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Toda revolución es una puesta patas arriba de la situación existente. Surge sobre la base de la profunda y generalizada insatisfacción con la situación vigente y se apoya en múltiples y diversas circunstancias, más o menos manifiestas, y ante la pasividad de los liderazgos para asumir la necesidad de cambio.

Unas fueron pacíficas, como el cristianismo, que removió con su sacrificio al imperio romano y otras no tanto, como la revolución cristiana protestante que, en nombre de la libertad para leer la Biblia y frente a un cristianismo católico opresivo, dio lugar a guerras y también, después, a mucha opresión de las libertades en los propios territorios protestantes.

Tampoco fue pacífico el islam, por mucho buenismo que se quiera tener, pues quiso imponer por las armas una nueva visión religiosa que al final fue rechazada tras la reconquista cristiana española y por los ejércitos cristianos de la Europa del Este, pero que se asentó en todos los territorios de la parte sur y este del Mediterráneo.

Después vino, en nombre de la libertad, no ya religiosa, sino civil la Revolución Francesa(1) de 1789, que pacífica y abierta en sus inicios, optó poco después por la represión de lo católico en la Vendée y del año del Terror de 1893, que hizo pasar la guillotina a la historia, como instrumento de ejecución pública.

Posteriormente vino otra revolución civil, la marxista, que logró implantarse, en 1917, también por la violencia y la opresión sangrienta dando lugar a la URSS, y que, en 1945, tras el final de la Segunda Guerra mundial se extendió a todo Europa del Este. Tuvo como trágico intervalo al Nacional Socialismo alemán que ha pasado a la historia con sus condenables campos de concentración, aunque, lamentablemente, se le ha dado mucho más eco que a los Gulags de Stalin.

La inesperada caída del Muro de Berlín en 1989, abrió una nueva etapa para Europa y para el mundo. ¡Ese Muro marxista que parecía que iba a ser eterno había caído! Pero la llegada de Putin al poder en enero del 2000, retomó a la amenazante Gran Rusia, que sigue, en gran medida, inmersa en la cultura opresiva soviética, pilotada por su nuevo dictador que ha sido miembro de la KGB desde que, en 1975, terminó sus estudios en la Facultad de Derecho.

Desde 1989, la Europa de 1989 tomó una deriva izquierdista buenista que ha golpeado a la democracia y a las libertades, porque ha olvidado que la armonía social, tanto la civil como la religiosa, requiere inexorablemente dos pilares: Orden y Progreso.  Un Orden que establezca unas reglas que garanticen las Libertades y un Progreso que debe basarse en la Fraternidad y en la Corresponsabilidad.

La opción por el multiculturalismo ha llevado a tolerar la implantación, en diversas naciones de Europa, de culturas fundamentalmente islámicas que han generado guetos en barrios de ciudades en las que la Policía no puede entrar y en los que se pretende que se implante la sharia, o derecho islámico. También ha dado lugar a que se tengan que introducir pautas culturales obligatorias, por ejemplo, en la alimentación en los colegios para que los alumnos musulmanes no tengan que comer cerdo, así como a una cultura mal enfocada de ayudas económicas a familias que no conllevan la exigencia de que trabajen o busquen trabajo, o a que se toleren determinadas vestimentas que ocultan la cara, etc.

A ello se une el descontrol migratorio que es tanto como abandonar el estado de Derecho, porque si no se controlan las fronteras, ¿cómo se va exigir el respeto a las leyes en los territorios? Otros ejemplos: ocupaciones, personas durmiendo en las calles, parques públicos con chabolas, incremento del número de violaciones, inseguridad, etc.

Todo ello explica la gran victoria de los partidos políticos, a los que se tilda de extrema derecha, porque quieren garantizar el Orden. Ese es el caso de Alternativa por Alemania, que acaba de ganar las elecciones regionales en los estados del Este quedándose a tres escaños en el estado de Sajonia de la mayoría absoluta; o de la presidenta italiana Meloni, del partido Hermanos de Italia; o de Marine Le Pen, de Reagrupación Nacional, que aparece con grandes posibilidades de ganar las elecciones a la Presidencia de Francia en abril de 2027; o la creciente importancia de otros partidos de «ultraderecha», tales como Demócratas (Suecia), Partido de la Libertad (Austria), etc.

La realidad es que Europa está entrando en un proceso revolucionario, que va a incluir al menos el rechazo al multiculturalismo por considerarlo una causa de fragmentación social y pérdida de identidad nacional. También la externalización del asilo, con apoyo creciente a la creación de centros de retorno, fuera de las fronteras de la UE (en Albania, Ruanda o terceros países) para procesar los trámites de expulsión. Así como el endurecimiento de fronteras, con mayores controles en el espacio Schengen, y la reforma de las normativas europeas para acelerar las deportaciones.

Y ojo: estas políticas no son ya exclusivas de la «ultraderecha». El caso del apoyo de partidos de izquierda y de derecha en Dinamarca es muy llamativo. Veamos algunas propuestas concretas de esa nación:

  1. a) Si en un barrio con problemas socioeconómicos (desempleo, delincuencia) más del 50% de la población es de origen «no occidental» (es un término legal en el país), la ley exige reducir las viviendas sociales al 40%. Esto implica la demolición de bloques de pisos, venta a promotores privados y la reubicación forzosa de familias.
  2. b) Integración forzosa desde la infancia: Los niños que nacen en estas zonas designadas deben asistir obligatoriamente a escuelas infantiles desde el año de edad durante al menos 25 horas semanales para recibir clases de idioma y «valores daneses». El incumplimiento comporta la retirada de ayudas sociales a la familia.
  3. c) La residencia no se concede con vocación de permanencia. Los permisos se revisan periódicamente y se revocan si las condiciones en el país de origen mejoran mínimamente (como ocurrió con la retirada de permisos a refugiados sirios de ciertas zonas consideradas «seguras»).
  4. d) La policía está facultada para registrar a los solicitantes de asilo a su llegada y confiscar dinero en efectivo y objetos de valor superiores a 10.000 coronas (unos 1.300 euros) para sufragar los costes de su estancia.
  5. e) Para cobrar las prestaciones sociales mínimas, los inmigrantes no integrados o desempleados deben cumplir 37 horas semanales de labores comunitarias o formación laboral obligatoria.
  6. f) Es obligatorio estrechar la mano de las autoridades locales en la ceremonia de concesión de la ciudadanía, una norma diseñada explícitamente para sancionar a quienes rechacen el contacto físico por motivos religiosos.
  7. g) Estrictos requisitos para la reagrupación familiar tales como solvencia económica, vinculación con el país y edad mínima de 24 años de edad para matrimonios con extranjeros).

La revolución del Orden viene, y en España urge que nos enteremos de ello, pero hay que destacar dos cosas importantes: Primero, no debe ser racista, cosa que es fácil de aceptar y no es un problema en España, donde con carácter general el color de piel no es elemento de discriminación. Segundo. No debe ir contra la libertad religiosa, pero no se debe permitir que la religión coaccione los ámbitos sociales como, por ejemplo, si la norma laboral de una empresa no permite llevar velo, debe cumplirse; la alimentación pública no debe tener que adaptarse a razones religiosas, etc.

En paralelo hay que trabajar en la revolución del Progreso, pero quedará para otro artículo, para no hacer este demasiado largo.

NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO

(1) ¿Quieres acercarte al episodio más importante de la Historia Occidental, pero no sabes por dónde empezar? ¡No lo dudes más! Hazte con la estupenda novela El espíritu de Marat, que fuera Best-Seller y Top 1 en Kobo Rakuten.

Autor

Enrique Miguel Sánchez Motos
Enrique Miguel Sánchez Motos
Administrador Civil del Estado.
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