
La presunta misión del Tribunal Constitucional (TC) es velar por la adecuación a la Constitución de todas las normas legales y reglamentarias, elaboradas por todos los gobiernos, parlamentos y entidades menores. Adicionalmente debe velar por la adecuación a la misma de las resoluciones ejecutivas y judiciales en casos concretos.
Pero hay varios problemas, a causa de los cuales no hace ese trabajo. Al contrario, garantiza que la Constitución no se cumpla.
Uno es que, el recurso de inconstitucionalidad contra las leyes y otras normas, está reservado a sujetos muy concretos, como el presidente del gobierno, los gobiernos autonómicos, el parlamento nacional y los autonómicos, y el defensor del pueblo. En suma, la zorra vigilando las gallinas. Y si, como en el caso de los estados de alarma, tarda más de un año en dictar sentencia, y no contempla sanciones para los culpables ni indemnizaciones para las víctimas, ya se podía meter en el c… las sentencias.
Otro problema gravísimo, probablemente el mayor, y que casi nadie conoce, es la criba que hace de los recursos de amparo. El recurso de amparo es el que puede plantear un ciudadano cuando una resolución del ejecutivo o del judicial viola sus derechos fundamentales. Esa criba deja fuera más del 99 % de las peticiones, porque sólo admite los recursos de amparo con “interés constitucional”, es decir, que sean novedosos y no los haya planteado nadie antes.
Eso significa, realmente, que las violaciones más comunes, las que las administraciones y juzgados hacen de modo sistemático y habitual, quedan fuera de protección.
Resumiendo, que el TC es, en realidad, el garante de la violación sistemática y habitual de nuestros derechos y libertades por los poderes ejecutivo y judicial. El garante de su impunidad y de nuestra indefensión.
Y como para ese viaje no hacen falta alforjas, sugiero que se disuelva, antes de que la masa se entere, y además de la disolución pida cuentas de las obras de sus miembros, por fraude y complicidad.
Porque ya lo dijo Ortega y Gasset, la masa sólo sabe actuar de un modo.
No les recomiendo que lo comprueben.
Autor

- Guerrillero insurgente. El sistema lo describe como negacionista, conspiranoico, anticientífico, egoísta e insolidario. Él se cisca en el sistema y no ceja esfuerzos para derribarlo. No usa trabuco, pero a su ordenador lo llama “La MG-42”.
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