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En el periodismo, como en la vida, la trayectoria de un hombre no se mide por los platós que pisa, sino por la calidad de los puentes que deja a su espalda. En el caso de Josué Cárdenas, ese rastro no es de piedra sólida, sino de escombros: una sucesión de cadáveres de compañerismo periodístico que han servido de peldaños para su ascenso meteórico hacia la nada. Es la biografía del aprovechamiento, donde cada mano tendida ha sido respondida con una dentellada en el momento exacto de la conveniencia.
Resulta esclarecedor observar cómo este «ser de luz» ha perfeccionado el arte de la vampirización profesional. Se llega como el joven humilde, se aprende de los maestros, se utiliza su estructura, su audiencia y su prestigio, para después, con una frialdad que roza lo patológico, declarar la obsolescencia de quienes le alimentaron. No hay gratitud en el código de Cárdenas, solo estrategia. Para él, el compañero no es un aliado en la trinchera, sino un recurso extraíble que se desecha una vez agotado su valor de uso.
La verdadera obscenidad de su trayectoria no radica en su ambición -legítima en cualquier profesional-, sino en la ausencia de escrúpulos para ejecutarla. Mientras España se enfrentaba a la incertidumbre y muchos profesionales del sector se dejaban la piel para sostener la libertad de información en condiciones heroicas, Cárdenas se dedicaba a coleccionar traiciones. Es el rastro de quien se siente cómodo sobre las cenizas del esfuerzo ajeno, de quien ignora el luto de un colega o la veteranía de un mentor si eso le permite brillar un segundo más bajo el foco de la oportunidad.
Que los jóvenes que hoy compran su discurso de cartón piedra miren hacia atrás. Que cuenten cuántos de los que estuvieron al principio siguen a su lado. El resultado es un desierto. Josué Cárdenas ha convertido el periodismo en una máquina de picar lealtades, donde la única bandera que ondea es la de su propio narcisismo. Pero la historia del oficio es implacable: nadie llega a la cima de forma permanente si el camino que ha recorrido está empedrado con la deslealtad a quienes le dieron el primer empujón.
Al final, el profeta de su tierra saguntina se quedará solo en su escaparate, descubriendo que el éxito sin honor no es más que una tumba de cristal que acaba asfixiando.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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