Son años de ignominia y traición que tardaremos demasiado tiempo en expiar.
Esperamos y deseamos que ese tiempo se acorte gracias a que la Justicia, poco a poco, respetando sus ritmos, y siendo conscientes de su lento y pausado metabolismo, nos va a ir proporcionando los elementos indispensables para terminar de defenestrar, de mandar a los infiernos al corrompido gobierno de Sánchez.
Ahora bien, lo peor de este gobierno no estriba en su rampante corrupción, sino en la intención camuflada de liquidar el orden establecido y el Estado de Derecho, en definitiva, el Régimen constitucional y el espíritu de la Transición.
La Justicia con sus luces y sombras, hasta el momento es la única Institución, que con sus resoluciones va erosionando la fortaleza habitada por el sanchismo.
Después de tantos años se ha puesto en evidencia que ningún partido político, ninguna Institución o la misma sociedad en su conjunto han sido capaces de movilizar a los españoles en contra de esta canalla sanchista.
De lo cual se infiere que eso de «Fuenteovejuna» no es, sino un monstruo que no existe, es necesario que haya un cerebro, un hombre salvador, que incite a la contrarrevolución; España no se ha permitido el lujo y la gloria de engendrarlo.
Sí, la Justicia se abre paso, el juez Peinado merece nuestra solidaridad, ha demostrado perseverancia y arrestos, a pesar, del bombardeo que ha sufrido por parte del gobierno, de los medios que continúan hocicando en los colmados dornajos de las subvenciones gubernamentales, e incluso, sufriendo, en ocasiones, el irenismo achacoso y el ternurismo canalla de la derecha, que no termina de desprenderse de su carácter acomodaticio, de sus eternos y desesperantes complejos.
Sí, hay que felicitar al juez Peinado, al que se ha tratado de desprestigiar personalmente, y de paso al Poder Judicial, ha demostrado coraje y determinación para concluir con la causa contra la «presunta pluridelincuente».
El juez Peinado, «Don Quijote», que ha arremetido contra los gigantes, contra los molinos de viento, en este caso, no imaginarios, sino reales y auténticos.
Se comprendería, que el juez emulara al Presidente de la Primera República, Estanislao Figueras, cogiera un tren a Paris, y dijera: «Me voy, estoy hasta los cojones de todos vosotros».
El afán de poder y riquezas arruina a los hombres y a las mujeres con la misma intensidad que lo haría el ácido más corrosivo; ¿y quién nos dice que esto no haya sucedido en las filas del sanchismo?
En esto, están los que imparten justicia, los responsables ante el pueblo, de que así sea. Los jueces.
Ya nadie pondrá en duda, que tanto Sánchez como sus más cercanos colaboradores, apurarán la copa hasta sus más sucias heces.
Bienvenida y satisfactoria ha sido la sentencia del Tribunal Supremo; se ha hecho Justicia, estamos empezando a vislumbrar que la dignidad nacional va recuperándose paso a paso, merced a los Tribunales de la Justicia.
De esta resolución es importante destacar, que se da un fuerte incentivo, un impulso a los potenciales colaboradores de la Justicia que coadyuven a desenmascarar a los delincuentes o abran vías de investigación, que sin su ayuda quedarían ocultas.
Por otra parte, se pone de manifiesto, la parcial incapacidad del Estado para llevar a los Tribunales a determinados tipos de delincuentes.
El sanchismo, muere o empieza a morir precisamente cuando se han creído inmortales, cuando se han considerado sujetos revestidos de impunidad de rebaño frente a sus actos delictivos, olvidando, si es que alguna vez los tuvieron, los principios fundamentales que sostienen a la democracia o el Estado de Derecho.
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