16/09/2026 09:45
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Tras casi una década de sistemático y destructivo ejercicio del poder por parte del sanchismo, la cartografía del desastre español no admite paños calientes ni eufemismos de compromiso. Lo que ha padecido nuestra Nación no es una mera alternancia partidista afortunada o desafortunada, ni un simple periodo de desacierto económico y tensión parlamentaria; ha sido una auténtica operación de demolición controlada y canibalización sectaria contra los fundamentos mismos del Estado de Derecho. Localizados y tipificados los males, evaluado el espesor de la carcoma y constatada la ruina de nuestras instituciones, la pregunta que urge formular con gravedad y sin amnesia no es si el edificio amenaza ruina, sino algo sustancialmente más pavoroso: ¿existe en las élites políticas, sociales y de la supuesta oposición la determinación moral y la voluntad de hierro para reconstruir España desde sus raíces?

El balance de estos ocho años de arbitrariedad criminal es un inventario desgarrador. No ha quedado estamento, contrapeso ni organismo vertebrador que no haya sido colonizado, maniatado o denigrado por el absolutismo de Moncloa. En el estrecho embudo de una tragedia donde se ha pretendido normalizar la traición como praxis cotidiana, las embestidas han sido transversales y encarnizadas.

Ha sido agredida la Jefatura del Estado, vilipendiada y boicoteada sistemáticamente cuando ha ejercido su deber constitucional de garante de la soberanía y la integridad territorial. Ha sido acorralada la Justicia, blanco favorito de una cohorte de ministros reos de soberbia que tildan de «salvapatrias» a los magistrados del Tribunal Supremo mientras pervierten el Tribunal Constitucional como un apéndice de rescate y blindaje de sus impunidades. Han sido minadas las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, vendidas a trozos en la almoneda del separatismo, despojadas de autoridad moral en nuestras fronteras y sacrificadas ante los chantajes geoestratégicos de potencias extranjeras.

Conocemos las anomalías, sabemos qué organismos han sido dañados y qué engranajes han sido sustituidos por comisarios políticos al servicio del régimen. Sin embargo, el estancamiento y la parálisis nacional no obedecen únicamente a la malignidad del desgobierno criminal usurpador por fraude electoral demostrado, sino al calculado acomodamiento de quienes estaban llamados a liderar la alternativa. En el estrecho margen en que la supervivencia misma de la España constitucional se bate en duelo con el abismo, asistimos al espectáculo abyecto de una oposición del PP que prefiere el cálculo táctico, la tibia tibieza parlamentaria y la preservación del status quo antes que una ofensiva institucional implacable.

Observamos la complicidad por omisión, la incapacidad de invocar las cláusulas de salvaguarda nacional y la aterradora cobardía de quienes no se atreven a mirar de frente la gravedad del momento. No se puede reconstruir un edificio cuyos cimientos han sido minados jugando con las mismas reglas de corrupción que emplearon los demoledores. No se puede sanar España aplicando paños calientes al cáncer de la partitocracia.

Ante un infierno institucional donde la soberanía, la verdad y la dignidad colectiva amenazan con ser abrasadas por completo, la pregunta exige una respuesta taxativa y sin máscaras: ¿existen hombres de Estado en la Jefatura del Estado, el Ejército, las Fuerzas de Seguridad edel Estado, la judicatura etc. con el valor, la estatura moral y la independencia conceptual necesarias para unificar las fuerzas vivas de una Nación histórica  y extirpar de raíz esta pesadilla? ¿O estamos ante una clase política en su totalidad parasitada por complejos, donde la única ambición del relevo es heredar los escombros para administrarlos en beneficio propio?

El tiempo de la cosmética partidista y la retórica de salón ha expirado. La reconstrucción de España no vendrá de la mano de gestores pusilánimes que temen el juicio de la historia más que el juicio de las urnas, sino de un levantamiento ético, legal y doctrinal incuestionable. Porque cuando la integridad de la Patria y la propia existencia de la Nación están en juego, la falta de voluntad no es una simple deficiencia de programa: es la forma más ruin de la alta traición. Y la verdad, sin concesiones, terminará pasando factura.

RES NON VERBA

Ignacio F. Candela

Con la Ley en la mano: Vayan a por Pedro Sánchez. Por Ignacio Fernández Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.

Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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