Aquella, tenía una monarquía vacua y un rey pasmado, digno hijo de tan infame estirpe. Esta igual.
En aquella, una izquierda antinacional, revolucionaria y bolchevizante no se cortaba un pelo en declarar lo que quería, ni menos aún en llevar sus palabras a los hechos. En esta de hoy lo mismo.
Aquella sufría las ansias de bastardos secesionistas que, renegandos de sí mismos, herían a su única Patria cual parricidas alucinados. En la de ahora igual, habiendo incluso conseguido la práctica totalidad de sus objetivos.
En aquella, las denominadas gentes «de orden» se aborregaban en torno a líderes cobardes, timoratos, «dialogantes», simuladores, que proclamaban a un Dios en el que en realidad no creían de verdad, y a una Patria a la que tampoco amaban como decían, y sólo buscaban conservar, en el sistema infecto que sostenían, sus privilegios de siempre. En la de ahora lo mismo.
En aquella había algunos que aún yendo algo más allá, creían de buena fe, bien que afectados por una grave ingenuidad, que la solución aún podía ser «civilizada». En la de hoy también.
En aquella, la división corroía hasta el tuétano al Ejército y la Marina, la Guardia Civil y la de Asalto. En la de ahora igual.
En aquella, con la Constitución vulnerada, en eclipse total, no existía ni igualdad ante la Ley, ni verdadera libertad, ni unidad de la Patria, triunfantes en izquierdas y derechas los regionalismos absurdos fomentados por los propios poderes y fuerzas políticas, al tiempo que tampoco la obligada integridad y defensa de nuestras fronteras. En la de hoy es peor aún, porque a lo dicho se une la invasión extranjera impulsada, protegida y subvencionada.
En aquella, la Magistratura sectaria y prevaricadora, los pactos electorales hechos a espaldas y a costa de los intereses de los ciudadanos y el fraude electoral endémico e institucionalizado. En esta lo mismo y aún más, pues a pesar de las pruebas del continuo pucherazo electoral ni sus víctimas están por denunciarlo y perseguirlo.
En aquella, la molicie y negligencia de las autoridades de todas clases, amparadas en un Poder claudicante, hacían dejación de sus obligaciones, carecían de autoridad y prestigio y por pura cobardía o intereses espurios eran incapaces de imponer el orden, velar por la libertad y hacer justicia. Lo mismo que en la actual.
¿Hay alguna diferencia entre aquella España y la España actual? Sí, claro.
En aquella, palpitaba en sectores del Ejército y la Marina, también de la Guardia Civil y la de Asalto, un hondo patriotismo conscientes de cuál era su sagrado deber por encima de todo y de todos, y entre la ciudadanía había otros grupos recién surgidos que no se engañaban y sabían que sólo una revolución nacional hecha con los puños podía evitar la hecatombe de España. Además, en ambos, una profunda Fe que valoraba más el honor que la vida.
En nuestra España, la de hoy, ni lo uno ni lo otro, aquí radica la única diferencia entre dos España, la de 1936 y la de 2026, que cada día se parecen más, menos en tan crucial diferencia. Lo siento, no digo más.
PD.- Este año se cumplirán 90 años del Alzamiento Nacional.
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