04/10/2026 15:04
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Pedro Sánchez es como una víbora que rociada de alcohol hay que quemarla para evitar que pique a los niños que frecuentan un establo. Me explico.

Existe un instante decisivo en la naturaleza donde el peligro no procede del dominio del depredador, sino de la desesperación del acorralado. Lo aprendí de niño, en una acampada del Gropo Número 1 de los Boy Scouts de España,  en los Pirineos, a 25 kms de Plan allá por los años setenta. En la penumbra de un viejo establo, una víbora de gran tamaño se erguía amenazante ante nuestro grupo. No se trataba de una simple presencia silvestre; el riesgo era inminente porque anidaba sobre su propia puesta, amenazando con multiplicar su ponzoña.

El «bichólogo» de la tropa, un joven estudiante de biología, comprendió que no cabía la contemplación ni la tibieza cuando la integridad de todos estaba en juego. Fue necesario proceder con drástica determinación para neutralizar el foco de peligro. Lo que jamás olvidaré fue el acto final de aquella alimaña: sintiéndose abrasada, envuelta en las llamas del alcohol que acababan con su amenaza, mordió con furia ciega una piedra. De sus colmillos brotó una descarga de veneno tan denso y corrosivo que parecía un ácido destructivo consumiéndose sobre la roca inerte. Era la rabia pura de quien, sabiéndose perdido, busca emponzoñar hasta el suelo que pisaba.

Aquella estampa pirenaica vuelve hoy a mi memoria con la fuerza de una alegoría viva al contemplar la agónica deriva de Pedro Sánchez. Cuanto más se estrecha el embudo que conduce inexorablemente hacia los tribunales de justicia, más peligroso, impredecible y tóxico se vuelve el ejercicio del poder. La política española no asiste a la gestión de un gobierno, sino a la estrategia de supervivencia de un ente acorralado.

Mientras la luz pública y los debates parlamentarios se distraen con votaciones de decretos de cara a la galería, en la trastienda del Ejecutivo se pergeñan arteras maniobras de ingeniería legislativa. La técnica del trilero no descansa: colar en la trampa de una reforma educativa enmiendas extemporáneas sobre la nacionalidad o la llamada «ley de nietos» no es un despiste ni un afán integrador; es el cálculo frío y desesperado de quien busca ensanchar a la desesperada bolsas de votos cautivos de cara a un futuro fraude electoral, intentando alterar la demografía de las urnas ante el desmoronamiento de su crédito interno.

El presidente acorralado ya no gobierna para la nación ni para la posteridad; gobierna para su propia impunidad. Cada auto judicial que cerca su entorno, cada investigación que estrecha el cerco sobre la corrupción sistémica de su círculo, actúa como el alcohol de la verdad sobre la guarida. Y la respuesta ante el acorralamiento no es la dimisión ni la dignidad, sino la mordedura rabiosa a las instituciones. Se ataca al poder judicial, se manosea el código penal, se emponzoña la convivencia y se retuerce el marco constitucional con la misma rabia ciega con la que aquella víbora hundía sus colmillos en la piedra.

Lo verdaderamente alarmante no es solo el veneno que descarga en su agonía política, sino la determinación de sembrar el futuro de «huevos» legislativos, de minar el terreno para que, aun perdiendo el poder, el daño institucional sea irreversible y las réplicas de su autoritarismo sigan latentes.

Frente al animal herido que busca arrastrar a toda una sociedad en su caída, la respuesta de una nación soberana y de un Estado de Derecho no puede ser la resignación ni la fascinación por el espectáculo de la destrucción. Se requiere la misma lucidez y determinación de aquel guía en los Pirineos: identificar el peligro real, no dejarse distraer por las serpentinas del engaño y neutralizar democráticamente, con la fuerza de la ley y la verdad, a quien está dispuesto a abrasar la concordia nacional antes de rendir cuentas ante la Justicia.

Lo sucedido en 26 S en la Puerta del Sol de Madrid contra Ayuso y Alemeida es el mismo modus operandi con el que Rodríguez Zapatero agitó la calle y patrocinó aquel embrión de desestabilización que fue el 15M; hoy asistimos de nuevo a esa misma estrategia sucia con los movimientos detectados este 26 de septiembre. ¿Qué es lo que verdaderamente traman ante la inminencia de su caída? La respuesta apunta de forma inquietante hacia la agitación y la violencia en las calles como último recurso de chantaje institucional. Por eso la lección del establo se vuelve categórica: esa víbora debe ser neutralizada por completo, quemada policial y judicialmente junto a su nidada de reformas trampa y agitación social, porque de lo contrario, las larvas del guerracivilismo y la impunidad volverán a emponzoñar la convivencia nacional en el futuro.

RES NON VERBA

Ignacio F. Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.

Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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