01/09/2026 14:26
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Aitor Navas Expósito es un joven sevillano de 19 años, fundador y actual presidente de MEGA, asociación juvenil independiente comprometida con la defensa de los jóvenes, la historia de España, sus tradiciones y sus raíces cristianas. Profesionalmente, es agente inmobiliario y desarrolla su actividad en el sector de los bienes raíces.

En primer lugar, ¿me podría contar las últimas actividades de su apostolado juvenil Mega y de otras iniciativas en las que está inmerso?

Creo que hemos conseguido algo que vale más que muchas de las actividades que podamos organizar: después de más de tres años de trámites, dificultades y numerosas trabas administrativas, MEGA es finalmente una realidad jurídica. Hemos conseguido registrar oficialmente la asociación en el Ministerio del Interior.

Para nosotros esto tiene una enorme importancia. En España hacía falta una asociación juvenil que, siendo plenamente independiente de los partidos políticos, defendiera sin complejos los derechos fundamentales de los jóvenes, la unidad de España, nuestra historia y nuestras raíces cristianas. MEGA nace precisamente con esa vocación: ser una voz independiente, joven y comprometida.

Ahora comienza una nueva etapa. Organizaremos conferencias, debates, encuentros, actos culturales y diferentes iniciativas, pero nuestro objetivo fundamental seguirá siendo el mismo que nos ha acompañado desde el principio: defender a los jóvenes y ofrecerles un espacio desde el que puedan participar en la vida pública sin renunciar a sus principios.

¿Por qué, como joven, le preocupa la situación del Valle de los Caídos?

El Valle de los Caídos me preocupa porque, más allá de cualquier consideración política, estamos hablando de un lugar de enorme valor histórico, artístico y religioso. Allí se encuentra, además, una de las cruces monumentales más grandes del mundo.

Yo soy católico y mi relación con la fe viene desde muy pequeño. Recuerdo que, con apenas ocho años, era monaguillo en Santa Ángela de la Cruz y acudía todos los domingos a Misa con mi familia. Recuerdo también aquellas noches en las que, siendo un niño, rezaba y hablaba con Dios con una naturalidad que quizá solo se tiene durante la infancia.

Por eso, para mí, la Cruz del Valle de los Caídos no es simplemente una cuestión arquitectónica o política. Es también un símbolo de fe.

Y hay algo que considero fundamental: si de verdad queremos superar una guerra civil, no podemos pretender hacerlo reabriendo constantemente las heridas del pasado. La historia debe estudiarse, comprenderse y, cuando sea necesario, criticarse; pero no puede convertirse permanentemente en un instrumento de enfrentamiento entre españoles.

¿Por qué supondría una afrenta que lo resignifiquen los enemigos de Dios y de la patria, falseando la historia?

Porque la historia no puede modificarse en función de quién gobierne en cada momento. Podemos interpretar los acontecimientos desde perspectivas diferentes, pero no podemos cambiar aquello que sucedió para adaptarlo a una determinada ideología.

El problema de la llamada resignificación es que, si se hace desde una perspectiva partidista, existe el riesgo de convertir un lugar histórico y religioso en un instrumento de propaganda política.

Y creo que quienes quieren destruir o desvirtuar la Cruz del Valle deberían preguntarse algo muy sencillo: ¿qué sociedad construimos si cada generación pretende eliminar físicamente los símbolos de la anterior porque no comparte su significado?

No se trata de estar de acuerdo con todo lo ocurrido en nuestra historia. Se trata de aceptar que la historia de España es nuestra historia, con sus luces y sus sombras. No podemos construir un futuro sólido desde el odio permanente al pasado.

¿Sería en definitiva denigrar la Cruzada del 36 en defensa de la fe católica?

La Guerra Civil es uno de los episodios más complejos y dolorosos de nuestra historia reciente, y personalmente creo que hay que aproximarse a ella con respeto y conocimiento histórico.

Es evidente que la dimensión religiosa tuvo un enorme peso en el conflicto y que una parte fundamental del enfrentamiento estuvo vinculada a la persecución religiosa que sufrió la Iglesia. La historia de aquellos años no puede comprenderse ignorando esa realidad.
Ahora bien, yo no viví aquella época y, por tanto, no pretendo hablar desde una experiencia que no tengo. Mi responsabilidad como joven es estudiar nuestra historia y defender que pueda ser conocida sin manipulaciones.

Para mí, defender la Cruz no significa necesariamente convertirla en un arma política. Significa reconocer que la Cruz es, ante todo, un símbolo cristiano. Y precisamente por eso me parece preocupante que haya quienes quieran eliminarla simplemente porque no soportan lo que representa.

Y lo que es peor, sin que la Iglesia haya ofrecido la resistencia debida…

Yo no soy quién para decirle a la Iglesia cómo debe actuar. Como católico, considero a la Iglesia mi casa y siempre voy a defenderla.

Sí creo, sin embargo, que la Iglesia dispone de argumentos, presencia y medios suficientes para defender el carácter religioso del Valle y de su Cruz. Y personalmente me gustaría ver una defensa más firme de ese carácter.

Entiendo que la Iglesia busque tender puentes y que intente que quienes no comparten nuestra fe no la perciban como un enemigo. Esa estrategia puede tener su sentido pastoral y la respeto.

Pero también creo que hay momentos en los que los católicos debemos defender nuestra fe con claridad y sin complejos. La caridad cristiana no significa renunciar a nuestras convicciones. Se puede dialogar con todo el mundo y, al mismo tiempo, defender firmemente aquello en lo que uno cree.

¿Por qué debemos seguir rezando y combatiendo para que no se produzca esta atrocidad?

Porque un católico nunca debe olvidar que la oración es una de las armas más poderosas que tiene.

Yo lo viví personalmente cuando tenía doce años. Mi madre enfermó gravemente y durante un tiempo estuvo en una situación muy delicada. Yo era un niño: no era médico, no podía administrarle un tratamiento ni podía solucionar aquello por mis propios medios. Lo único que podía hacer era rezar.

Recuerdo perfectamente aquellas noches y aquellas horas en las que pedía a Dios que no se llevara a mi madre. Probablemente fue entonces cuando más recé en toda mi vida.
Por eso, cuando hablamos de defender algo que consideramos justo, creo que debemos hacerlo también desde la oración. Defender nuestras convicciones no significa recurrir a la violencia ni al enfrentamiento, sino participar en la vida pública, alzar la voz, argumentar, movilizarse pacíficamente y, sobre todo, pedir a Dios que nos dé fortaleza.

La Cruz no necesita odio para ser defendida. Necesita cristianos que no tengan miedo de reconocer lo que significa.

En cualquier caso la tendencia es que gran parte de la juventud se identifique más con el amor a la patria y su catolicidad que con ideologías disolventes…

Creo que estamos viendo un cambio generacional importante. Durante años se ha repetido que los jóvenes eran necesariamente progresistas, alejados de la religión y desconectados de cualquier sentimiento nacional. Yo creo que esa imagen ya no responde completamente a la realidad.

Cada vez encontramos más jóvenes interesados por la historia, por España, por nuestras tradiciones y también por la fe. Y, sobre todo, jóvenes que no sienten vergüenza de decir que son españoles y católicos.

En mi caso, además, he tenido la suerte de crecer en Sevilla, donde la fe se vive de una manera muy especial durante todo el año. Mi familia está profundamente vinculada a nuestras tradiciones religiosas y yo mismo soy hermano de la Hermandad del Cerro del Águila, de Nuestra Señora de los Dolores. La Semana Santa, el Rocío, las hermandades y la vida familiar me han enseñado que la fe no es únicamente una teoría: se vive.

Creo que Dios también actúa en la historia y que debemos mirar este despertar religioso con esperanza. Si conseguimos que una generación vuelva a acercarse a Dios, a la Iglesia y a sus raíces, estaremos dando un paso muy importante para el futuro de España

¿Le preocupa el tema de Ceuta y la pérdida de soberanía?

Por supuesto que me preocupa. Ceuta y Melilla son España y cualquier cuestión que afecte a su seguridad, a su población y a nuestra soberanía debería preocupar a cualquier español.

Me preocupa especialmente la presión migratoria que soportan ambas ciudades y la situación de vulnerabilidad que pueden experimentar quienes viven allí. No podemos normalizar que nuestras fronteras sean objeto de una presión permanente ni podemos pedir a los ciudadanos de Ceuta y Melilla que afronten solos problemas que corresponden al conjunto de España.

Creo que necesitamos una política fronteriza seria, firme y respetuosa con la legalidad. España tiene derecho a controlar sus fronteras, a garantizar su seguridad y a exigir que se respete su soberanía.

Y también creo que debemos evitar que este debate se convierta en una cuestión exclusivamente ideológica. Se puede defender una política migratoria exigente y, al mismo tiempo, mantener el respeto absoluto a la dignidad de las personas. Una cosa no está reñida con la otra.

Y el islam sigue siendo una gran amenaza para España, tierra de María Santísima…

Creo que debemos diferenciar entre las personas musulmanas, que merecen siempre respeto y dignidad, y determinadas corrientes políticas o fundamentalistas del islam que pueden ser incompatibles con principios fundamentales de nuestra sociedad.

España es una nación profundamente marcada por el cristianismo. Nuestra historia, nuestro arte, nuestras tradiciones y buena parte de nuestra identidad cultural están inseparablemente vinculados a la fe católica. Sevilla es un ejemplo extraordinario de ello. Por eso me preocupa que, bajo determinados discursos sobre el multiculturalismo, acabemos relativizando nuestra propia identidad. La convivencia es necesaria, pero convivir no significa renunciar a aquello que somos.

Debemos exigir que cualquier persona que viva en España respete nuestra Constitución, nuestras leyes, la libertad religiosa, la igualdad entre hombres y mujeres y todos los derechos fundamentales. Y debemos combatir con firmeza cualquier forma de radicalismo islamista.

Defender nuestras raíces cristianas no significa odiar a nadie. Significa saber quiénes somos.

¿Qué otros temas importantes preocupan a los jóvenes españoles?

Los jóvenes españoles tenemos problemas muy concretos que muchas veces quedan relegados por las grandes discusiones políticas: el acceso a la vivienda, la precariedad laboral, la dificultad para estudiar y trabajar al mismo tiempo, la emancipación tardía, la falta de oportunidades y la incertidumbre sobre nuestro futuro.

Pero creo que hay una preocupación todavía más profunda: muchos jóvenes sienten que España no les ofrece un proyecto de futuro.

Y ahí tenemos una responsabilidad. No podemos limitarnos a quejarnos. Tenemos que participar, organizarnos y defender aquello en lo que creemos.

Yo considero que nuestra generación está viviendo una especie de batalla cultural silenciosa. No una batalla contra personas concretas, sino una batalla por las ideas, por nuestra identidad, por nuestra historia y por el modelo de sociedad que queremos dejar a quienes vengan detrás.
Tenemos que recordar que muchas de las cosas que hoy consideramos normales fueron construidas y defendidas por generaciones anteriores. Nuestra obligación no es destruirlas gratuitamente, sino mejorarlas y transmitirlas.

Los jóvenes somos el futuro de España. Y yo quiero que ese futuro sea una España orgullosa de su historia, consciente de sus raíces cristianas, defensora de su unidad y capaz de ofrecer oportunidades a quienes vienen detrás.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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