15/08/2026 05:43
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Hay una mirada que ya no encuentra refugio tras la máscara del poder. Lo que hoy presenciamos en la cima de este país no es la fatiga del metal ni el desgaste lógico de quien carga con el destino de un reino. El ojo que ha cruzado el umbral, el que conoce el perfume del Edén y ha sentido el frío de la sombra, sabe que lo que asoma por los poros de Pedro Sánchez no es una dolencia del músculo cardíaco, sino la erosión implacable de una combustión prohibida que devora al portador desde dentro.

El disimulo de la desintegración moral por el exceso del vicio de lo mundanal, contrasta gravemente con el deterioro irreversible de quien abusó de sus autosuficiencias para confrontar con la consecuencia de lo imprudente elemental. Es evidente cómo los nervios y las venas afloran irremisiblemente hacia la corrupción personal como la masiva política. Pedro Sánchez agoniza por ese tipo de soberbia que impulsada desde la impunidad se da de bruces contra una realidad icontrolable como «kármica».

No es el corazón el que falla por ley natural; es el templo el que se cuartea bajo el uso de combustibles de alta intensidad. Esa nieve que quema, que deseca el alma hasta dejar solo el rictus endurecido de quien ya no puede cerrar los ojos ante su propio abismo. Es la química del asfalto intentando sostener una vigilia que Dios, acaso sí el Diablo, no diseñó para el hombre. Esa palidez de cal viva, esa euforia que destila un frío gélido y esa ausencia profunda tras las pupilas, son el rastro del «polvo» que intenta suplir la falta de espíritu en una estructura que se desmorona.

Presentar este naufragio biológico como una «afección cardiovascular» es el último velo de una estrategia oscura que echó raíces en aquel 11M de las mentiras con pactos diabólicos hoy al descubierto-la mentira es habitual en el circo de la maldad- y que hoy se manifiesta en un Consejo de Ministros que parece más una partida de naipes marcados que un gobierno de hombres libres. Y puede ser que la redundancia del hábito provoque daños siendo consustancial de la reiteración de un vicio oculto tras la falacia generalizada del elemento sin credibilidad. No vemos a un enfermo de su tiempo, sino a un hombre consumido por la herramienta que eligió para no sentir el peso de su conciencia. El salitre de la soberbia y el exceso de una estimulación artificial han convertido el rostro del poder en una cáscara de ceniza con sombra blanca. La verdad no necesita informes médicos cuando el cuerpo ya habla el lenguaje de la desintegración…. Quien pueda entender, que entienda.

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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