17/09/2026 13:10
  • El exministro estudia Derecho, prepara un libro sobre su condena, mantiene correspondencia con presos y ciudadanos anónimos y recupera los episodios de su gestión que todavía conserva como activo político

José Luis Ábalos ya no tiene despacho ministerial, escaño ni estructura orgánica desde la que influir en el PSOE. Tiene, en cambio, tiempo. Y lo está utilizando para algo que puede resultar bastante más incómodo para quienes pretendían pasar página: construir desde Soto del Real su propio relato sobre la caída que lo llevó desde la primera línea del Gobierno de Pedro Sánchez hasta prisión.

Condenado por el Tribunal Supremo a 24 años y tres meses por los delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias, el antiguo secretario de Organización del PSOE ha convertido la cárcel en un espacio de estudio, lectura y escritura. Su defensa, además, ha presentado un incidente de nulidad contra la sentencia.

Pero hay algo más. Ábalos mantiene una intensa correspondencia con internos de otros centros penitenciarios y con ciudadanos que, sin formar parte de su círculo político, han decidido escribirle. Unos le ofrecen apoyo; otros le reprochan que todavía no haya contado todo lo que sabe y le reclaman expresamente que «tire de una vez de la manta».

Para el PSOE, el problema no es únicamente que Ábalos continúe hablando. Es que está empezando a disponer de un relato propio, ajeno al control de Ferraz y construido desde una posición desde la que cualquier acusación o revelación adquiere una especial carga política.

El antiguo número tres que se niega a desaparecer

Ábalos fue uno de los hombres fundamentales de Sánchez durante la primera etapa de su Gobierno. Ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, tuvo un papel central en la estructura política que acompañó al presidente desde la moción de censura de 2018.

Su condena constituye la primera sentencia firme de gran alcance vinculada a la trama que ha golpeado al entorno del Gobierno socialista y ha marcado también la trayectoria de otros dirigentes, entre ellos Santos Cerdán. El Supremo consideró probados delitos relacionados con adjudicaciones de mascarillas durante la pandemia y otros beneficios obtenidos por el exministro.

El PSOE reaccionó a la sentencia asegurando que había actuado contra Ábalos y que acataba el fallo, aunque Patxi López calificó posteriormente de «desproporcionada» la condena.

La distancia política entre ambas partes, por tanto, está consolidada.

Ahora Ábalos vuelve a adquirir capacidad para condicionar el relato sin necesidad de ocupar ningún cargo.

Un libro, una defensa y muchas preguntas

Buena parte de sus jornadas transcurre en la biblioteca de Soto del Real. Allí ha retomado los estudios de Derecho, lee obras literarias y de actualidad política y trabaja en las primeras notas de un libro centrado en su causa judicial y en los episodios políticos que vivió durante sus años en el poder.

El proyecto tiene una importancia evidente para su futuro relato público. Ábalos prepara su versión de los acontecimientos con una perspectiva que nadie en Ferraz puede controlar: la del protagonista que estuvo dentro.

También ha mostrado interés por obras directamente relacionadas con la política española. Entre ellas figura El Manual, de Iván Redondo, antiguo asesor de Sánchez con quien Ábalos coincidió en el primer Gobierno socialista posterior a la moción de censura.

La escritura, por ahora, se hace a mano. Sus notas pasan posteriormente por su abogado, Marino Turiel, que las transcribe para que el exministro pueda revisarlas y continuar trabajando sobre ellas.

No es una cuestión menor. Cada página supone otra oportunidad para reconstruir cómo funcionaba aquel Gobierno desde dentro, qué relaciones de poder existían y cómo interpreta hoy Ábalos su propia caída.

El taxi, un legado que todavía puede movilizar

A ese relato judicial se suma otro de carácter político: su etapa al frente de Transportes.

El próximo 28 de septiembre se cumplirán ocho años de la aprobación del Real Decreto-ley 13/2018, conocido como «decreto Ábalos», que modificó el régimen de las VTC y trasladó a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos buena parte de las competencias sobre su regulación urbana, estableciendo además un periodo transitorio.

Aquella decisión convirtió a Ábalos en una figura reivindicada por parte del sector del taxi y continúa formando parte del legado que sus antiguos colaboradores y determinadas organizaciones profesionales asocian a su paso por Transportes.

Desde prisión, el exministro prepara ahora la reivindicación de algunos de esos episodios. El movimiento permite que su figura vuelva a escapar del terreno estrictamente judicial y entre en el debate sobre su gestión política.

Y ahí reside una de las dificultades para el PSOE: Ábalos puede intentar recuperar una identidad propia más allá de la etiqueta que hoy acompaña inevitablemente a su nombre.

Cartas que pueden convertirse en otro altavoz

Las cartas que recibe en Soto del Real muestran hasta qué punto su situación sigue despertando interés fuera de los círculos políticos.

Hay mensajes de apoyo, consejos personales y testimonios de otros internos. También reproches. Algunas personas le piden que hable más y otras simplemente intentan ayudarle a soportar su estancia en prisión.

Una mujer de 89 años, Ana, le escribe desde Valencia para transmitirle afecto. Otro interno, Álvaro, le recomienda apartarse del ruido exterior, caminar y no vivir permanentemente pendiente del pasado. Nuria, desde Lérida, le recuerda una frase evangélica: «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra».

El contenido de estas cartas no demuestra por sí mismo ninguna estrategia política. Pero sí revela algo importante: Ábalos conserva interlocutores y, sobre todo, conserva una historia que otros quieren escuchar.

Un nuevo problema para la estrategia de Sánchez

El Gobierno y la dirección socialista llevan meses tratando de separar su actual etapa política de quienes protagonizaron los escándalos que han golpeado al partido. La sentencia contra Ábalos permitió a Ferraz insistir en que el exministro ya no formaba parte de la organización y que el partido había actuado contra él.

La cuestión es que Ábalos no parece dispuesto a desaparecer del relato.

Ya en mayo había utilizado su posición desde Soto del Real para acusar a José Luis Rodríguez Zapatero de haberle «puenteado» en relación con el rescate de Plus Ultra y denunció lo que calificó como un «doble rasero» dentro del PSOE.

Ahora prepara un libro, mantiene correspondencia, estudia su defensa y recupera episodios de su gestión ministerial.

Todo ello puede dificultar la pretensión socialista de convertir su figura en un capítulo cerrado. Cada nueva aparición de Ábalos obliga a volver sobre el periodo en el que fue uno de los hombres de confianza de Sánchez y sobre las decisiones que tomó desde el corazón del Gobierno.

No significa que vaya a producir nuevas revelaciones ni que tenga capacidad para alterar por sí solo los planes del Ejecutivo. Pero sí que dispone de algo que para Moncloa puede resultar especialmente incómodo: tiempo para hablar y libertad para construir su propia versión de lo ocurrido.

Desde Soto del Real, el antiguo número tres del PSOE prepara así una segunda vida pública. Esta vez no desde un despacho, sino desde el otro lado de los barrotes.

Autor

Redacción
Redacción
Suscríbete
Avisáme de
guest
0 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.