- España se impone 4-1 a Croacia en Sevilla en una noche que vuelve a llevar el nombre de Lamine Yamal a primer plano. El extremo marca dos goles, participa decisivamente en otro y convierte el partido en una demostración de talento, velocidad y descaro.
La campeona del mundo se encontró con el empate de Beljo, pero respondió de inmediato con Pubill, volvió a castigar en la segunda parte con otro gol de Lamine y cerró la fiesta con Nico Williams.
Hay futbolistas que juegan bien y futbolistas que alteran la geometría de un partido. Lamine Yamal pertenece a la segunda categoría. España necesitó apenas dos minutos para que el Sánchez-Pizjuán entendiera que la noche iba a girar alrededor de él.
El primer gol nació, además, de una declaración de principios. España encadenó 25 pases durante unos 70 segundos antes de encontrar el espacio definitivo. La pelota pasó de un jugador a otro hasta que Álex Baena conectó con Fermín, Fermín prolongó hacia la derecha y apareció Lamine. El azulgrana controló la situación con una naturalidad insultante y soltó un zurdazo pegado al poste para batir a Livaković. Era el 1-0 en el minuto 2. También el gol más rápido de la actual Nations League.
No fue solamente la velocidad de la definición. Fue la sensación de que España había encontrado muy pronto el lugar desde el que quería jugar: arriba, con circulación rápida, movilidad permanente y jugadores capaces de acelerar la jugada en el instante exacto.
Croacia, sin embargo, no vino a contemplar el homenaje al campeón mundial. Perisic encontró un espacio para centrar desde la izquierda y Dion Beljo apareció en el área para cabecear el empate en el minuto 28. Durante unos minutos, España tuvo que volver a empezar.
La respuesta fue inmediata y volvió a tener la firma de Lamine.
En el minuto 31, el extremo azulgrana ejecutó un saque de esquina en corto, recibió de nuevo el balón y puso un centro magnífico con la derecha. Marc Pubill atacó el envío con decisión y cabeceó al fondo de la portería. España recuperaba la ventaja tres minutos después del empate y, sobre todo, demostraba que no necesitaba atropellar a Croacia para seguir generando peligro: también podía desarmarla con pausa, precisión y movimientos perfectamente coordinados.
El 2-1 cerró una primera parte en la que España tuvo el control territorial y futbolístico durante muchos minutos. Croacia encontró la manera de hacer daño en una acción concreta, pero le costó mucho más construir ataques prolongados. El equipo de Luis de la Fuente podía alternar posesiones largas con cambios de ritmo, y ahí volvió a aparecer una diferencia decisiva: España tenía más recursos para romper el partido.
La segunda mitad perdió parte de la electricidad inicial. Croacia bajó sus líneas y España pareció administrar durante algunos minutos una ventaja que todavía exigía cuidado. Hasta que Pedri encontró el pase que abrió otra vez la puerta.
Corría el minuto 63 cuando el centrocampista filtró una pelota hacia el área. Pubill dejó pasar el balón y Lamine apareció detrás de él para recogerlo. Dos toques después, disparó al primer palo y volvió a superar a Livaković. Doblete. 3-1. El partido empezaba a adquirir una dimensión individual evidente: Croacia había tenido que convivir durante más de una hora con un jugador al que no consiguió aislar ni controlar.
Yamal no necesitó siquiera completar el encuentro para firmar una noche monumental. En el minuto 68, De la Fuente decidió retirarlo junto a Baena y dio entrada a Nico Williams y Víctor Muñoz. Su trabajo estaba hecho. Dos goles, una asistencia directa a Pubill y una participación constante en la construcción ofensiva.
Pero España todavía tenía una última palabra.
Nico Williams, recién incorporado y cada vez más protagonista en el tramo final, recibió el balón, se adentró en el área y cruzó su disparo hacia el segundo palo en el minuto 89. Livaković no pudo hacer nada. El 4-1 terminó de convertir una victoria trabajada en una goleada incontestable.
El resultado dice mucho de España, pero dice todavía más de la manera en la que está creciendo este equipo. No necesita un partido perfecto para imponerse. Puede empezar arrasando, recibir un golpe y responder inmediatamente; puede dominar con la pelota o acelerar con espacios; puede apoyarse en Fabián para gobernar y en Yamal para incendiar cualquier defensa.
Croacia, con Luka Modrić todavía como referencia y con jugadores capaces de competir a alto nivel, no consiguió sostener durante noventa minutos la amenaza que había insinuado con el empate. España encontró una y otra vez los caminos para volver al área.
Y en el centro de todo estuvo Lamine.
Hay noches en las que un joven talento juega un gran partido. Y hay noches en las que parece que el partido ha sido diseñado para que ese talento se manifieste. Esta fue de las segundas.
A sus espaldas ya queda la exhibición de Wembley. Delante, una selección que acaba de proclamarse campeona del mundo y que sigue jugando como si todavía tuviera algo que demostrar. El mensaje en Sevilla fue sencillo: el Mundial no ha saciado a España.
Y Lamine Yamal, desde luego, tampoco parece dispuesto a bajar el ritmo.
España 4-1 Croacia. Y la noche, una vez más, tuvo dueño.
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