundo a pajarracas como Yolanda Díaz. Es bueno que mueran los padres de los responsables de tanta miseria y tragedia, no sólo los inocentes. A los nuestros los asesinaron y hasta nos impidieron velarlos siendo enterrados en soledad. Tampoco nos permitieron ir a dejar flores en sus tumbas el Día de los Santos Inocentes. Si las tragedias ajenas que provocan les son indiferentes, el dolor de estos escorpiones y serpientes nos importan una mierda. Es buena la muerte cuando toca a la gentuza. Es buena la muerte para la gentualla impune que ha podrido una antes saneada España cuya liviandad moral es repulsiva. Una muerte que les recuerde lo efímeros y miserables que son. Muerte del padre de la ventajista sin escrúpulos marquesa de Galapagar o el rey de los prostíbulos gais ¿de donde salió el okupa corrupto de La Moncloa? Muerte de las generaciones que engendraron pútridamente; generación tras generación, habrá muerte. Ellos provocaron masivos homicidios. Se los llevarán a la tumba para revolverse con la fetidez de sus cizañas. Demonios, repulsivos demonios. Soberbios de Satanás, qué bien os sienta la muerte como cura de humildad definitiva.
Vuelan muy lejos los pájaros de la parasitación que ya traían en el pico la gusanada sindical, como el padre que hoy la ha pifiado, definitivamente. Porque esos que viven a tutiplén de la política sin trabajar en toda su vida, ya han tenido el premio terreno que se les amortizará en el exilio obligado de la tumba. Ya han tenido la recompensa en forma de dádivas estatales no dando un palo al agua y llenándose la bocaza demagógica con aquello de la justicia social.
Ni participando para la candidatura de la hija consiguieron votos en su tierra; acaso conocían a la familia. El tal Suso Díaz puede sentirse muy orgulloso de haber contagiado las miserias al loro con cerebro exiguo que es su hija, cuando en estos tiempos de victoria del demérito hasta los más imbéciles han accedido a la tasa de poder que les ha permitido vivir del cuento sociopolítico destruyendo un país maravilloso. En el infierno se congratulan por la llegada de esos pícaros sindicales que con el tiempo se les recuerda que ni los parásitos de buena vida escapan a la sentencia de muerte que cae como un jarro de agua fría a la manada de buitres… la que conforma la izquierda fullera, especialmente en España. Y caen. Todos terminan cayendo.
Al menos la pájara de corta inteligencia podrá despedir al orquestador de su nacimiento, llamémoslo padre, al progenitor a o b y al listo que se aprendió el abecedario político para encumbrarse opíparamente con aquello de lo sindical. Al menos la piquito de oro con seseante verbo viperino y saliva ponzoñosa, podrá enterrar al maestro de la vergüenza que la enseñó a vivir de la excusa política quizá aplastando a la competencia tan suciamente como caracteriza a la inútil que llegó a una vicepresidencia; eso sí, por conveniencias de un criminal psicópata que ha perdido todas las elecciones en las que se ha presentado, incluso perpetrando continuado fraude electoral, siendo hoy el mafioso puto amo que se agarra como una lapa al poder para no acabar-que acabará- en la cárcel.
El extinto debía de sentirse muy orgulloso de que la estulta que no sabe hacer la o con un canuto llegara tan lejos en las ambiciones y viviera con todo el papo y a todo tren picando a destajo de las arcas del estado.
Se va un parásito sindical que, de no vivir del cuento, habría sido hasta provechoso para la sociedad. Todo sea que en otra reencarnación no sea trabajador como Dios manda para resarcir al mundo del discurso de la izquierda a la que se le llena el buche, sobando prebendas, reuniendo hoy en España y masivamente lo más granado de la parasitación, un elenco de vagos , maleantes y furcias, furcios y furcies.
Lo necesitaba la tucana para salir del embrollo de arriesgar la sopa boba de la que vive opíparamente. Suso Díaz la ha palmado. Le viene bien a quien buscaba cualquier pretexto para no apearse del circo sanchista que tan buena vida le da. Una justificación más para que la pájara se enroque en el poder corrupto con la excusa de que el muerto jamás habría permitido que gobernara la derecha. Valientes demócratas de mierda, con perdón por lo de demócratas.
A tomar vientos el que no descansará en paz. Es lo que tiene ser hipócrita hasta la muerte, sin redención. Ay de aquellos que siembren liviandades sin medir las consecuencias de sus obras. Afortunadamente, la muerte no es el final para nadie. Allá cada cuál con su paso por la tierra.
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DEPENDE DE LA VIDA QUE HAYA LLEVADO. SI HA IDO AL INFIERNO, ENTRE LA DESESPERACION Y LAS TORTURAS DE LOS DEMONIOS Y EL FUEGO ETERNO, NOSE, NO SE.