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La España conjunta de la valentía y el arrojo histórico debería actuar frente al criminal de La Moncloa. La responsabilidad de actuar contra el enemigo que preside España debería recaer en un Partido Popular que ofende tras sus coherentes discursos frente a la iniquidad del desgobierno criminal, con la inacción cuando puede activar el artículo 102 de la Constitución.
Si en esos discursos se mantiene la acusación de traición contra España, de modo meridianamente claro, ¿porqué no se actúa en consecuencia para paliar este infierno que puede ir a mayores cuando Ceuta está a punto de reventar estando en el punto de mira de las hostilidades marroquíes consentidas y facilitadas por el presidente traidor?
Mientras la ciudad autónoma de Ceuta se asfixia en un infierno de desprotección, presión fronteriza e indefensión estructural, los ceutíes, abandonados a su suerte por un Estado que debería custodiarlos, contemplan con desesperación la ausencia total de auxilio oficial. La respuesta de la cima del Ejecutivo ante la quiebra de la seguridad nacional y la angustia de miles de compatriotas no ha sido el despliegue de emergencia ni la firmeza institucional, sino la promoción pública de sus listas de reproducción musicales. Una recomendación estival aderezada con esa sonrisa congelada y distante que ya no sugiere cálculo político, sino una desconexión absoluta con la realidad y la gravedad del cargo que ostenta.
La escena cruza la frontera de la negligencia administrativa para adentrarse en el terreno del extravío moral. Presentar selecciones musicales en redes sociales mientras la soberanía nacional se resquebraja en el Norte de África no es un mero error de comunicación; es el síntoma de una patología de poder que contempla el sufrimiento ajeno con fría indiferencia. Del desalmado y de cuantos le rodean. La gesticulación histriónica y la frivolidad impostada del presidente del Gobierno ratifican una desconexión que indigna a los ciudadanos de bien: la de quien actúa sin conciencia, ajeno al deber inalienable de protección que exige la Constitución (Art. 8.1 CE) y la más elemental decencia humana.
España padece la condena de un liderazgo incapaz de empatizar con el dolor y el riesgo de su propio pueblo. Cuando la soberanía se negocia en la sombra y la indefensión de Ceuta se convierte en moneda de cambio o desidia burocrática, el espectáculo de un gobernante abismado en su propio egocentrismo adquiere tintes de emergencia nacional. Quien responde con entretenimiento de saldo al clamor desesperado de una provincia agredida demuestra no estar a la altura de la dignidad de una Nación. Ante la frivolidad patológica y la traición a los deberes de custodia, a la sociedad civil y a las instituciones de custodia solo les queda un camino: la verdad sin concesiones y la exigencia innegociable de responsabilidades.
La inacción de mantener las riendas del Estado en manos de quien acumula sospechas fundadas de criminalidad y alta traición, con la certeza latente de haber facilitado operativamente la invasión de Ceuta, supone un peaje devastador para la viabilidad de la Patria. Dejar la cadena de mando sometida a la arbitrariedad de un Ejecutivo bajo sospecha no solo fractura la seguridad jurídica y el orden constitucional, sino que desarma moral y logísticamente a quienes tienen el deber sagrado de defendernos. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas son empujadas a una neutralización forzosa, atadas de pies y manos ante la agresión exterior mientras observan cómo se deconstruye la soberanía nacional desde los propios despachos de la Moncloa.
Este abandono sistemático y la complicidad con potencias extranjeras sitúan a España en un escenario de vulnerabilidad extrema, exponiendo al territorio nacional al riesgo inminente de un atentado masivo o un zarpazo asimétrico de consecuencias irreparables. Cuando se abren las puertas de la frontera sur a miles de efectivos sin filiación ni control, y se ignora deliberadamente la penetración de estructuras hostiles en el corazón de nuestras ciudades, la negligencia deja de ser una hipótesis para convertirse en colaboración necesaria. La factura de este delirio institucional no se mide en desgaste político, sino en la amenaza directa a la vida, la integridad y la supervivencia de todo el pueblo español.
RES NON VERBA
URGENTE: Ceuta en un estado de guerra no declarada. Por Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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