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El teniente coronel retirado Francisco Bendala Ayuso es el director de El Español Digital.
Estudió a la Academia General Militar, de la que salió como Alférez, eligiendo Infantería y saliendo como Teniente en Toledo. Hizo un curso de paracaidista y luego, de helicópteros, uniéndose al Pavía XIX. Luego estuvo en Colmenar Viejo (Madrid), en el BHELA, la unidad de helicópteros ataque y en el CEFAMET, la Escuela de Helicóptero. Destinado durante dos años y medio en la Guardia Real y luego en el CESID (hoy CNI) durante doce años, en concreto, en cuestiones de contraterrorismo árabe e islámico, actuando en Líbano. En la entonces vigente “Línea Verde” en Beirut, recabando información sobre posibles atentados contra España, y como agregado cultural en la embajada española en Bucarest (Rumanía), asistiendo como testigo directo de la caída del régimen comunista de Ceaucescu.
En esta entrevista analiza desde su experiencia qué pasaría si España tuviese que afrontar hoy una guerra.
¿Estaríamos los españoles preparados para afrontar una guerra?
No, en absoluto. No hay, a día de hoy, dato alguno que respalde lo contrario, mientras que todos los que puedan considerarse apuntan a ese no radical. La sociedad española en su conjunto, pero más aún si cabe su juventud, esa que por edad es la que tendría mayoritariamente que dar la vida en una guerra, vive sumida en una decadencia espiritual, moral y material que la priva de las características necesarias para soportar los sufrimientos de todo tipo que conlleva un conflicto armado.
Junto a lo anterior, la guerra moderna, aún la convencional, requiere de una fortaleza que España no posee pues bien que se han encargado todos los gobiernos que hemos tenido desde hace cinco décadas de privarnos de ella, pues la aversión de nuestros dirigentes de todo color ideológico hacia lo militar es endémica, siempre temerosos de unas FFAA fuertes y conscientes de sus más sagradas misiones que en un momento dado y ante sus desmanes de todo tipo pudieran ponerles freno, de ahí la labor de castración en todos los órdenes, espiritual, moral y material a la que las han sometido; bien que, hay que reconocer que con los militares dejándose hacer al priorizar, sobre los intereses de España, los suyos personales; su «profesionalización», además de no garantizar la defensa de España, las ha separado del pueblo aislándolas de éste, haciendo creer a los españoles que la defensa de España es sólo cosa suya y no de ellos, con la consiguiente desaparición del patriotismo, a lo que incide aún más la creación en las FFAA de la UME convirtiéndolas en mera extensión de la protección civil, todo ello diametralmente contrario a sus más fundamentales esencias así, esa castración ha sido posible, no cabe duda, por una confluencia entre ambos que sólo puede ser calificada de traidora por parte de los dos: unos por acción y otros por omisión cómplice.
¿Por qué el espíritu irenista que impera en estos tiempos ha hecho que muy pocos estuviesen preparados?
Ese espíritu, por demás falso y engañoso, pues el mundo y el ser humano siguen siendo lo que son desde aquel primer pecado, ha conseguido desarbolar por completo a los españoles de esta etapa de nuestra historia que ya dura algo más de medio siglo. Ese espíritu ha corrompido el alma de los españoles de hoy, los ha entontecido, aniquilado y abducido, inyectando en ellos un falso y torticero concepto de lo que es el ser humano, nuestra civilización, y sobre todo España y los españoles.
La vida es lucha, y los momentos de sosiego, de bonanza, son siempre circunstanciales. Aún en la bonanza, aún en las etapas de paz y prosperidad, hay que luchar por conservarlos, defenderlos y acrecentarlos, cuanto más en la de adversidad para superarla. El ser humano, herido desde su nacimiento por el pecado original, está siempre sometido a fuerzas internas y externas que buscan hacerle desbarrar y perder el norte, por lo que debe armarse constantemente para combatirlas. Ese espíritu irenista que cita, ese digamos “buenismo”, impide defenderse de esas fuerzas –que unas veces son propias y otras externas–, no sólo como individuos, que también, sino asimismo como colectivo, como pueblo, como nación. Así, si el individuo, el español, sucumbe, como ha sucumbido, a ese maléfico espíritu, también lo han hecho los españoles como pueblo y nación.
Muchos jóvenes han crecido con todo tipo de facilidades y comodidades sin hacer grandes esfuerzos y sacrificios…
La generación de nuestros abuelos y padres se topó con un momento histórico tremendo en el que esas fuerzas malignas campaban por sus fueros con una potencia pocas veces antes conocida de la mano de ideologías perversas que a punto estuvieron de acabar con ellos. Les salvó haber mantenido intactas sus defensas espirituales y morales, sus principios y valores inmutables hasta el punto de estar dispuestos, sin titubear, a dar la vida por ellos conscientes de que no había, ni hay, otro camino si se quiere preservar la dignidad, el honor, la verdad, la razón y la libertad, y por ende España, la patria.
Por desgracia, hoy no ocurre así. Nuestra generación ya en buena medida, pero sobre todo la que nos sigue y me temo que aún peor la siguiente, lo ha tenido todo y además sin esfuerzo alguno, pues se lo ha encontrado hecho, regalado, y está demostrado que lo que se consigue sin esfuerzo no se valora, actitud que predispone a no defenderlo en caso de que se nos quiera arrebatar. Ahí está parte de la clave de por qué los españoles de hoy no están ni mínimamente preparados para afrontar una guerra, porque no valoran lo que poseen, la herencia que han recibido de sus mayores, entre otras cosas porque no valoran lo que a ellos les costó construirla y traspasárnosla.
Por eso se habla de generación de cristal, blandengue, a años luz de la reciedumbre de antaño…
Así es. Se ha inoculado en nuestra sociedad desde hace ya cincuenta años una sobredosis de hedonismo, de indolencia, de que todo da igual, de que todo vale lo mismo, sin darnos cuenta de que entonces, nada vale nada. Vivimos en una sociedad de vida muelle, de consenso, de evitación del enfrentamiento, en definitiva, en decadencia y además galopante, lo que conlleva la indefensión por preferir siempre la negociación al enfrentamiento, a decir basta; y negociación hasta el punto de estar dispuestos a, cediendo poco a poco, y con tal simplemente de sobrevivir, cederlo todo, o lo que es lo mismo a perderlo, lo que nos deja a los pies de los que, aún más atrasados que nosotros, conservan una vitalidad que les hace ser superiores en caso, como además ocurre, de choque de culturas, de civilizaciones.
No es la primera vez que un proceso como el citado ocurre. El 711 para España no fue una casualidad ni producto sólo de una traición individual, que también, sino consecuencia de que aquella España visigoda sufría ya los mismos males que la nuestra de hoy; lo mismo le ocurrió antes al imperio romano, y antes a la civilización egipcia, y después a nuestro imperio durante el siglo XIX, ese que quisiéramos borrar de nuestra historia por ser causa de nuestro declive y fundamento, todavía hoy, de los males que nos aquejan.
Por ello muchos hombres han perdido la virilidad, la hombría, el valor, el sentido del honor…
Absolutamente. El hombre, pero también la mujer, que conste, hoy no lo parecen. Más aquél que ésta, porque su papel en los aspectos que estamos tratando es mayor por su propia condición de varón. Ese “hombre blandengue” –que por cierto tanto exasperaba al difunto Fari– es el que hoy impera, y a todos los niveles y en todos los sectores, ese hombre no lo es, sino figura de hombre, dibujo mal trazado, totalmente incapaz incluso de defenderse y defender lo propio.
Pero lo más importante y raíz de todo esto es la falta de sentido sobrenatural, que haría a muchos incapaces de dar la vida por Cristo o en defensa de la cristiandad…
Efectivamente. España hoy sí que ha dejado de ser católica, comenzando por la propia iglesia española. La pérdida absoluta de la conciencia de lo sobrenatural, de la existencia de Dios, de la trascendencia del hombre en cuanto a dotado de alma inmortal, de que tras esta vida hay otra y además eterna, de que en ella hay un cielo y un infierno, de que al final nos sentamos en el banquillo de los acusados donde seremos juzgados por Quien todo lo sabe de nosotros, hasta lo más íntimo y secreto, por Quien tiene contado hasta el número de nuestros cabellos, es la raíz de nuestra penosa situación como seres humanos, como españoles y como nación.
Nuestra sociedad ha caído en el materialismo más profundo producto de la confluencia de dos extremos ideológicos igualmente perversos y destructores como son el capitalismo y el marxismo, sea este socialista o comunista increíblemente hoy vivos en España donde fueron, precisamente, causa de aquella guerra fratricida que asoló nuestra patria durante tres años con los sufrimientos y perjuicios de todo tipo que conllevó, etapa de la que parece que no hemos aprendido, e incluso da la impresión de que estamos dispuestos a repetir.
El problema es que España lleva medio siglo ya sometida a un plan de destrucción de sus esencias más básicas tanto por parte de potencias y fuerzas externas como por otras internas vendidas y sometidas a ellas. Los españoles, huérfanos desde hace décadas de líderes, de dirigentes de verdad, de españoles de pro, se han dejado arrastrar por lo peor de lo más bajo de nuestra sociedad, por el lumpen, sean de uno u otro color ideológico, pero todos ellos caracterizados, con unas formas u otras, por la misma degeneración espiritual, moral y material, los cuales, mirando sólo por sus intereses espurios, nos han dividido y nos enfrentan a unos contra otros de forma que en ese río revuelto ellos son los ganadores.
¿Por qué es espíritu de conservación hace que contemplemos la guerra como una posibilidad muy remota y pensar que nunca nos va a pasar a nosotros?
Porque la verdad es siempre, normalmente, amarga y el hedonismo de nuestra sociedad actual huye de todo lo que suponga potencial sufrimiento, espíritu de sacrificio, perseverancia, trabajo, lucha o esfuerzo, y una guerra es todo eso y mucho peor aún. De ahí, que con tal de no contemplar su posibilidad aunque sea remota, con tal de no considerar que pueda llegar, más aún, que pueda ser inevitable e incluso necesaria y obligada, se prefiere mirar para otro lado más amable como es el buenismo, el consenso, la negociación, el no darle importancia a nada, el ceder y ceder, tolerar y tolerar, hasta incluso someterse, hasta incluso perder la libertad, la dignidad y el honor, hasta incluso reducirse a la triste condición de esclavo de otros con tal de poder… vivir un día más.
Sin embargo, la situación geopolítica mundial es muy inquietante…
El mundo ha entrado por múltiples razones en un nuevo período de extrema convulsión, de lucha por el poder global de potencias visibles, pero también invisibles, que consideran que ha llegado su momento y que ven la oportunidad de hacerse con todo después de décadas de ir socavando nuestros principios, valores y voluntades, y creen que la fruta, que somos nosotros, está madura. Lo dicho se beneficia esta vez de los increíbles avances tecnológicos que observamos, y de los que ya se están vislumbrando, que dota a esos poderes de una capacidad de acción como nunca antes en la historia de la Humanidad.
Cómo militar, ¿qué consejos daría a la gente para estar preparado?
El primero y más importante es restablecer individualmente los valores espirituales, base y fundamento de los morrales y materiales. Sin ese volver a cultivar, consolidar y fortalecer el espíritu, es decir, la Fe, nada se puede, ni podrá. El ser humano en general, y España en particular, depende de la Fe, de volver a Dios, de reconocer a Jesucristo, el Mesías, de fortalecer nuestros espíritus, de recuperar el favor de Nuestro Señor.
Con ello, lo demás, créame, se nos dará por añadidura y en proporción generosa en extremo. Ejemplos a cientos hay en nuestra historia patria que avala lo que digo. La Fe mueve montañas, la Fe nos dará la victoria, por la Fe venceremos, siendo fieles a Cristo nada tenemos que temer. Con Él con nosotros, pero de verdad, no hay rival, por Goliat que parezca, que se nos pueda resistir. Pero sin lo dicho nada podremos, porque sin Él nada, ni respirar podemos.
Por lo anterior, desarrollaremos una voluntad de vencer que es la clave de toda victoria mucho más que dotarnos de materiales de cualquier clase. La voluntad de vencer junto con la perseverancia, la tenacidad, son imbatibles, aún si contáramos con pocos medios materiales.
Por supuesto, debemos ser muy radicales en todo, máxime a la hora de elegir a nuestros dirigentes de cualquier tipo, condición y nivel. Y a la hora de exigirles. No podemos conformarnos con la mediocridad, la falta de dignidad, escrúpulos y la amoralidad de la que hacen gala todos desde hace décadas. Ellos están a nuestro servicio, no nosotros al de ellos; y todos al de España, la herencia que vamos a dejar a nuestros descendientes.
Y luchar, luchar constantemente, sin desmayo, a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella, haciendo cada cual lo poco que pueda, pero sin dejar de hacerlo, con mejor o peor éxito o incluso sin ninguno, pero conscientes de que estamos cumpliendo con nuestro deber y sembrando para que otros recojan; que no se trata de anotarse tantos, ni de satisfacer un espurio afán de protagonismo, sino de recuperar España para que los que nos han de seguir puedan engrandecerla aún más.
Y lo más importante, como católico ¿cuál debe ser la actitud?
Fe, fe y fe. Fe por encima de todo. Fe siempre. Y oración. Fieles a Cristo sea cual sea la situación en que nos encontremos. Dispuestos siempre a dar la vida por Él y por Él por España, pues España o es católica o, como vemos, no lo es. Y fieles a Él por María, nuestra madre, a cuyo inmaculado corazón todo se le concede y nada se le niega.
Autor
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Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.
Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.
Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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