15/08/2026 06:29
Cuando en los años cuarenta un tribunal citó a mosén Ramón Muntanyola para testificar contra el miliciano que el sangriento verano del 36 mató a su padre, a su tío y a su hermano, desoyendo las presiones del obispado, se negó a comparecer, aunque le constaba que ese hombre los había asesinado.
—La sotana que llevo me obliga a perdonar —fue su lacónica respuesta.
Era su modo de enarbolar la bandera de la reconciliación, predicando con el ejemplo.
No en vano, el término perdón proviene del latín per donare y stricto sensu significa «seguir dando».
Así lo proclamó Jesús de Nazaret en el sermón de la montaña al condenar la «Ley del Talión».
El 26 de julio de 1936, Ramón Muntanyola i Llorach tenía 19 años y se hallaba disfrutando de unos días de vacaciones junto a otros seminaristas en La Seo de Urgell.
Tras ser detenidos por un grupo de anarquistas fueron conducidos a la cárcel de Lérida donde permanecieron encerrados cinco semanas.
El 1 de septiembre, tras pasar una jornada en el barco-prisión Río Segre, anclado en las aguas del Mediterráneo, los liberaron.
Al regresar a Esplugas de Francolí, su localidad natal, el joven Muntanyola se enteró por su afligida madre de la suerte que habían corrido sus familiares.
Temiendo por su vida, huyó a Barcelona y se refugió en casa de unos parientes que residían en el barrio de Gracia, hasta que decidió cruzar la frontera a pie para establecerse en Francia.
Al concluir la «Guerra Civil», después de haber cursado estudios de «Filosofía y Teología», se ordenó sacerdote en la Catedral de Tortosa.
Además de su profunda vocación religiosa, mosén Ramón era un letraherido.
Y como Aribau,  Verdaguer o Maragall, entre otros poetas señeros, continuó la estela de la Renaixença que impregnada del espíritu del romanticismo desempolvó del olvido la lengua y la literatura catalana difundida en el siglo Xlll por los trovadores.
Galardonado en los certámenes «Eglantina Oro», «Flor Natural» y «Viola de Oro», fue proclamado a título póstumo maestro en Gai Saber.
En 1949, al poco de ser nombrado «Benjamín de Arriba y Castro, Arzobispo de Tarragona», suprimió «La Veu de la Parroquia», editada en catalán por mosén Ramón, que pasó a llamarse «La Hoja Diocesana».
Muntanyola entonces sacó adelante una revista de carácter cultural en su lengua vernácula, «Ressò» —de fugaz duración—; lo que le acarreó un período de confinamiento de diez años en una casa de ejercicios espirituales en la Selva del Camp.
En febrero de 1960, fue destinado como ecónomo a la parroquia de Santa María del mar en Salou.
A principios del mes de julio de ese mismo año, en el chalé que lindaba con la lglesia, desembarcó una familia numerosa y bulliciosa que venía de Madrid a pasar las vacaciones estivales.
Era la nuestra.
Y desde entonces mosén Ramón trabó una profunda amistad con mi padre.
Siempre recordaré, siendo yo un niño, a mosén Ramón asomando su cabeza ladeada por la puerta de madera de nuestra casa.
—¿Puede un humilde presbítero entrar en la morada del señor Espinosa?
—Adelante, mosén —le respondía entre risas mi padre.
Eran los años de los «Planes Desarrollo» y del auge del turismo, y Salou de repente se inundó de suecas esculturales luciendo shorts, bikinis y minifaldas.
—He pasado del culo del mundo a un mundo de culos —solía repetir entonces con sorna mosén Ramón.
En 1970, nada más concluir la biografía del Cardenal Vidal i Barraquer, a mosén Ramón le diagnosticaron leucemia, pero antes de fallecer todavía tuvo tiempo de escribir un hermoso poema a mi hermano mayor, Juan José, con ocasión de la primera misa que dio en la Basílica de San Miguel.
Cuando mosén Ramón Muntanyola murió el 10 de septiembre de 1973, mi padre se desplazó desde Madrid a Salou y leyó en el funeral un emotivo texto titulado Mi amigo mosén Ramón, en el que glosaba su gigantesca dimensión humana, así como la obra evangelizadora y social que desarrolló aquellos años.
Aunque para para uno, mosén Ramón Muntanyola siempre irá asociado a los veraneos en Salou, el paraíso perdido de mi infancia, adonde volví, recientemente, después de muchos años.
Los pueblos y las ciudades son como palimpsestos en los que unas edificaciones se superponen sobre las demolidas pero permanece vivo el espíritu de quienes las ocuparon.
En el que fuera nuestro chalé, ahora habitado por otra familia, no queda rastro de los sauces llorones ni del estanque cuyas aguas cristalinas permitían adivinar un mosaico de teselas de colores, y el jardín de la lglesia en el que mosén Ramón pasaba horas enfrascado en sus lecturas mientras se balanceaba en una mecedora, también se ha esfumado; ahora es un espacio peatonal pavimentado.
Cuando éramos niños, a veces se nos escapaba la pelota al «jardín del cura»   —así lo llamábamos nosotros— y mosén Ramón pacientemente nos la devolvía por encima del seto.
Aquellas rotundas campanadas del reloj de la Iglesia me acompañaban indefectiblemente a lo largo del verano.
A las doce del mediodía, atravesando el callejón de la playa alfombrado de pinaza; a las tres de la tarde, justo antes de empezar a comer, cuando mi madre bendecía la mesa; o a las diez de la noche, la hora de volver a casa para cenar montado en una bicicleta «Orbea» con las rodillas desolladas.
En Comala comprendí que donde has sido feliz no deberías tratar de volver, reza aquella melancólica canción de Sabina, Peces de Ciudad.
Sin embargo, yo hallé un pequeño consuelo al regresar a Salou después de tantos años…
La antigua Plaza de la Rotonda, en la que pasé horas y horas haraganeando tendido en el césped mientras miraba las nubes desplazarse lentamente con una brizna de hierba entre los dientes, ha mudado de nombre.
Ahora se llama Plaza de mosén Ramón Muntanyola.

Autor

Miguel Espinosa Garcia de Oteyza
Miguel Espinosa Garcia de Oteyza
Miguel Espinosa García de Oteyza es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.
Ha desarrollado su actividad profesional en la Bolsa, la Banca y la Empresa.
Hijo del que fuera ministro de Hacienda de Franco, Juan José Espinosa San Martín, Miguel es también autor de tres libros. El más reciente, "Mi tío robó los diarios de Azaña y otras historias familiares".
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