15/08/2026 09:12

Increíble, pero cierto, y peor aún a estas alturas: el pasado miércoles 28 de mayo, la Fundación Pablo VI, que preside Mons. Ginés García Beltrán, obispo de Getafe, entregó sus premios anuales, que en esta ocasión recayeron en los llamados “padres de la Constitución” todavía vivos: Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Miguel Roca Junyet, “en reconocimiento -según el criterio del jurado y del obispo- al espíritu de encuentro y al diálogo, que dio como resultado un sólido y estable papel en la construcción de una España próspera, democrática, libre y plural”. No caben más sandeces en tales palabras.

Lo ocurrido es una muestra más, y ya van ni se sabe, de lo enferma y putrefacta que está nuestra jerarquía episcopal y con ella la mayoría del clero –salvo escasas y honrosas excepciones que confirman la regla dicha–, del desbarre que les caracteriza, de su mediocridad, sometimiento a lo mundano, cobardía, y traición a su función única y principal, formando todo ello un conjunto que explica por qué la Iglesia ha dejado de ser, hace mucho, referencia y conciencia del mundo, y ha perdido la autoritas que la caracterizó y debería seguir haciéndolo.

Negar la evidencia de que lo mal que estamos tiene su origen institucional en el 6 de Diciembre de 1978 con la aprobación de la actual Constitución, aunque la cosa venía de antes, es de idiotas; no se puede ni se debe otorgar el beneficio de la duda o el del desvarío mental a ciertos personajes. Tener ante los ojos día a día las pruebas y empecinarse en no querer verlas y además negarlas, desacredita a quienes así proceden, desautorizándoles para siempre; máxime cuando el proceso de descomposición, de práctico suicidio de España, se acelera. De ahí que sólo podamos concluir que Mons. Gines García es un cínico y un hipócrita redomado.

A la vista de cualquiera, que lo quiera ver, claro, en la España constitucional de 1978, la de la Tra(ns)ición, ni existió, ni menos hoy existe ni existirá jamás: “espíritu de encuentro”, pues cada cual va por dónde le place a ser posible pisando al otro; ni de “diálogo”, pues el insulto, cuando no, que también, la bofetada, por no recordar las bombas y tiros en la nuca, son las palabras de cada día; ni se ha “construido” nada, sino todo lo contrario, se ha arrasado con lo muchísimo hecho con tanto trabajo y esfuerzo hasta convertir a nuestra Patria en un erial donde la pobreza, en sus múltiple formas y variantes, es la seña de identidad de la inmensa mayoría de los españoles; ni existe “democracia” de verdad, habiéndosenos sumido en una dictadura partitocrática brutal; ni, por supuesto, hay “libertad”, menos aún para decir la verdad, siempre primera víctima de procesos como el sufrido por España desde hace ya medio siglo, que, oigan, el tiempo pasa volando; ni de esa “pluralidad” que todos cacarean sin cesar, pero que yace sepultada por un pensamiento único impuesto a machamartillo por activa y pasiva, con ocasión y sin ella, a tiempo y a destiempo. En resumen, una España decadente y degenerada, hazmerreír del mundo en el que nada pinta, tan desvariada como Mons. Ginés García y sus “colegas” mitrados que, todos a una, sin distinción, con actores principales en la profanación de sepulturas de insignes personajes y en breve hasta de una basílica además pontificia, sin que se les remueve un ápice la conciencia que a la vista de los está que hace mucho que asesinaron para así poder vivir conforme a los mandatos del Príncipe de la Mentira y de las Tinieblas, que es lo mismo.

Clama al Cielo que un obispo se atreva todavía hoy a presidir institución la más sagrada de todas –nos referimos a la Iglesia, no a la fundación de marras cuyo nombre, por otro lado, lo dice todo y por ello no otra cosa se puede esperar que el premio ahora otorgado– y no se le caiga la cara de vergüenza, lo que prueba su connivencia y complicidad con el proceso de destrucción no sólo de España, que también, sino de perdición eterna de una inmensa mayoría de españoles gracias a esa Constitución atea y antinacional, lo que constata, además, que ha sido la Iglesia, y lo sigue siendo, su crisis como nunca antes jamás, la raíz de nuestros males, pues el desbarre clerical, el abandono de su doctrina secular tanto espiritual, como social y moral, que cuando inspiraron nuestras leyes y acciones nos hicieron la nación más grande que jamás existió, ni posiblemente existirá, es lo que nos sume en un pozo sin fondo del que salir o será por un puro y generoso milagro que no merecemos o costará décadas y Dios y ayuda.

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Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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Alvar

Sin duda, la infiltración masónica de la Iglesia y su corrupción desde dentro, evidenciada tras el CV II hasta hoy, es la condición principal de nuestra tragedia.
El «obispo» de Getafe, otro don Opas más.
La chusma que dice ser la jerarquía eclesial en España (salvo alguna excepción) son colaboradores de Satanás, son parte del enemigo. Su indignidad escandaliza a cualquiera. Por eso es necesario un Papa santo, que limpie, limpie la Iglesia de morralla progre, filomasónica, globalista y atea que como un cáncer ha credido dentro y está arrasando con todo.

Geppeto

La iglesia de Cristo es la de los pobres Los oprimidos los perseguidos los que llegan exhaustos a las playas de Europa en una patera Su iglesia es la del cura que va a casa de la Marquesa a merendar no es la de Cristo

Alvar

Los que llegan en patera no están perseguidos ni exhaustos, son invasores peones del plan Kalergy.
Quien participa de este negocio político es siervo de Satanás.
Repetir lo que nuestros amos relatan en el telediario subvencionado con nuestro dinero no es tener razón, es hacer el primo.
Los verdaderos pobres los tenemos entre nosotros, no hay que buscarlos fuera, españoles desheredados y deshauciados por el totalitarismo woke globalista feminista lgtb que nos oprime y trata de destruir las patrias cristianas.

Cristero

geppeto
Además de tonto tiene pinta de trolls

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