Tengo respeto por los pordioseros. La mayoría son personas que han llegado a esta situación por infortunios de la vida a los que todos estamos expuestos y que en su día eran ciudadanos que decimos «corrientes».
Pero hay pordioseros políticos y pordioserismo político, entre los que se encuentra nuestro presidente de desgobierno en uno de los lugares privilegiados. Sánchez es un pordiosero político, que fue a la reunión de la OTAN a postrarse como un pordiosero ante el presidente USA para ver si le daba al menos una limosna con que volver a España en olor de multitudes.
Lo del pasillo, acercándose a Biden con el platillo a ver si le caían un par de palabras fue patético y todavía más patético ha sido como con posterioridad intentaba vendernos una cumbre en el pasillo. Sin duda, «la cumbre del pasillo» pasará a la historia como una forma de hacer «política interruptus» que es la única que es capaz de hacer este sujeto delincuente.
Fue patético ver como Biden iba a su bola, con la mirada al frente, que en los 29 segundos que duró su persecución, solamente volvió la cabeza una vez, quizá para ver quien era su perseguidor. Y el fantoche, mintiéndonos después sobre los muchos y amplios temas que trataron. Es un mentiroso y además, ha perdido el juicio, si es que alguna vez lo tuvo.
La foto de este pordiosero persiguiendo a Biden me ha recordado a «Carlitos de la vara», un mendigo de años ha en Lugo que siempre andaba con una vara dando golpecitos en el suelo para llamar la atención y que solía frecuentar todas las tascas a las horas de mayor parroquia. Se plantaba al lado de cada corrillo con el platillo extendido y era capaz de pasarse así, impávido y sin moverse, tiempo y tiempo hasta que le echaban unas monedas y cambiaba de clientela.
Carlitos era un mendigo buena persona, que no se metía con nadie, ni hacía mal a nadie. La vida, quizá, no le dio más oportunidades. Sánchez es un pordiosero mental ya que sus ideas son harapos y guiñapos, pero no importa porque él sigue los dictados de otro que no son otros que llevarnos a la ruina. Pero, sobre todo y además es un indigente y un pordiosero moral.
Otro personaje era «el currinche». Se trata de un personaje lucense conocido como el maestro de esgrima «porque vivía del sablazo». Un joven que también tenía su oficina en las tascas lucenses y que vivía, mal vivía, de los pequeños sablazos que daba de ciento en viento a los incautos que caían bajo las redes de su labia. Cuando no conseguía el sablazo dinerario, se conformaba con uno o un par de «celtas» o de «mataquintos», aquellos célebres cigarrillos para pulmones a prueba de todo. De él se cuenta la anécdota, yo diría que absolutamente falsa, -o no-, de que en un momento de sequía pecuniaria vendió la cama de su madre, sin ella saberlo.
Sánchez es el «Carlitos» que fue a pasar el platillo al primer mandatario mundial y es también «el currinche» español que quiere vender a su Patria, a nuestra Nación, con tal de seguir en sus tropelías. Sin duda alguna, me quedo con «Carlitos» y «Currinche», los dos honrados mendigos materiales lucenses, que no engañaban a nadie y eran tan entrañables para nosotros, que el día que no aparecían por los vinos, los echábamos sinceramente de menos.
Otro día les hablaré de «Pepiño» un joven vendedor de loteria con quien el pordiosero de la OTAN guarda también muchas afinidades.
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