«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres»
El punto de apoyo con el que el gobierno mueve y trastorna a España, fundamentalmente se basa en la mentira.
Cuando repasamos la historia del socialismo universal, y más concretamente, el que nos atañe, observamos que los despropósitos, perrerías y crímenes más evidentes, cometidos por sus dirigentes, o en su defecto, por los irreductibles, sectarios y fanáticos aficionados que les siguen y obedecen con la fe del carbonero, quedan difuminados, si no extinguidos o borrados de la memoria colectiva de los ciudadanos; que una nación puede transformarse en víctima y caer humillada ante individuos abyectos, ineptos, necios o voluptuosos.
El porqué de esta tácita aceptación de los desmanes, estriba en admitir como artículo de fe, cosas y argumentos que los niños pequeños rechazarían por insensatos y disparatados.
Parte del electorado, es ignorante y bárbaro porque ha sido y sigue siendo alevosamente engañado.
El soporte fundamental del gobierno, el instrumento esencial para su traidor intento de descomponer la Nación y de consolidar el poder, es la violencia que se deriva de la mentira permanente e infame.
El atisbo más cercano, el indicio más fidedigno de la verdad es la simplicidad, la franqueza, la ausencia de agios malintencionados.
La mentira siempre es oscura, rebuscada y grandilocuente.
A menudo se prefiere la mentira a la verdad, porque la mentira trata de justificar nuestra incapacidad para discernir correctamente sobre los verdaderos peligros, a que nos tienen sometidos desde el socialismo quimérico y excluyente; porque la mentira nos proyecta hacia un abandono personal donde impera el irenismo electoral, la abulia o la indiferencia ante los órdagos y afrentas gubernamentales; mientras la verdad desenmascara los riesgos y nos saca del absentismo patriótico. Deserción que incidirá, sin duda alguna, gravemente en el futuro y bienestar de nuestros descendientes si no la limitamos.
Estas personas son los peores enemigos no sólo de la verdad y la libertad, sino de nosotros, de los españoles de orden, justicia y, con sentido no degenerado de la democracia.
¿Qué nubes de tormenta socialista se han ceñido sobre España?
¿En qué radica su peligro? En que los hombres que la gobiernan no viven con la razón, sino con la razón corrompida, se apartan de sus responsabilidades, prescinden de la obligación de proteger a los ciudadanos, y desean con furor dar rienda suelta a la justificación de sus bajas pasiones mundanas.
El hombre es libre cuando busca la verdad. Y la verdad se descubre por la razón y el conocimiento no adulterado ni revisado por los afanes incontrolados de poder.
Si el pueblo encuentra una persona, que demuestre gran sabiduría para protegerlo, valentía para defenderlo, un enorme anhelo y determinación para llevar al país por la senda correcta, si además, exhibe integridad y decencia, justo y necesario es declararle respeto y obediencia.
Ahora bien, si los dirigentes de un país, son individuos que a todas luces y a diario, se comportan con un menguado sentido moral, o bien, carecen de escrúpulos éticos o de la más mínima dignidad personal; ¿qué clase de cobardía se le podría imputar a ese pueblo que permanece impávido, silente y arrugado ante tales dignatarios?
Entonces, ese pueblo debiera plantearse la pregunta: ¿de dónde le habría llegado el poder al enemigo sobre nosotros, si no se lo hubiéramos otorgado?
Los que tienen derecho a voto son los ciudadanos, la democracia no vota.
Electores, cuando hayáis respondido, no ataquéis al enemigo, sino únicamente dejad de apoyarle; y así, él y el pedestal desde el que os ha engañado, zaherido y humillado, caerá por su propio peso, se romperá en pedazos y, de paso habréis recibido una lección para el futuro democrático de la Nación.
El mal que la gente se hace a sí misma (el fatídico mal de las urnas), de manera tan apacible proviene sólo del hecho democrático y consumado que permite que unas cuantas personas hábiles en la propaganda, mentirosas y corruptas en su forma de vida reinen sobre ellos y los tiranicen.
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