15/08/2026 05:29

La obediencia debida a órdenes ilegales no existe. El policía elige lo que hace. Se ve lo que hay: una tropa sui generis del automatismo sin conciencia golpeando con ciega obediencia amoral a los ciudadanos diezmados por estos tiempos de corrupción generalizada. Qué vergüenza, qué tristeza, qué asco. ¿Qué sentirían los héroes que se levantaron contra el enemigo de entonces en 1808? Indignación y nauseas. Tan malignamente nauseabundo como aquellos agentes que multaban en Valencia a cuantos se veían obligados a buscar los cuerpos sin vida de los seres queridos arrasados por el  atentado; y digo bien: un atentado, una masacre con omisión de socorro perpetrada con la excusa de una Dana. Sánchez, rodeado de secuaces inicuos, es más criminal que lo que sugiere su apestosa corrupción.

La diferencia entre arremeter contra el delincuente o el inocente es una cuestión de conciencia. Si la hay y se usa. Golpean con dureza y ciega obediencia. No les pagan para pensar ni tampoco para reflexionar sobre sus obras. No tendrán madre, ni hermanas, ni hijas, ni esposas. Son ciegos de espíritu, no les compete defender a la víctima de una salvaje violación. Sólo obedecen órdenes. No importa si se demuestra que reciben órdenes de criminales. Sólo obedecen esas órdenes. Cuando llegue el momento de rendir cuentas de las siembras, se revolverán en las tumbas por acatar la violencia de las órdenes sin mirar de quién. La oportunidad de la reflexión se ha extraviado en tiempos convulsos que estos ayudan a mantener.

Marlaska: Pestilencia a azufre entre el barro de la Dana

Ay de aquellos que levantan la mano contra los inocentes, por cobardes, por inconscientes, porque la amoralidad se la llevarán a la tumba cuando les toque responder por la comodidad de una obediencia malvada. Porque sobre estas aberraciones oficializadas la conciencia de cada cuál ha de presentarse como consigna tras el paso de la tierra. Allí con ese uniforme que los distingue como fuerza represora al servicio del Satanás de oscuras conveniencias. Usados como sólidos trapos para golpear como mezquinos mercenarios contra la inocencia, la razón del justo, la indignación pacífica de hacendosos represaliados. Levantando la mano contra los verdaderos pagadores de sus deshonrosos salarios; deshonrosos si lo cobran por golpear niños, ancianos, ciudadanos piadosos y dignos con la normalidad de una moral equilibrada, en desacuerdo con el delito consentido, la brutalidad propiciada, la defensa del delincuente que estos cobardes policías auspician con la excusa de obedecer órdenes.

Uniformes de vergüenza portados por diablos de complacencia, mandados amorales, robóticos y prestos para no pensar. Mercenarios del mal al servicio del Satanás de turno, soldadesca del averno sobre la tierra. Hay que tener poca vergüenza para usar las armas contra los corderos, ser de abyecto fondo personal para regresar a casa con una sonrisa después del deber cumplido aporreando un Pueblo escocido de injusticia, machacado de diario, asesinado, violado, reventado en la identidad de miles de víctimas masacradas por la incursión del Diablo en la política, por el mantenimiento de sádicos en los ministerios, así como criminales, asesinos, hijos de la gran ramera que ordenan a sus muñecos reprimir al justo; muñecos diabólicos protagonistas de estos tiempos de confusión, organizadores de terror ejecutado. Qué vergüenza verlos en acción contra los indefensos, qué asco ver virtualmente ensuciada la enseña nacional de los uniformes que gastan, raídos de histórica indignidad para repulsión de tantos héroes que la llevaron con orgullo en nombre de una España que estos adoradores de la iniquidad no representan. Los terroristas duermen complacidos con la siembra de la cizaña que representa el uniforme represor contra los ciudadanos, sí, como Dios manda. ¿De ahí la crueldad de los esbirros, servidores del crimen consentido que asfixia al inocente?

Qué vomitivo dolor contemplar a los engendros que han devenido de aquella Policía a la que el Pueblo apoyaba sin reservas cuando los asesinos los ametrallaban, explosionaban , disparaban a la nuca en el cumplimiento de un verdadero deber. Hoy los obedecen siendo  traidores traidores radicales de la Historia. ¡Cuánta ignorancia de espíritu, que cada golpe que alzan contra inocentes se lo dan a sí mismos! Maltratan a sus padres, familiares, seres queridos y no lo saben, así como maltratan la dignidad humana de la que carece cada hostilidad contra el justo.

Los habrá sectarios con carné político pegado a la credencial pero otros parecen ser, llanamente, abusadores por vocación. Cuando estos  muñecos uniformados, a los que la consciencia del bien se les quedó atascada durante la fabricación fría de sus conciencias artificiosas, den cuenta de la siembra de sus obras, tendrán que justificar desnudos de alma por qué eligieron colaborar con la maldad, vomitar el deber en vez de cumplirlo. El tiempo da la razón al Pueblo gobernado por delincuentes, criminales, asesinos que tiene  por soldadesca a cuantos no piensan un ápice en la honra colectiva o individual de los llamados a elegir entre el Bien o el mal. En Alcalá de Henares, como antes en Ferraz, el demonio se sirvió de la obediencia sin alma. Da igual que quede al descubierto la iniquidad de quienes mandan todavía. La conciencia policial está olvidada. Valientes vergüenzas, orgullos del averno universal.

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A la conciencia de una Policía antidisturbios U.I.P. moralmente extraviada

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Editor ÑTV ESPAÑA
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Alvar

Ya se encargan de seleccionar para el puesto a gente bien adoctrinada, que idolatran la Constitución y el Estado. Sin esa devotio al poder establecido no se entra en la policía.

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