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El doble terremoto que ha sacudido recientemente a Venezuela no ha discriminado banderas, pero ha ensañado su crudeza en la zona cero del clientelismo: los antiguos bastiones y «burbujas de convivencia» del madurismo en La Guaira, Carabobo y Yaracuy. La realidad material ha desbordado por completo la propaganda, y lo acontecido con el colapso masivo de la «Gran Misión Vivienda» —como el urbanismo Hugo Chávez— no es un simple accidente de la naturaleza, sino la consecuencia directa de años de corrupción estructural, ingeniería deficiente y un absoluto desprecio por las normativas sismorresistentes.
Las estructuras bandera de la revolución bolivariana se han transformado en las tumbas de su propia base social, demostrando que cuando el cemento se adultera para engordar los bolsillos de la cúpula, el desastre posterior deja de ser una tragedia natural para convertirse en un flagrante crimen de Estado.
Este trágico escenario pone de manifiesto la quiebra definitiva del pacto social basado en el subsidio, el control vecinal y el silencio comprado. El abucheo unánime y la airada reclamación popular a Delcy Rodríguez durante sus inspecciones en La Guaira, sumados a la urgente necesidad de autogestión ciudadana en localidades de Carabobo y Aragua como Turmero, evidencian el naufragio total de un narcoestado fallido, incapaz de desplegar maquinaria pesada para rescatar vidas atrapadas, pero experto en blindar sus propios privilegios. Las regiones que cohabitaron pacíficamente con la tiranía a cambio de convenios directos, licencias económicas de subsistencia y migajas estatales han descubierto de la peor manera el precio real de la complacencia: la desprotección absoluta ante un régimen que solo utiliza a los ciudadanos como decorado ideológico y electoral.
La caída de estos muros de hormigón deficiente simboliza el derrumbe moral de un sistema que se sostenía sobre la miseria planificada y el miedo institucionalizado. Mientras el Aeropuerto Internacional de Maiquetía —epicentro del control del régimen— sufría el impacto del sismo, las comunidades desamparadas se veían obligadas a remover escombros con sus propias manos, desarmando la ficción de las «burbujas económicas» con las que Caracas pretendía normalizar la dictadura. Cuando los pilares de un sistema dependen de la complicidad económica y el reparto asimétrico de recursos, basta un golpe de la realidad física para que todo el andamiaje se pulverice, dejando al descubierto la profunda vulnerabilidad de un pueblo abandonado a su suerte por quienes prometieron protegerlo.
La catástrofe ha expuesto una verdad incómoda pero inexorable: el amparo de la tiranía es siempre una quimera y la supuesta paz social adquirida mediante la sumisión tiene un coste humano inasumible. La naturaleza, en su brutalidad, se ha encargado de exponer los hechos desnudos, y la inmundicia de una gestión gubernamental criminal ya no la puede ocultar ninguna cortina de humo ni ningún aparato de propaganda oficial.
RES NON VERBA.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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