04/11/2026 13:29

Pese a que los medios de comunicación rara vez lo mencionen y, por desgracia, a la mayoría le traiga sin cuidado, la «normalización» de las faltas de ortografía es un síntoma de decadencia (otro más) que merece atención[1]. Una muestra de negligencia y desidia que es también una falta de respeto hacia los demás y hacia uno mismo, y que denota, por lo tanto, una enfermedad moral.

Como es evidente y notorio, las faltas de ortografía son algo habitual en los mensajes de whatsapp y correos electrónicos en al ámbito privado, pero las vemos igualmente en periódicos, foros de internet y pancartas destinados al público. Al fin y al cabo, esta plaga afecta tanto al vulgo como a la casta dirigente; a los políticos, a los periodistas, a los intelectuales y a los «creadores de contenido en redes», y, como es lógico, quien se expresa con descuido o negligencia en el ámbito privado y no es capaz de escribir correctamente cuando se dirige a un ser querido o próximo difícilmente lo hará bien cuando se dirija a un desconocido o a una multitud.

El caso es que, paseando por la calle Alcalde Sainz de Baranda, tuvimos la ocasión de leer las dedicatorias a Maricarmen frente al portal de su antigua casa. Algunas cargadas de afecto, demasiadas cargadas de odio, y casi todas cargadas de faltas de ortografía; entre otras:

– «Soy un jovén al que has dado fuerza y coraje. Gracias». (sic)

– «Ojala; todas las personas, que le han hecho, sufrir lo pagen por ser inumanos». (sic)

– «Te lucharemos siempre»[2]. (sic)

– «Gracias Maricarmen tu lucha no qaerá en saco roto». (sic)

Frases sin un resquicio libre donde no se atente contra la gramática y la ortografía[3], a las que debemos añadir muchas más en las que se evidencia la manipulación partidista y se legitima la violencia contra quienes la izquierda señala como «culpables»; así:

– «Gracias Mª Carmen por despertar a los votantes de izquieras». (sic)

– «Maricarmen no ha muerto. La asesinó Urbagestión». (sic)

– «No son muertes son asesinatos». (sic)

– «Ni olvido ni perdón».

– «Y si nos sigen matando okuparemos el cielo». (sic)

– «Que los que matan se mueran de miedo».

– «Maricarmen es el ejemplo a seguir. Nos librará de los fascistas».

–  «Maricarmen, te arrebataron hasta la vida».

– «Ojalá tu fantasma no les deje en paz».

– «Maricarmen no murió, la mataron».

– «Maricarmen fue la chispa, nosotras seremos la hoguera».

– «Maricamen tú empezaste la lucha nosotros la seguiremos». (sic)

Expresiones que, con absoluta precisión y escandalosa vigencia, nos devuelven aquellas palabras de Ivan Bunin hace poco más de un siglo: «Las paredes de la ciudad están llenas a rebosar de semejantes llamamientos (a la violencia). En ellos, como en los diarios, no hay más que absurdas groserías, que sirven de testimonio de la verdadera y horrible naturaleza de estos brutos»[4].

A las que podemos sumar otras muchas que cabría denominar «faltas performativas de nueva realidad», muy visibles en la acampada de Sol:

– «¡Atención de 19:00 a 7:00 intenta no cruzar si no eres acampadx!».

– «Vivienda digna. Casas para todxs».

– «Un desalojo, otra okupación».

– «Frente a su especulación, okupación».

Pero que también –y esto es más grave– se difunden con categoría de norma en los centros «educativos». Y si a alguien le parece difícil de creer, reproducimos íntegramente el mensaje remitido por la dirección de un instituto de Madrid a su claustro de profesores el día 14 de octubre de 2026:

«El Sindicato de Estudiantes ha convocado huelga indefinida (en apoyo a la Huelga del personal docente), y consideramos adecuado recordar algunas indicaciones para atender a nuestro alumnado.

1º. El alumnado con derecho a Huelga es de 3º de ESO a 2º de Bachillerato (el alumnado de 1º y 2º de ESO no puede ejercer este derecho).

2º. Es un derecho de carácter individual. La normativa exige a los Centros que el alumnado se pronuncie sobre la convocatoria. De manera habitual, en el IES xxx optamos por la convocatoria de una Junta de Delegados que avale la convocatoria de Huelga en el Centro, como nos marca la normativa (aunque, dado el carácter del Derecho, pueden ejercerlo de manera individual independientemente del aval con el que cuente en el propio Instituto).

3º. Tal y como está recogido en el Proyecto Educativo de Centro (PEC) (Apdo. 15. Anexo IV; informado al profesorado en el documento «Aquí cabemos todxs»), se recomienda al profesorado no realizar exámenes, controles o pruebas los días que sean convocadas legalmente huelgas para el alumnado. En el caso de realizarse alguna de estas actividades, deberán ser repetidas para el alumnado que haya secundado la huelga, o establecer algún método alternativo de evaluación (dependiendo de la materia y el momento de la ausencia por este motivo).

Esperando que esta información pueda ser de utilidad para todo el Claustro.
Saludos,

Cuenta oficial del instituto en cuestión». (sic)

Centros «educativos» que, como vemos, no sólo otorgan una legitimidad que no tiene a la organización ultraizquierdista «Sindicato de Estudiantes» como si representara a los estudiantes en su conjunto, sino que, en las propias directrices dadas a los profesores, emplean ese nuevo lenguaje que el Partido impone para «transformar la realidad» a su gusto.

Es más, el propio lema «Escuela pública de tod@s para tod@s», exhibido en las camisetas de la llamada «marea verde», responde exactamente al mismo espíritu sectario: señalar al que no va uniformado y excluir a quien no pasa por el aro del mal llamado «lenguaje inclusivo». Y, si alguien pretende convencernos de que la «marea verde es plural» y no un tentáculo más del Gobierno socialista y asociados, baste recordar que el término «marea» fue acuñado por la extrema izquierda para apropiarse de una popularidad de la que carece. Véase la coalición comunista-separatista gallega En Marea o la denominada «marea blanca», secuestradora de la representación de la Sanidad pública mediante la fórmula de identificar a la izquierda como defensora de lo público y, por extensión, garante del «Estado del Bienestar»; aunque el «Estado del Bienestar» ya no exista, fundamentalmente, por las políticas zurdas. Ya está bien de olvidos selectivos y de tomar a todos por idiotas amparándonos en los famosos «recortes», como si estos no hubieran sido inaugurados por Zapatero en 2010 tras llevar al país a la quiebra[5].

Por cierto, según me informa una joven que reconoció a una antigua profesora en las imágenes de televisión del «escrache» contra Ayuso –con pelo cortado a hachazos a lo nekane–, resulta que la interfecta obligaba a sus alumnos a llamarla «profa» en vez de profesora o «profe» para «reivindicar a la mujer empoderada y rebelde frente a la heteronormatividad». Por si no bastaba el repertorio de jetas criminales entre los manifestantes verdes –que sin duda harían las delicias de Cesare Lombroso– para desmentir esa patraña de que «somos docentes, no delincuentes», coreada por los «pacíficos» activistas cuando la Policía intentaba romper el cerco para que los sitiados pudieran salir de su encierro forzoso[6]. Como si la llamativa abundancia de piercing en narices, orejas y labios, tatuajes, coletas, crestas, puños en alto y pañuelos palestinos dejasen algún resquicio de duda. Como si las camisetas amarillas proclamando «educadora en lucha», las capuchas, el aspecto desaseado, las pancartas con el logo del sindicato de estudiantes (un puño cerrado con un lápiz), o los cánticos «Ayuso, escucha, la pública está en lucha» permitiesen albergar alguna duda sobre quiénes son los movilizados y por qué.

Lo más curioso es que todavía quedan biempensantes que se niegan a aceptar que, en el Madrid gobernado por Isabel Díaz Ayuso, los equipos directivos de los centros públicos han allanado el camino a la huelga. O, dicho de otra manera, han situado el «derecho a no ir a clase» por encima del deber de estudiar. Y el cuerpo de inspectores mirando para otro lado una vez más, porque la nueva consejera de Educación –como el anterior consejero, y el anterior, y el anterior, y todos los que han ocupado ese cargo desde Lucía Figar– no han querido ni quieren saber, porque entonces no les quedaría más remedio que reconocer el problema y tendrían que afrontarlo. Y eso, como bien sabemos, es lo que jamás hará el PP, esa panda de comodones inútiles.

Y dicho esto, cuando el equipo de orientación de un instituto es capaz de remitir una circular interna a los tutores en la que, aparte de la jerga absurda, vacua y oscura habitual[7], se encuentra uno con el término  «disléxia» –¡sí, han leído bien, con tilde en la «e»!– sin que nadie del departamento –el más nutrido en ese instituto y en la mayoría– se haya percatado de semejante dislate, es que nos hallamos ante un problema verdaderamente serio y generalizado que empieza por el analfabetismo de los docentes, sigue con el de los alumnos y, por desgracia, afecta también a los padres.

Eso sí, todos a tope con el coordinador de bienestar del centro, el AMPA y el equipo de convivencia y autogestión, «dejándonos la piel por los chicxs» para que tengan una «mirada crítica», pero siempre «correcta», coincidente y uniforme; que aprueben «por competencias» y «proyectos»[8] sin tener que estudiar ni saber una castaña; que estén «comprometidos» contra el «cambio climático», el    «heteropatriarcado», la «heteronormatividad» y lo «hetero» en general y, sobre todo, que sean «ciudadanos del futuro» que conozcan y usen bien «conceptos fundamentales» como «resiliencia», «techo de cristal», «veganismo», «androcentrismo», «sororidad», «empatía», «brecha salarial»,  «solastalgia», «perspectiva de género», «sostenibilidad», «colapso climático», «transformacional», «no binario», «gobernanza», «salud reproductiva», «nuevas masculinidades», «relaciones tóxicas», «lenguaje sexista», «interseccionalidad», «micromachismos», «microagresiones», «apropiación cultural», «espacios seguros», «gay friendly», «pet friendly», etcétera. ¿Que después de diez años de enseñanza obligatoria (seis de primaria y cuatro de secundaria) los chavales no saben sumar ni dividir, ni ponen tilde a las esdrújulas, ni entienden lo poco que leen? ¡A quién le importa! Lo fundamental es que «todos, todas y todes» se empapen bien de esa jerga venenosa destinada a encizañar con narrativas de opresores contra oprimidos[9]… y voten lo que deben.

NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO

[1] «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».

[2] Con total seguridad, no se trata de un guiño a Lorca, cuando Bernarda Alba dice “Me vais a soñar”. (La casa de Bernarda Alba, acto segundo, Editorial Cátedra, 2009, p. 220). Ni al Max Aub mejicano del “Me nacieron en un tiempo que…”  (Crímenes ejemplares, Ediciones del vigía, 2024, p.101).

[3] Saltan a la vista errores flagrantes: “jovén”, “ojala”, “pagen”, “inumanos”, “qaerá”, pero no menos graves –y mucho más extendidos– son los errores de puntuación: desde no poner ni una coma a sembrarlas al azar. Por no hablar de ese “clásico” en pintadas y pancartas: la ausencia de coma para indicar el vocativo.

[4] Días malditos, Editorial Acantilado, Barcelona, 2007, p. 210.

[5] Noticia del 12 de mayo de 2010: https://www.elimparcial.es/noticia/63165/economia/estos-son-los-once-recortes-que-ha-anunciado-zapatero-contra-el-deficit.html

[6] Vídeo publicado por Vozpópuli el 19 de octubre: https://www.youtube.com/watch?v=UzLTElPR8r8

[7] Dándose importancia tras el escudo de una neolengua pseudotécnica; bien parapetados tras multitud de acrónimos: ACNEE (alumno con necesidades educativas especiales), DEA (dificultades de aprendizaje), TEL (Trastorno del lenguaje), PAT (plan de acción tutorial), PT (pedagogía terapéutica), PTSC (profesor técnico de servicios a la comunidad), etcétera, o bien “detectando” o dando pábulo a misteriosas pseudopatologías de nuevo cuño como la “discalculia”, la “memoria de cristal” o la “disortografía” y otras más o menos difusas como la “hiperactividad” o el “déficit de atención”, convertidas en comodín para miles de alumnos incapaces de terminar nada de lo que empiezan porque, como sus padres y profesores, se pasan  el día con el dichoso móvil. Toda una farsa, en definitiva, que permite al sistema dar la apariencia de que se “atiende la diversidad” –esa pantomima de “no dejar a nadie atrás”–; que satisface a lo padres porque les exime de cualquier responsabilidad en la educación de sus hijos; y que malea a  chavales perfectamente sanos que disculpan su pereza y falta de esfuerzo echando la culpa a un mal externo.

[8] Actividades en equipo que sustituyen las clases por talleres de manualidades pensados para subir la nota de los alumnos y, sobre todo, para reducir el número de suspensos. Porque, de nuevo, lo que cuenta es la estadística, y si la realidad  es incómoda, se maquilla.

[9] Léase: Biff  Baker, “Orwell’s 1984 revisited: woke vocabulary, incivil discourse” (Revisando 1984 de Orwell: vocabulario woke, discurso incivil), Metropolitan State University of Denver, abril de 2024. https://www.researchgate.net/publication/379959833_La_revision_de_1984_de_Orwell_Vocabulario_despierto_y_discurso_incivilizado_Orwell’s_1984_Revisited_Woke_Vocabulary_Uncivil_Discourse

El modus operandi siempre es el mismo: mentira y violencia. Victimización para justificar la agresión.

Autor

Filipides
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