Nada mejor que observar los hechos para conocer lo que de verdad y en realidad hay entre Trump y Venezuela. No se dejen llevar por las apariencias, no sean ingenuos. No se dejen engañar por una película al más puro estilo hollywoodense sin duda muy bien montada.
Esto no va de Maduro, o al menos no es lo importante y fundamental. Esto va de quién y cómo ha provocado y va a gestionar su final, y sobre todo para qué, con qué fin de verdad.
Maduro no ha sido “extraído”, ni capturado, y menos mediante una operación épica. Maduro ha sido secuestrado vulnerando toda normativa legal internacional y sus derechos humanos, esos de los que tanto alardean los propios EEUU. Maduro, en realidad, ha sido entregado por los suyos -¿nadie le defendió? ¿cómo supieron dónde estaba?-; y posiblemente él lo aceptó como mal personal necesario. La entrega-secuestro, que no captura, de Maduro fue pactada con el propio chavismo, que comprendió que, tras varios meses de bloqueo aéreo y marítimo del país, al quedarse sin fuentes de financiación, o sea, sin poder exportar petróleo, y haber quedado totalmente aislados, nada podían ya. Los bombardeos son otra parte del escenario. ¿Dónde están los muertos? No hay. ¿Por qué? Porque las instalaciones bombardeadas muy posiblemente habían sido desalojadas previamente. Toda esta parafernalia era necesaria para la propaganda yanqui, para la película hollywoodense, para mayor gloria de sus fuerzas especiales, la CIA y el propio Trump, pero todo fachada.
Tras la salida de Maduro nada ha ocurrido en Venezuela porque… el chavismo sigue en el poder, porque EEUU no puede entrar en Venezuela sin la seguridad de que, como para sacar a Maduro, nada va a ocurrir a sus soldados. Esta es la otra parte del pacto, la que conviene a los chavistas. Ellos, y sólo ellos, pueden evitar o una debacle estadounidense o una guerra civil, o sea, el caos y la anarquía, así como son los únicos que pueden asegurar una transición ordenada que es lo que quiere Trump; Corina Machado no, de ahí que la haya dejado fuera de juego. Por eso no vemos ni fractura en la cúpula chavista, ni histeria, ni disensiones internas, ni manifestaciones en las calles, ni por supuesto enfrentamientos de ningún tipo. Y es que estamos ante una operación pactada de antemano entre los dos únicos actores: Trump y el chavismo. Las transiciones pactadas son así, con el “enemigo”, que por supuesto quiere salir lo más indemne que sea posible y además todo en silencio, sin alaracas.
Aquí no hay heroicidades ni épica, hay negociación, pero este tipo de pactos se hace siempre de espaldas al pueblo, en este caso el venezolano, que tanto al chavismo como a Trump les importa un bledo. Quien se siga creyendo que Trump y los EEUU buscan la justicia, la libertad y la democracia de Venezuela es que no se entera de nada; lo mismo que quien siga creyendo que se ha realizado una operación militar modélica. Lo que EUU busca es el control de la mayor reserva de petróleo del mundo, pero lograda con estabilidad y orden; a cambio acepta que quien conduzca tal proceso sean quienes a su vez buscan una salida lo más también ordenada posible e incluso permanecer en el futuro, aunque para ello algunos tengan que pagar el pato, como Maduro, o cambiar de nombre, formas y modos, pero no de fondo.
Lo que ha habido es una traición funcional, no ideológica, del chavismo, de sus altos cargos, a Maduro, a cambio de continuar y asegurarse, aunque sea bajo el control norteamericano, su supervivencia. Esa traición, esa entrega de Maduro se ha producido cuando comprendieron por todo lo dicho que el régimen tal como ahora estaba había llegado a su final, por lo que tenían que recolocarse. ¿Quiénes? Pues Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y otros; por cierto, en España ocurrió lo mismo, y también bajo la presión norteamericana en 1975 a la muerte de Franco, proceso idéntico al actual venezolano por parte de los altos cargos del régimen, incluido Juan Carlos I, entregando en aquel caso la memoria del propio Franco, y nuestra provincia del Sáhara, proceso al que se le llamó Transición ¿Les suena el nombre empleado por Trump ahora también?
El problema de estas transiciones así pactadas es que no liberan países ni pueblos, sino que lo que se produce es una reordenación de los mismos tanto interna como externamente. Se redistribuye el poder, se sustituyen unas estructuras por otras en beneficio de quien tutela la transición que termina de una forma o de otra haciéndose con el control del país sea directa o indirectamente poniéndolo en lo que le interesa a su servicio.
En el caso venezolano el meollo es el control del petróleo con varios fines: a) suplir el agotamiento de las reservas propias estadounidenses que disminuían de manera peligrosísima; b) controlar el precio del crudo a nivel internacional al poder inyectar más o menos petróleo venezolano en el mercado; y c) impedir los intentos de China junto con los BRICS de sustituir al dólar por el yuan como moneda para ventas y compras de petróleo. Por eso esto no va de lo que nos dicen y muchos se empeñan en creerse, sino de poder, de energía, de riqueza, de petróleo.
Por lo dicho, así como por lo que ha hecho EEUU, lo que no se puede aceptar, ni permitir, ni menos aún alabar es el cómo lo ha hecho. Se ha cargado lo poco que quedaba en pie del Derecho Internacional, así como la agónica ONU; que mejor que se autodisuelva, lo que debió ocurrir hace mucho pues siempre fue una nada. Ha sentado un precedente para que cualquiera pueda hacer lo mismo con cualquier excusa o fin; o sea, secuestrar a un mandatario de otro país con cualquier excusa y forzar directamente un cambio de gobierno e incluso de régimen; hasta ahora se solía hacer, pero sin parecerlo. La caída de un tirano no justifica el método empelado, a no ser que lo sea desde dentro, por sus propios conciudadanos. Lo de Trump nos devuelve a la ley del más fuerte, o sea a la de la selva.
La prueba también la aporta si preguntamos, por ejemplo, por qué no hace Trump lo mismo, si es que busca justicia, democracia y libertad, con Marruecos, país que tiene un régimen feudal, tiránico y corrupto; que tiene a su población sumida en la miseria; que es narcotraficante pues de él procede la mayor parte de la droga que nos inunda a nosotros; que practica el terrorismo como vimos en nuestras carnes el 11-M y que además, en nuestro particular caso, nos invade enviándonos a todos los que le sobran o incomodan. Pues muy sencillo: porque Marruecos es el puntal de EEUU para el control del norte de África y su régimen le es propicio. Lo mismo que quiere con Venezuela que su nuevo régimen, sea el que sea, aun si sigue siendo el chavista, le sea dócil. Lo de la justicia, la democracia y la libertad para otro momento.
De lo anterior viene también lo ocurrido con la famosa María Corina Machado que cual lacaya de los EEUU se ha quedado con cara de haba al saber que no se cuenta con ella ni con sus huestes ni con su pretendida legalidad ganada en las urnas, porque como siempre, EEUU vende a los amigos, y Corina Machado no iba a ser una excepción. Por lacaya, ahora ajo y agua; y lo ocurrido con ella es nuevo aviso a navegantes como los Feijóo, los Abascal y todos los que ahora aplauden lo que Trump ha hecho y que no esconde porque lo ha confesado públicamente cuando ha dicho que con su intervención en Venezuela busca preservar los intereses norteamericanos y además en su rueda de prensa la palabra que más pronunció, hasta 26 veces, fue “petróleo”, no libertad, ni democracia, ni justicia, ni lucha contra el narcotráfico.
Con lo hecho, Trump ha puesto en evidencia que ante la decadencia de los EEUU, del imperio, que ya duraba varias décadas, tenía que reaccionar y lo ha hecho huyendo hacia adelante conforme a la doctrina Monroe del “destino manifiesto”, así como y para neutralizar el ascenso de Rusia, de ahí la provocación de la guerra de Ucrania, y de China que comercialmente y tecnológicamente le viene superando desde hace mucho. Además, si consiguiera de rebote que cayera la tiranía cubana al dejar a Cuba sin el petróleo y la financiación venezolana, se haría con el control total del Caribe que EEUU siempre ha considerado su “mare nostrum”, el cual contiene el Canal de Panamá que ya dijo Trump que quiere recuperar, vía esencial y sin rival del tráfico marítimo internacional. Y, por supuesto, volver a sentar la mano en su un tan descontrolado “patio trasero” que siempre ha considerado asimismo que es todo el continente americano.
Veremos cómo en los próximos meses administra EEUU a Venezuela, de la que se ha autodesignado gobernador porque sí, utilizando a los únicos que le pueden asegurar sus intereses allí que es el chavismo ahora metido en cintura, aunque no derrotado y que ha sabido jugar in extremis muy bien sus cartas en pos de salvar los muebles en lo posible, ofreciendo a cambio control, orden y petróleo, mucho, todo el petróleo. La transición llevará a unas elecciones, pero sólo cuando los EEUU tengan la seguridad de que su resultado les será favorable a sus intereses que ya sabemos cuáles son.
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