«Lo que Varguitas no dijo», es el ajuste de cuentas, la réplica despechada de Julia Urquidi a La tía Julia y el escribidor, la novela que Mario Vargas Llosa escribió sobre la etapa que vivió con su tía Julia Urquidi —diez años mayor que él— y con quien se casó, originando un gran revuelo en la familia hasta el punto de que su despótico padre llegó a amenazarlo con un revólver si no ponía fin a la relación.
En realidad, Julia Urquidi, boliviana de Cochabamba, era la hermana mayor de Olga, casada con Luis Llosa, tío carnal de Mario.
Tras contraer matrimonio el joven Vargas Llosa con su distinguida y madura tía Julia —recién divorciada de su esposo—, se establecieron en París, donde años más tarde, Patricia Llosa, sobrina de Julia Urquidi y prima de Mario, fue a estudiar Filología a la Sorbona, hospedándose en la vivienda de ambos, hasta que —¡ay!— pasó lo que pasó: Mario se enamoró de su díscola primita de nariz respingona, diez años menor que él, y tras hacer manitas en el cine y besarse furtivamente en el rellano de la escalera, acabaron casándose.
O sea, que canjeó a su tía por su prima.
Por eso, cuando años después, veraneando en Calafell en casa de Carlos Barral, Mario tuvo un escarceo amoroso con una mujer —no fue la primera ni la última—, desapareciendo varios días sin dejar rastro; lo primero que hizo su editor y amigo, que conocía sobradamente la pulsión endogámica del escritor peruano, fue preguntar, a la vez que se mesaba su barba de Amish, si la susodicha pertenecía a la familia.
— No —le respondieron.
— Pues entonces volverá… —afirmó Barral sin inmutarse mientras chupaba con fruición su pipa sentado en la terraza de La Espineta.
Decía Umbral en Las ninfas, la novela con la que conquistó el premio Nadal en 1975, que lo que menos perdonan los envidiosos es que un hombre y una mujer formen una buena pareja.
Y esa impresión causaban lsabel Preysler y Mario Vargas Llosa.
La glamurosa y elegante socialité y el apuesto y brillante premio Nobel.
¿Hay quién dé más?
Pero ni por esas.
Se lo advirtió Patricia Llosa en una carta a la «Reina de corazones»: Mario volverá conmigo.
Y volvió —por lo que fuera, pero volvió—, como si corroborase las palabras que pronunció Marlon Brando metido en la piel de Don Vito Corleone en El Padrino: «Un hombre que no dedica mucho tiempo a su familia no es un verdadero hombre».
Pues eso: que donde no hay sangre, no hay morcilla.
Autor
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Miguel Espinosa García de Oteyza es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.
Ha desarrollado su actividad profesional en la Bolsa, la Banca y la Empresa.
Hijo del que fuera ministro de Hacienda de Franco, Juan José Espinosa San Martín, Miguel es también autor de tres libros. El más reciente, "Mi tío robó los diarios de Azaña y otras historias familiares".
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