15/08/2026 06:10

En el año 1932, Largo Caballero decía: «Desde que ha venido la República, la guardia civil ha vuelto a ser brutal».

A esta infame y gratuita afirmación, Manuel Azaña, en sus Memorias políticas y de guerra le contesta del siguiente modo: «Hay socialistas que no son enemigos de la Guardia civil, por ejemplo, Besteiro, hace tiempo me dijo: «la Guardia civil es una máquina admirable. No hay que suprimirla, sino hacer que funcione en favor nuestro»».

Volviendo a la España actual, olvidando la enseñoreada,  celebrada, sectaria y excluyente República, merced al revisionismo falsario de las mesnadas socio-comunistas, incapaces de asumir la derrota militar e ideológica, nos damos de bruces con los restos irreductibles de aquellas tropas vencidas y contumaces, alejadas de la realidad de los tiempos presentes, y huyendo de cualquier acercamiento a las imperiosas necesidades de convivencia, orden y progreso de España.

Así pues, con el ánimo de corregir falsas y erróneas concepciones de la pasada realidad, y de resarcir o restaurar la memoria colectiva de la Guardia civil, además de agradecer el leal servicio a España del benemérito Instituto, es la razón que impulsa a continuar con la escritura.

El benemérito Cuerpo de la Guardia civil, de algún modo sucesor de la Santa Hermandad, instituida por la Reina Católica en el siglo XV; a iniciativa del ministro Mazarredo comenzó a tomar carta de naturaleza, si bien, fue el 2 de Mayo de 1844, siendo presidente del Consejo de ministros el general Narváez, cuando encargó al II duque de Ahumada la formación definitiva del Cuerpo, que se sustanció mediante Real Decreto de 13 de Mayo del mismo año.

La circunstancia histórica que determinó su creación se debió a la inseguridad en el ámbito rural de España, una vez concluida la Primera Guerra Carlista.

El maldito alfeñique enclenque, a la sazón, ministro del interior del traidor gobierno de Sánchez, hombre vil y despreciable, disponiendo del ejemplar Cuerpo de la Guardia civil, no solo, prescinde de sus nobles y honestos guardias civiles, sino que los humilla, les niega los medios para cumplir con sus obligaciones, incluso, desprecia sus muertes en acto de servicio, calificándolas de accidente.

En verdad, que la miseria moral tiende a retorcer los argumentos.

En 2018, se creó una  unidad, OCON-sur, para combatir el narcotráfico, esta unidad, tuvo unos éxitos clamorosos tanto en droga decomisada como en el número de narcos y delincuentes detenidos.

En 2022, sin explicación alguna, el ministro la disolvió; aún la Guardia civil sigue preguntándose cuál fue el motivo que indujo al ministro a liquidarla.

Mucho me temo, que la clave la tiene quien la tiene.

Desde entonces hasta ahora, la Benemérita, impulsada e imbuida por su código moral, la Cartilla del Guardia civil, redactada por el duque en 1845, no ha dejado de servir con inmejorable expediente a las sucesivas generaciones de españoles, con el espíritu de sacrificio y abnegación con que se orlan las hojas de servicio de sus componentes, con lealtad a las instituciones que vertebran el Estado democrático y de Derecho, con una capacidad inhabitual de servicio al Pueblo español, caracterizándose por un eficacia desacostumbrada y suprema honradez en el desempeño de sus cometidos.

Ante, lo hasta ahora escrito, hay que preguntarse, ¿Realmente el ministro del Interior, merece ser una «autoridad» sobre la Guardia Civil?

Esta relación de virtudes y caminos de perfección por los que transita la Guardia civil, nunca son extemporáneos, permanecen en la actualidad, y de continuar anclados en ese estrato de amor a España y del sagrado cumplimiento de sus deberes, ha de seguir siendo uno, por no decir el único, de los más firmes baluartes de la seguridad y garantía de las libertades ciudadanas.

Recordando a Besteiro, y la pretensión socialista de que la Benemérita funcione a favor de ellos,  eso es, precisamente, la almendra del contencioso,  que la guardia civil se niega a favorecer, a servir al sanchismo, nunca serán lacayos, siervos del poder infame del socio-comunismo disgregador, como sí, se aprecia en casi todas las instituciones del Estado.

Ahora bien, sea o no, que los guardias en su fuero interno reconozcan al ministro como autoridad; lo que sí, se presupone es que reconocen a sus generales, de lo cual se infiere que estos tienen como deber prioritario el ofrecer la máxima protección a sus subordinados, exigiendo que se les dote de todos los medios para cumplir con dignidad y éxito sus cometidos y deberes.

En vías de refrescarle la «memoria histórica y democrática» a Sánchez y a su ministro del Interior, mi reconocimiento y gratitud a José Antonio Pardines, primer guardia civil asesinado por la banda terrorista ETA en 1968.

Durante los años del terrorismo de ETA, muchas personas vivieron un clima de miedo, dolor y división que marcó profundamente a la sociedad española. En aquel contexto, no solo actuaron los autores materiales de la violencia, sino que también se generaron discursos, silencios y enfrentamientos que alimentaron la polarización. Con el paso del tiempo, sigue siendo necesario analizar con serenidad todo aquel periodo, preservar la memoria de las víctimas y reflexionar sobre cómo se construyen los relatos públicos en torno a hechos tan graves. La convivencia democrática exige rigor, responsabilidad y respeto, especialmente cuando se habla de asuntos que todavía suscitan una honda sensibilidad social.

Otra dosis de memoria…, entre 1960 y 2011 un informe del  Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe, recoge que 357 guardias civiles y policías fueron vil y cobardemente asesinados por la explosión terrorista vasca, que ningún partido político tuvo el coraje y determinación de erradicar.

A lo mejor de España, mi reconocimiento y gratitud a los guardias civiles víctimas de la Naumaquia criminal de los narcotraficantes en Barbate.

Permítanme una conversación con componentes de la Benemérita; les comenté: «El día que acaben con Vds, acabarán con España», su respuesta fue: «Eso está por ver», a lo que siguió otro comentario por su parte: «lo que sí es cierto, es que bien baratos les salimos al Estado», no tuve otro remedio que apostillar: «nunca escuché algo tan razonable».

Y es que, Sr Marlaska, los guardias civiles, también comen, tienen familia y necesidades que cubrir con dignidad; no solo los socialistas por feministas, predicadores de la falsa moral, lujuriosos, ladronazos, embusteros y arrimadizos al oro, como Ábalos y un largo etcétera pueden permitirse el lujo de vivir decorosa y dignamente.

Mi reconocimiento y gratitud a los dos guardias civiles muertos en acto de servicio contra el narcotráfico en Huelva.

Una anécdota para finalizar. En un acto palatino del día de Reyes, en el besamanos se presentó el general Castaños luciendo el calzón blanco del uniforme de verano, el «execrable», en este caso Fernando VII, no confundirlo con Zapatero, se lo hizo notar, el vencedor de Bailén ocurrentemente respondió: «Sr. no es de extrañar que vista de verano, pues el último sueldo que he cobrado es el de Julio».

¿Lo has entendido ministro?

¿Quién puede explicarme la razón por la que los guardias civiles no equiparan su nómina a la de los cuerpos de seguridad de las Autonomías?

¿Por qué motivo se les trata como parias?

¿Por qué no se les reconoce la profesión de riego?

Estas reivindicaciones justas y razonables también competen ineludiblemente a sus generales.

Autor

Antonio Cebollero del Mazo
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