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Hay nombres que encarnan la incómoda trinchera del deber. El subinspector de Policía Alfredo Perdiguero es uno de ellos: un servidor público que ha hecho de la defensa incondicional de la legalidad, la honra institucional y el amor a España su bandera innegociable. Su violento atropello cuando regresaba de su jornada laboral a bordo de su motocicleta, dejándolo en la UCI, abre un interrogante que va más allá de lo meramente fortuito.
A la espera de que los peritajes dictaminen la mecánica exacta del suceso, la prudencia no debe anestesiar la sospecha legítima. Quien dedica su vida a señalar al delito, desarticular la impunidad y plantar cara a los enemigos de la nación se adentra inevitablemente en un terreno minado de rencores. La vulnerabilidad sobre dos ruedas es bien conocida por la criminalidad: en el asfalto, el margen para la maniobra sutil o la emboscada disfrazada de accidente es aterradoramente amplio.
Esta sospecha no nace del alarmismo, sino de la amarga certidumbre de la experiencia. Sé en carne propia lo que significa que la venganza busque ropajes de lance de tráfico. Durante la batalla pública que libré contra un avispero de codicias y latrocinios en defensa de inocentes, fui víctima de un atropello orquestado por un sicario que aguardó el instante preciso para embestirme contra un vehículo tras provocarme previamente. Se dio a la fuga después de embestirme cuando me subía a mi moto. Conozco el rostro de quien utiliza la carretera como arma cobarde cuando se ve acorralado por la verdad.
España atraviesa un tiempo convulso donde alinearse con la ley, la justicia y la dignidad exige un valor desmedido. Sea cual sea la causa final de este siniestro, la realidad es que los hombres libres e íntegros caminan con una diana a la espalda. La recuperación de Alfredo Perdiguero no es solo una batalla médica: es una causa moral para todos los españoles de bien que se niegan a que la valentía sea arrinconada por la sombra de la intimidación.
No hace falta más que repasar la hemeroteca de sus batallas profesionales para intuir la densidad y la cobardía de los enemigos que ha ido acumulando a lo largo del camino. Alfredo Perdiguero ha sido una pesadilla constante para las cloacas del poder y la componenda oficial: ha denunciado con nombres y apellidos el uso opaco de la protección policial a Leire Díez por parte del Ministerio del Interior para entorpecer la labor investigadora de la UCO; ha cargado con vehemencia contra Grande-Marlaska por amparar las turbias maniobras de la dirección de la Guardia Civil que minan las instituciones; ha reivindicado el honor de los agentes críticos coaccionados por la cúpula política; ha clamado contra las filtraciones judiciales que permitieron a Zapatero eludir la acción de la justicia en el último segundo; y ha desnudado las incongruencias de los decretos de regularización masiva de inmigrantes. Demasiados frentes abiertos, demasiada verdad arrojada contra los despachos de quienes no toleran la disidencia.
Frente a una trayectoria de denuncia tan implacable, la sombra del atentado no puede descartarse como un mero recelo paranoico, sino como una posibilidad trágica en la dinámica del poder corrompido. Cuando a un servidor del Estado no se le puede comprar, ni silenciar mediante expedientes disciplinarios, ni doblegar con el ostracismo mediático, la desesperación de los acorralados suele buscar vías más expeditivas. Si el asfalto fue utilizado como un escenario cobarde para neutralizar su voz, solo se confirmaría la vileza de quienes actúan desde la trastienda. La vulnerabilidad de quien da la cara frente al delito es el precio de la dignidad en una nación asediada, pero la verdad que representa Alfredo Perdiguero jamás podrá ser atropellada.
La más pronta recuperación para un héroe de España.
RES NON VERBA
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
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Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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