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Presenciamos un acontecimiento biológico y jurídico sin precedentes. Debemos celebrar la aparición de una nueva estirpe de superhombres en la judicatura española: el Juez de Acero. Este nuevo Superman de la toga ha demostrado una capacidad de resistencia que dejaría en ridículo a cualquier héroe de cómic. Solo desde una fisiología sobrehumana se puede entender que alguien considere «liberable» a un sujeto que propina 17 puñaladas a un servidor de la ley.
Es evidente que este magistrado, en su infinita benevolencia, proyecta su propia invulnerabilidad sobre el resto de los mortales. Él, sin duda, es capaz de recibir setenta veces siete puñaladas sin que se le arrugue la puñeta de la camisa. Lo imaginamos recibiendo el impacto de una bala de cañón en pleno pecho o soportando que una cornisa de granito le caiga sobre la coronilla, para después, con una sonrisa imperturbable, sacudirse el polvo de la muceta o toga, o disfraz sadomasoquista, y seguir redactando autos de libertad.
Para nuestro «Superjuez», un bate de béisbol estrellándose contra un cráneo no es más que una caricia de brisa primaveral. Él podría recibir una tunda de palos, ser atravesado por el acero una docena de veces y, acto seguido, sentarse a tomar un café con el agresor para discutir las causas estructurales de su «pequeño arrebato». Nada le duele, nada le afecta, nada le daña… salvo, por supuesto, la aplicación estricta de una justicia que no esté torcida por el buenismo más suicida.
Es la mística de la inmunidad desde el estrado. Como ellos no patrullan los callejones donde el hambre de sangre no entiende de garantismos, se permiten el lujo de tratar la violencia extrema como un simple «incidente de convivencia». ¿Qué son 17 puñaladas para quien tiene el corazón blindado por la ideología y el despacho a salvo de la realidad?
El policía sangra, el policía sufre, el policía muere. Pero el Juez Superman, desde su pedestal de invulnerabilidad jurídica, nos dicta que el agresor es solo un vecino incomprendido que necesita aire libre antes del juicio. Al fin y al cabo, si el juez es capaz de soportar todo el peso de la infamia sobre sus hombros sin rechistar, ¿por qué iba a preocuparle un poco de acero en el abdomen de un agente?
Ríanse de Marvel. El verdadero superpoder no es volar; es tener la piel tan dura —o la cara tan de cemento— como para soltar a un carnicero y dormir la siesta del justo mientras la justicia se desangra por 17 agujeros.
Pronta recuperación al agente de policía. Que sus heridas cicatricen antes que la vergüenza de quienes, teniendo la pluma para protegerle, prefirieron usarla para amparar al verdugo. Dieciocho puñaladas en el cuerpo del servidor son dieciocho puñaladas en el corazón de una sociedad que sobrevive a pesar de algunos de sus increíbles jueces.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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