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Es un fenómeno sutil, pero omnipresente en la mayoría de ambientes de nuestra sociedad. Si vas a tomar un café a una panadería, suele haber de fondo música, generalmente en inglés, de los grupos de moda, a veces a alto volumen. Igual sucede en el supermercado y en las tiendas o centros comerciales. Te inoculan siempre de fondo la dichosa música moderna. Nos hemos acostumbrado a que forme parte del ecosistema urbano y a que se acepte acríticamente. La música de moda se extiende por todos los sitios como la peste.

Algunos pensarán que no hay que demonizar la música moderna porque no tiene nada de malo. Pero si analizamos en profundidad el contenido de las letras que emiten en la radio veremos realmente un mensaje, por lo general, cargado de mundanidad y sensualidad y que nada tiene que ver con la cristiandad. Los ritmos estimulan las pasiones e invitan a una vida laxa y hedonista. Medítenlo con seriedad, a la luz del Sagrario y verán que esto es así.

Y no digamos nada del reggaetón, que es pornografía auditiva y de otros estilos modernos con un fuerte elemento transgresor contra todo orden y toda moral. Nos lo imponen y nuestros pobres tímpanos absorben esa maldita música sin protestar. No me sirve que me digan que si no nos gusta la música nos vayamos a otro sitio, pues es algo generalizado y es lícito que manifestemos con firmeza nuestro descontento y que nos nos adaptarnos a las costumbres desordenadas del mundo.

Casi nadie se atreve a decir con educación si podrían bajar o mejor aún quitar esa música si nos molesta. Si lo pedimos con convicción quizá el dueño se plantee si agrada a sus clientes esa música. En la mayoría de casos el empleado suele quitarla, salvo que el jefe haya dado una orden expresa de no hacerlo.

Hay muchísimos ejemplos más de imposición cultural: la moda, el cine, el teatro, las revistas, sin contar con Internet que aglutina todo. La mayoría de elementos con los que nos bombardea cada segundo el mundo moderno no son de Cristo sino del mundo. Las nuevas costumbres contraculturales que han arraigado en nuestras vidas contribuyen a ir minando las sanas tradiciones y la idiosincrasia española en un proceso totalizador de ingeniería social anticristiana.

Otro ejemplo claro es la publicidad. La mayoría de anuncios, además de vender un producto, proyectan una forma de vida, tal y como el Sistema y la ideología dominante impone. Bien es cierto que muchos católicos no ven televisión y viven muy prevenidos contra todo esto, pero quizá si van a tomar algo no se atrevan a pedir que quiten esa música que les molesta o ese cartel blasfemo o ese poster inmoral. Pidamos en la oración luz al Señor para discernir todo aquello que impide el Reinado Social de Nuestro Señor, aunque se revista con apariencia simpática o atractiva y oponernos con valentía.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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