Se antoja de programa de Iker Jiménez. [No en vano Iker, en vasco, está en el origen de Iker(tu), ‘investigar’, ‘examinar’, ‘registrar’; más allá de la traducción de Arana en su Santoral vasco: ‘visitación’ o ‘portador de buenas noticias’, ¡qué coinsidensia!]. Mas no en Horizonte.. El caso sobrepasa su horizonte de sucesos. En Cuarto Milenio, mejor… Y la inclusión en él de este “No soy yo” tiene muy simple comprobación empírica: la percepción subjetiva no reconoce la voz del hablante externalizada en artefacto técnico.
No reconocer ni siquiera las propias palabras, atribuyéndolo al doble de la mal llamada Inteligencia Artificial, evidencia una carencia de inteligencia natural. Criminal, cuando se trata de una prueba incriminatoria. Es la regresión infantil del zangolotino que, con churretones de chocolate escurriéndole del morro, hace protestas de no haberlo catado.
Poco puede aportar, no obstante, la titular de la cartera de Educación, Formación Profesional y Deporte y portavoz del gobierno —cada maestrilla tiene su cartilla—, a la sazón maestra de Educación Primaria, Pilar Alegría Continente —carente de contenido pues va perdiendo, telepromptermente, su Alegría—, a la evaluación de tan traviesos tutorandos: el técnico en Electrónica Industrial (F P.-II) S. Cérdán; un colega maestro de Primaria y profesor de Gimnasia J. L. Ábalos; y ese primario guarda de seguridad (abusón convicto de pre-Escolar) y deportista rústico en la rama de aizkolari (‘leñador’).
Ahí hemos llegado. A retrotraerse a primaria falta de identificación en el espejo oral.
Es la cantilena que repiten los investigados, ex-diputados amputados de su cargo, ese miembro fantasma que aún aprieta el botón. Imputados, por sus cargos. Así, “putados”.
“No soy yo”, dice juncal el Puto Amo. Son voces que hablan dentro de su cabeza, voces de ordeno y mando, dizque castrenses. Es la cabeza parlante del farsante echacuervos O una posesión diabólica que demanda, no un exorcista —“¿Libertad? ¿Qué es eso? Yo soy agnóstico y de izquierdas, argumentó el primero de la clase”, que escribiera J. Jiménez Lozano, en Esperas y esperanzas—, sino un saludador. Psicoanalista. Neurocirujano, mejor Y “Esa no es mi voz”, ladran los chusqueles. “No es mi voz” corean el Pitbull y el Bulldog, como en una fábula de animación de mascotas antropomorfas. “Eso es Inteligencia Artificial.” Quien hambre pasa con pan sueña. Se diría psicofonías, voces del trasmundo, clones y/o clownes, que “doblan” las suyas, sosias que suplantan su identidad, entrometidas en su intimidad,con desdoro de su imagen púb(l)ica y lesivas para su derecho al honor. Vaya, la honradez, de cintura para arriba, de uno; y de cintura para abajo, la honestidad del otro. En fin, “que buscan su ruina”, cuando la condición de “molt honorable” legitima el enriquecimiento ilícito. Buen tema para el compositor Azagra: “Ópera de las psicofonías”. Da uno al playback y no hace falta ni salir a saludar. Al aplauso. ¿O fue sólo una palmada? “No sé, yo no estaba.” ¿Y dónde está el teatro? No sé. Donde estoy yo, supongo. Y desde San Petersburgo…. ¡el hombre orquesta! Pero NO son psicofonías, estúpidos.
Eran voces de ventrílocuo. Del Puto Amo, irascible, que no ha comido todavía y le crujen las tripas. Y de sendos reservoir dogs, perros de presa acosados por la rata, pues su alma reside en el vientre concupiscible, en el alto vientre y en el bajo vientre, respectivamente. Y el ventrílocuo, José Luis Rodríguez, ese manipulador de títeres, de cejas apuntadas, ojivales, picudas y mirada delicuescente, glacial, de Bambi que vengase la muerte de su madre, abatida por un cazador de montaña, ultraderechista, rastreador del maquis en los montes de León No, no es El Puma, no. El espumarajo. Venezolano, sí, pero no de nación, que Maduro tampoco. De adopción. Por vocación. Y adoptado por Los Rodríguez: la princesa Delcy y Jorge, psiquiatra loco. Por filantropía. Delcynteresadamente. Un deus ex machina y correveidile bolivariano. El correcaminos de la Banda de Puebla. El progreso Punto Cero. Daimon, genio protector de la criatura Sanchezstein y némesis de Los endemoniados de bajos ideales y altos instintos. Pobres diablos, está todo en Dostoievski. Pero ellos, empollándose el Facebook de Sabrinas, de cabo a rabo.
AB HOMINE AD HOMINEM
VS
DE HOMBRE A HOMBRE
Ya estaba tardando el Tiranosaurus Rex —que no dictador, función voluntariamente asumida para restablecer el orden, como el archicitado Cincinato en la antigua Roma, que no para provocar el caos— en encontrar un remedio personalizado a su situación. Una ley que expresamente lo proteja a Él ante quienes disponen de pruebas contra Él.
Frente al incendio del caso PSOE, cortafuegos pse(u)udo-legal. De joven incendiario y de mayor bombero. Las demás medidas son a corto o medio plazo. Y las cosas de Palacio (de Justicia) van (más) despacio. Y esto lo necesita ahora. Ahorita, Ahoritita. Ayer. Prescripción/proscripción de las acusaciones populares, con arreglo a la “ley Begoña”, restringida a partidos políticos y asociaciones y que excluya nidos de águilas ultras preconstitucionales —como la que acecha precisamente en la portada de la Constitución de 1978, ¡qué coinsidensia!—. Empoderamiento de fiscales frente a jueces, y valdrá decir “confiscación” del poder judicial por parte del Ministerio fiscal en virtud de la reforma del Estatuto del Ministerio Fiscal y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que refuerce el papel del Fiscal General (en Jefe) a la sazón input/ado. Ingreso, en la carrera del rancio Poder Judicial, de un reemplazo de interinos “descamisados”, sin oposición alguna —al igual que el poder Ejecutivo, ¡caramba, qué coinsidensia!— en una Maratón “a calzón quitado” de 1004 milicianos pretendientes a comisarios de tribunal (frente-) populista con arreglo a la Ley de Modificación del Acceso a la Carrera Judicial y Fiscal.
Y relevo del mando de la UCO que congele las investigaciones sobre la trama Peugeot.
Todo demasiado tarde. Solución expeditiva: el decreto ley. No lo dicta el dictador. Lo edicta Petrus Imperator. Pedro el Grande (sin número). Cuanto dañe a mi persona será prohibido. Y mientras la Guardia Civil acumula resmas de transcripciones de audios y vídeos incriminatorios contra Su Persona, Él legisla “en caliente” —en microondas—, algo tan poco aconsejable cuando no conviene legislar sobre una patata caliente, todo con tal de cortar por lo sano, deslegitimando prácticas que delaten su modus operandi: “anteproyecto de ley de intromisión al [sic] derecho al honor” que declare “ilegítimas”, precisamente, las grabaciones del yacimiento de pruebas sobre el pudridero de corrupción del gobierno cuyo superior jerárquico es él. Si lo sabía, por consentidor. Y si no, porque el desconocimiento del delito no exime del cumplimiento de la condena. ¿Pero y si sí? P’alante, emperador y emperatriz. En habitaciones separadas, pero con vis(i)tas.
“Ley orgánica”, ¿al contenedor de residuos orgánicos? Por procedimiento de urgencia jueves 26. A cargo de la Comisión de Secretarios y Subsecretarios, una “CGSEyS” — que suena a escisión de organización sindical clandestina reconstituida en el Interior—. Objetivo: acabar con la metodología consustancial al socialismo real: “grabar, registrar o reproducir la vida íntima de las personas”. Fecha de aprobación en Consejo de Ministros: próximo martes 1 de julio. [Cancelación de paso de La vida de los otros, Florian Henckel von Donnersmarck (Al, 2006). Y el capitán Wiesler, cursillo de reeducación en el frente de Ucrania.] Ámbito: íntimo, extensivo a privado y extensible a lo público.
Monipodio por parte del Estado, amén de la violencia legal, ilegítima e ilegal (véase El informe Royuela, de Kepa Tamames), el espionaje por parte de particulares o soplones no inscritos en la lista Vespasiano —emperador que gravó (ojo, verificador de guardia: no confundir con grabar, que a la sazón serían grafitos tallados con buril o cincel) a la población de Roma con un impuesto sobre el producto de cloacas y letrinas que daría lugar al dicho “Pecunia non olet” (‘El dinero no huele”)—, sea cual fuere su soporte —más aún si se trata de los cómplices de su banda o quienes puedan incriminar al nº 1—, en acción combinada, informa Ketty Garat, en The Objective —«Sánchez prepara una “ley Koldo” para invalidar grabaciones como las del informe de la UCO”, “a propuesta de Félix Bolaños», 26/06/2025—, con la ausencia de auto-reconocimiento identitario de Santos (Inocentes) Cerdán y Abalos, según su defensa —costeada por los esquilmados.
“Al señor, como al pícaro. Y al pícaro, como al señor”, instruía un truhan (Paco Merino) sobre el trato a nobles y villanos en Maravillas (1981), de Gutiérrez Aragón. En efecto, invocando la consigna de los mendaces “140 años de honradez”, los “presuntos” delincuentes esgrimen su “honor” como en un dizque reaccionario drama calderoniano.
Pero el español de a pie, y de lengua, hace sus guiños de justicia poética. al guiñol:
«Esas grabaciones en las que se hablaba de “señoritas” le habían hecho “mucho daño” reputacional», porque las grabaciones estaban “manipuladas” [¿y las “señoritas” no?]
Y de hecho figurarán en letras de molde “reputación” [¡y dale perico al torno!] “y buen nombre” [¿José Luis, el de Torrente?] Protección de la privacidad en el ámbito laboral — ¿incluso ante “denuncias” de total absentismo de una Sabrina?— o utilización de la imagen del sugar daddy (“escorts favoritas del ministro”) ¿sin pagarle por el copyright?
Ítem más, “Imputación de hechos directos e indirectos o la manifestación de juicios de valor en acciones o expresiones” [¡CORRUPTO!], “delitos” diseñados sobre un patrón, por encargo y a medida de la personalidad, persona o personaje, con un corte impecable —que no le tire de la sisa, vista la “expertitud” psoecialista en cosas de sisa— que blinde su silueta en ese teatro de sombras. Así, el Gran Farsante, actor sobreactuado aquejado del “síndrome de Resines”, que parodiándose, emulándose, siempre hace de sí mismo, en la auto-identificación ególatra con su personaje: Él. A fin de cuentas, el mismo procedimiento que se aplica en la convocatoria de plazas personalizadas para un único aspirante, como el caso del Maestro Azagra, hermano del actor Farsante, e tutti quanti. Mientras tanto, al delincuente perfilado, predeterminado, se le hace un traje…de rayas.
Y resuenan las grandes palabras de “burguesía conservadora y nobleza reaccionaria”: “lesionar la dignidad” o “menoscabar la fama o atentar contra la propia estimación”— que ante un percebe que se auto-percibe Narciso, son voto de silencio para todo el país.
Para colmo, se perseguirá a “cualquier condenado en sentencia penal firme” que trate de rentabilizar mediante beneficio económico o popularidad su delito [¿ONGI ETORRI!?]
Aunque «El artículo 8 del texto contempla como excepción a la Ley de la autoridad judicial o policial: “No se reputarán, con carácter general, intromisiones ilegítimas las actuaciones […] de acuerdo con la ley”», manejadas a discreción por los M(i(ni)sterios de Justicia e Interior, adictos al régimen, si bien podrían invalidarse grabaciones entre miembros del gobierno que se presentaran con posterioridad a la aprobación de la ley.
“La peor paranoia es la de aquel a quien realmente lo persiguen”, afirmaba el psicoanalista húngaro Sándor Ferenczi. Y esa manía persecutoria está más que motivada Es la del malversador de caudales públicos que ilegaliza al inocente (ingenuo, iluso), a quien está exprimiendo, cuente lo que cuente, cueste lo que cueste. Se trata de crear un cuerpo legal que sirva para remendar cualquier roto o descosido del Espantapájaros monclovita.
Una legislación casuística, puntual, particularista, que positiva, por la regla de inversión, el negativo de su modus operandi. Es la proyección psicoanalítica del trastornado —que no enfermo mental, pues es consciente, lo que no lo exime de responsabilidad penal— que incrimina a quien lo acusa de aquello que él mismo comete. “Somos un gobierno limpio” es caso palmario del dime de que presumes y te diré de qué adoleces.
Y, en paralelo, sin solución de continuidad, y en una contradicción parajódica que desafía las reglas del pensamiento lógico, la coherencia verbal y la congruencia en el comportamiento con el consiguiente efecto de desistimiento y rendición en la nación, la deconstrucción sistemática —en su sentido postestructural de resignificación inagotable del texto—, sofística y por negación —falacia de leer al vacío la Ley mediante el expediente de inducir, inferir el sí, de entre la innumerabilidad de todo aquello que no es—, del cuerpo legal anterior al septenio septicémico del Granos, con la perversa exégesis constitucional de que “todo lo que no está prohibido es factible y legítimo”, en un ejercicio de libre interpretación protestantizante rayana en el libertinaje y, según la cual, si “amnistiar un golpe de estado” no está prohibido, es legal de pleno derecho. ¡Tate, tate!
Dicho sea lo anterior al margen del cuerpo de la ley —y del espíritu de la letra—, y en ausencia de una auctoritas de la comunidad que vele sobre el uso y abuso de la potestas —de los poderes del Estado—, en el mal entendido de que en el Estado-nación, laico y neutral, escéptico y nihilista no se contempla otra autoridad que no sea el propio Poder.
Y valga como muestra un precedente que amagó con sentar jurisprudencia en un instituto de Vascongadas —“territorios históricos” que, por haber llegado a todo antes que nadie sus nativos, se adelantaba en años a legislación tan avanzada como abalanzada:
Convocatoria contra la Selectividad durante los exámenes finales de Bachillerato. Como el alumnado no quiere perder la oportunidad de poder presentarse a esa Prueba de Acceso, opta por adherir sus pegatinas contra la Selectividad a las hojas de examen. Y algún profesor rebaja la nota por “defecto de forma en documento oficial”. Denunciado por el sindicato estudiantil Ikasle Abertzaleak al inspector de Educación y correligionario suyo, el profesor recibe esta reconvención: “Si en la Programación de la asignatura no figura la prohibición explícita de “adherir pegatinas en los exámenes finales” y se mantiene la penalización, el examinador será apercibido por un uso ilegítimo de dicha norma. Y, de propina, una recomendación: “Si se quiere evitar la repetición de semejante situación, hágase constar en la Programación del siguiente curso”. Y el efecto que tal addenda supuso para la programación resultaría disuasorio para el propio profesorado.
Nadie prohíbe aquello que nadie quiere hacer,” afirma una sentencia popular. En España no está “prohibido suicidarse en primavera” (que diría Alejandro Casona). ¿Y eso lo hace legal? En España, la tentativa autolítica no es delito, ¿pero es legalizada? ¿Y se puede “suicidar” una nación? Sin embargo, la inducción al suicidio está bien penalizada.
Un interpretación de las leyes, cada vez más ajena al Poder Legislativo, relativista y subjetiva, restrictiva y permisiva simultáneamente en virtud del de quién hacia quién —ab homine ad hominem, por decirlo con un latinajo—, por no invocar la proverbial “Ley del Embudo”, en que el blindaje del derecho a la protección de privacidad que encubre la impunidad de la casta “ejecutiva agresiva” convive con la indefensión —o inmunodeficiencia— adquirida de la casta tributaria en el desahucio de la privacidad —sir ir más lejos— de los cazadores españoles, cuyos datos personales en el registro público de “tenedores” de perros de caza quedan al alcance de animalistas, esteparios o en manada, de todo pelaje, alimañas ecolojetas de criadero en batidas para vengar a la mamá de Bambi.
No es de extrañar que el Bambi leonés, muy crecido, se sume al “tiro al cazador facha”, al ser del dominio público dónde vives y dónde trabajas, para las jaurías de la montería.
Pues «La Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, real decreto impulsado por el Ministerio de Derechos Sociales [de Bustinduy], homologa la identificación de “perros para una actividad cinegética” con la identificación del titular: nombre completo, NIF, dirección, correo electrónico y teléfono.»
Enésima fatwa globalitaria del culto laico, naturista y apocalíptico de un animalismo que, en su lucha contra el especismo del ser humano, rebaja la dignidad del hombre (varón o mujer) a la condición del resto de seres animados, con el efecto compensatorio de divinizar a los animales en perjuicio de nonatos, disidentes más ancianos enfermos, tal y como lo desarrolla el zoólogo Fernando López-Mirones en Lupus Deus, el Dios Lobo (Almuzara, 2024). Zoolatría, por lo demás, que se asienta en la contradicción de que el humano, reducido a una alimaña, sea capaz de dictar una “ortodoxia” a sus congéneres y la persecución penal de sus no creyentes, no siendo ya la especie elegida por Dios, libre y racional, sino un espécimen más de la Naturaleza en el Edén de especies protegidas, totémicas, sacralizadas, sin más motor que su ADN y su conductismo predeterminado.
De modo que Homo homini lupus se concatena, en el Reinicio, con Lupus homini deus.
No es de extrañar, por tanto, que un gobierno como el español, discípulo aventajado de la Agenda 2030 y manada de hombres lobo con su licántropo macho alfa a la cabeza, se blinde en su cubil contra los rebañiegos borregos mesteños arreados por rabadanes y mastines, a quienes, merced a sucesivas exacciones fiscales, va aumentado el control absoluto del pastor electrónico con todo tipo de tecnología cibernética —desde el rastreo informático y censura de opinión y expresión o videocámaras hasta artefactos (pseudo)nteligentes, e “Inteligencia Artificial” de conocimiento inducido o la inminente digitalización del euro… —, hacia el maquinismo absoluto, dictado por la maquinación de los Amos del Planeta, que no aspira a un superhombre con el concurso del robot sino a maquinizarlo y hacer de él un trans-humano ciborgénico, máquina robotizada, en fin.
Paradoja terminal, pues, de la autoprotección elitista del Gran Licántropo—que es ¡un máquina!, averiado, pero máquina— con la monitorización del común de los españoles, intercomunicadas entre sí, cual banda de Moebius, como el capitalismo filantrópico de los hombres lobo y el comunismo corporativo de los infrahumanos, sin solución de continuidad: la superficie de una única cara infinita que es la “Banda del Gobierno Global”.
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