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A los adalides de la moralina de garrafón les empieza a apretar el nudo de la corbata y ya no saben cómo disimular el sudor. Ahí los tienes, a Escolar y su séquito de fieles, pasando la gorra con la urgencia del que confunde la libertad de prensa con la impunidad de casino. El mundo que pretendían pastorear con circulares jocosas y esa superioridad de becario aventajado tiene leyes que no se compran con carnés de suscriptor.
Se creían intocables tras el presunto escudo de Soros, jugando a ser dioses de la verdad oficial mientras presuntamente cobraban en la ventanilla de la Open Society, pero han cometido el error de los aficionados: intentar torear a un gigante como Julio Iglesias con una muleta de papel mojado. Ahora, cuando la vía penal asoma el hocico y los 200 millones de la demanda no caben en sus hojas de cálculo, el «aforamiento moral» se les deshace entre los dedos. Es de justicia poética ver a los que dictan sentencias de telediario temblando ante la posibilidad de que una celda sea el único protocolo que no puedan esquivar.
Dicen que Univisión les ha soltado la mano, dejándolos solos en mitad del Atlántico con una vía de agua que no se tapa con proclamas heroicas. Es el frío de la realidad, ese que no entienden en sus despachos de moqueta y café de cápsula. En Estados Unidos las bromas se pagan en dólares de verdad y las mentiras torticeras no se despachan con un tuit de disculpa.
Me río, con esta hiel que me queda tras ver la muerte de cerca, al verles pedir a su público que se rasque el bolsillo para pagar los platos rotos de su soberbia. Es el colmo del cinismo: socializar el pánico mientras privatizaban los laureles. Son Goliats de pies de barro; valientes mientras el viento sopla a favor y mendigos de compasión cuando la justicia —esa que ellos han convertido en un trámite impersonal para los demás— decide por fin mirarles a la cara.
Sigan pidiendo limosna, sigan redactando circulares desesperadas. Mientras tanto, yo les miro desde esta orilla, con mi verdad intacta, sabiendo que el tiempo es un juez que no admite crowdfundings. El árbol no solo ha caído; es que su madera está tan podrida que ni para leña sirve. La vanidad se paga, y la de ustedes va a salirles a precio de oro.
El denominado karma es un bumerán inesquivable para los confiados epulones de este mundo. Tarde o temprano llega en lo mundanal y, si no alcanza la vida para ser juzgado, queda la penitencia eterna. Que se lo pregunten a los que están ya con un pie en la tumba después de orquestar impunemente el latrocinio de Rumasa con tantos perjuicios colectivos y personales causados. Los gritos se oirán como un eco en el infierno de los secretos revelados. JUSTICIA: todo llega, Felipe González, entre otros…
En cuanto al Goliat Escolar, telón, olvido y que el banquillo esté a la medida de la intención que va a ser juzgada. Y no por el tamaño del contendiente va a convertirse en ningún David. Le falta nobleza y ser un favorito de Dios… El muy ateo.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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