15/08/2026 05:23

«La insurrección es la garantía de los pueblos» (San Just). La nuestra, sencillamente, son ustedes. Preparense…porque… ¡Empezamos!

«Tiempos Convulsos. Cuando se decidió el futuro del mundo. Historia de la revolución francesa por Santiago García Lucio»

Vamos a dedicar este cuarto capítulo de «Tiempos Convulsos» a poner sobre la mesa toda una serie de temas, de los cuales damos a continuación justo acuse de recibo, a saber:

Índice de contenidos

  • Reyes (Maria Antonieta)
  • Teoría de elaboración propia sobre la Reina

Antes de comenzar, lo dejamos dicho —Vamos a ser tremendamente insistentes con esto aquí, en «Tiempos Convulsos»—, por favor: Miremos la Historia con los ojos de cada época. Hagamos comparaciones sincrónicas, no anacrónicas, porque entonces no entendemos nada, nos perdemos en buscar buenos, malos y demás trivialidades (Contrahistoria, 2016).

Empecemos, así pues, con algo de marco contextual acerca de los monarcas franceses para así ubicarlos en su contexto —Solo el necio juzga sin conocer la verdad de las cosas—. ¿Nosotros, por nuestra parte, no somos ningunos necios, verdad?

«María Antonieta, Niña bien austriaca»

(Viena, 1755 – París, 1793). Reina de Francia. Sus padres serán Francisco I y María Teresa, emperadores de Austria. 1.770 la verá contraer matrimonio con Luis XVI, futuro rey.

Desde su mismo nacimiento en el año 1755 María Antonieta Josefa Ana de Austria pronto iba a aprender a vivir entre algodones. Y es que sus padres, incapaces de ofrecerle un «no» por respuesta rápidamente iban a sumergirla entre la suntuosidad y el boato de la magna corte vienesa, malcriándola.

Siempre rodeada de atenciones y ternura, Maria Antonieta se convertiría en una niña mimada, ojito derecho de su Corte natal.

La emperatriz María Teresa de Austria pronto quedaría embelesada con su hija, no pudiendo negarle capricho alguno, aún sin importar la magnitud del mismo.

Pese a contar con la flor y nata austriaca estos solo iban a conseguir con ella avances dudosos. Christoph Willibald Gluck, renombrado compositor de la época logrará, apenas, hacer de ella una ejecutante mediocre de clavecín.

Sus profesores en idiomas se darían por satisfechos conque la joven consiguiese expresarse en un francés bastante pobre, dándola así por imposible.

Lograría, algo más adelante, llegar a la aspiración de expresarse en un alemán «correcto», siendo este tal vez su mayor avance.

Frívola y voluble, de gustos caros pronto se hará sentir como reaccionaria y despilfarradora, llegando incluso a ser conocida como Madame Déficit por el conjunto del pueblo francés .

«El país está sumido en un caos económico y ella sigue gastando en vestidos joyas y zapatos como si nada», llegaría a decir Farquhar, autor de A Treasury of Royal Scandals. (Farguhar 2001)  🇫🇷 (Santiago García Lucio 2024)

¿Fue Maria Antonieta solamente una niña mimada?

HISTORIA MARIA ANTONIETTA

¡Clonk! «¡¡Otra vez!! ¡¡Esto es inconcebible!!», chilló mientras, furibunda volvía a lanzar su clavecín sobre la cama. De haberlo estampado contra el suelo, lo sabía, lo habría hecho añicos, reventándolo, como suele decirse, en mil pedazos.

«¡Daaaarghhhhhh!». De haber sido emitido por el mismísimo Can Cerbero, aquel aullido no hubiese resultado más aterrador. ¿Lo peor? Aquella no era, ni mucho menos la primera vez. Iban… Había perdido la cuenta… Aunque esto jamás lo hubiese admitido.

La primera vez una mujer había resbalado, dejando caer al suelo un juego de elegantes tazas listas para ofrecer un suculento té verde: la segunda, un mozo había perdido el equilibrio, cayendo al suelo con tan mala pata que, tirando de las bridas de su caballo, casi terminó por ahorcarlo… Y pensar que aquel alarido procedía de una pequeña nena de tan solo 9 añitos… ¡Aquello no podía ser!

Rauda volvió a hacerse con su instrumento para, una vez más, volver a lanzarlo airada contra la cama. Aquel torrente de ira, sencillamente, no hallaba fin. ¡Era una auténtica pesadilla!

«¡¡Carente de talento ,¿yo?!! ¡¡¿Pero cómo se atreve»!!». Súbitamente, la pequeña propinó un violento puñetazo a su escritorio. «¡Imbécil», siseó, venenosa, «¡Estúpido, estúpido!». «¡¡Te colgarán por esto!! ¿Con quién te crees que estás hablando, imbécil?».

¡¡Chrack!! Su suntuoso vestido acababa, sí, de hacerse girones, al menos por la parte trasera, junto a la manga bordada adornada de finísimo encaje el cual, llorón, comenzaba a deshilacharse poquito a poco, sin prisa pero sin pausa.

«¡¡¡Voto a bríos que te colgarán por esto!! ¡¡Christoph Willibald Gluck!!, renombrado compositor de la época!!? ¡¡Ja!!» Colérica, la pequeña lanzó una patada al aire, movimiento que hizo volar su zapatito hasta estrellarse contra una de las lámparas del aposento, resquebrajando su pantalla.

«Algunos veremos salir el Sol, otros no, ¿no es así, señor Gluck? ¡Sí! ¡Lo que pasa es que usted todavía no lo sabe! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!» Lasciva, la pequeña se llevó la lengua a los labios, humedeciéndoselos. ¿Relevante compositor musical? Veamos, pues, si el chelo le salva de la espada» «¡¡Soldados, a mí, yo, María Antonieta, futura Monarca en Jefe de Austria os lo encargo!!» «¡Mañana al amanecer descabezaréis a Christoph Willibald Gluck!!»

«¡¿Ejecutante mediocre de clavecín?!» «¡¡Ja!! ¡¡Prepárate, idiota, con él entonaré tú Réquiem!!»

Dejamos dicho, ante todo, que este ha sido un ejercicio de Historia Ficción, el cual nos ha venido muy bien para ir mostrando, punto por punto, las cualidades y no tan cualidades de la futura Reina de Francia, aquellas que ya mostraría en su madurez, aquellas por las que se convertiría, por méritos propios, en el azote de su pueblo, el pueblo francés.

Vemos en la figura de la Reina a una persona mediocre y sin aspiraciones: intérprete de clavecín insuficiente, negada y pésima para los idiomas, frívola y caprichosa. ¡Una auténtica joyita, vamos!

Aunque claro. ¿Cómo habrías sido tú si te lo hubiesen dado todo hecho, teniéndote «entre algodones» durante gran parte de tu vida? Probablemente igual, ¿no te parece?

«¿Para qué esforzarme si mami y papi pueden dármelo todo?», se dirá. ¡Algo así sería, francamente, una auténtica estupidez!, debió concluir el ojito derecho de su Nación.

La Reina, empero, no iba a quedarse ahí. ¿Quién se lo impedía?

«María estaba obsesionada con una moda ridícula, sobre todo con esos recogidos tipo torre de varios centímetros de altura y que llevaban horas y horas de elaboración y en los que metían todo tipo de ornamentos y frutas. A muchos les parecían una obscenidad. Acabaron representando todos los problemas de ella, de Versalles y a esa cultura (…) A María le ponen el nombre de Madame Déficit ya que el país está sumido en un caos económico y ella sigue gastando en vestidos joyas y zapatos como si nada» (Farquhar, 2001).

Y esque a lo largo de su reinado el pueblo iba a terminar por conocerla bajo el sobrenombre de Madame Déficit, pues, al tiempo que ellos se encontraban sumidos en la más espantosa de las crisis, ella seguía gastando en joyas y zapatos como si nada, rayando así en la crueldad y el sadismo para con los suyos.

¡Aquel ser no era, sencillamente, consciente de la realidad! ¡No! ¡No esque no lo fuese, ¿acaso, siquiera le importo, aunque fuera, por un solo segundo?

La frase «Dejadles comer tarta» —Ya lo dijo Lyn Hunt— es falsa. «¿Los pobres? ¿Le importaron, acaso, el tiempo suficiente como para decir eso?».

Rey y Reina —ya se ha visto— fue juntar el hambre con las ganas de comer.

¿Recordáis la frase de Farquhar, autor de A Treasury of Royal Scandals?:

«María estaba obsesionada con una moda ridícula, sobre todo con esos recogidos tipo torre de varios centímetros de altura y que llevaban horas y horas de elaboración y en los que metían todo tipo de ornamentos y frutas. A muchos les parecían una obscenidad. Acabaron representando todos los problemas de ella, de Versalles y a esa cultura (…) A María le ponen el nombre de Madame Déficit ya que el país está sumido en un caos económico y ella sigue gastando en vestidos joyas y zapatos como si nada» (Farquhar, 2001).

¡Exacto! ¡Esa misma!

¡No me digáis que no os llama la atención! ¡Poderosamente, además!

Mientras su Pueblo sufre, pena, en la más absoluta de las miserias, su soberana, ergo, su representante, sigue gastando en zapatos y joyas como si nada. ¿No raya esto lo absurdo, casi lo sádico?

«Miremos la Historia con los ojos de cada época. Hagamos comparaciones sincrónicas, no anacrónicas, porque entonces no entendemos nada» ¡Si lo has dicho tú!

A), en este caso, no invalida B). Para nada.

¿Qué los monarcas de entonces eran así? Vasallos, súbditos, carruajes… Sí. Os lo concedo. ¡¡Pero esque al final —véase hoy el político— no dejas de estar siendo representante de tú pueblo!!

¿Augura esto, acaso, algún tipo de patología en su Majestad? ¿Desorden de personalidad, tal vez?

¿Podía, Su Majestad ser una psicópata?

Pero, Santiago, ¿Por qué psicópata y no esquizofrénica o paranoide o narcisista? —Por citar solo algunas patologías clínicas del ramo—.

psicopatía

Tb. sicopatía.

De psico- y -patía.

  1. f. Psiquiatr. Enfermedad mental.
Sin.:
  • desequilibrio, trastorno, demencia, locura, vesania.
  1. Psiquiatr. Anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece.

María Antonieta, evidentemente, llevó a gala una galopante falta de empatía, esto es, «Se hallaba patológicamente alterada en un orden conductual», que dice la RAE.

Y esque —¡Pensadlo!— Algún tipo de problema tienes que tener cuando, mientras tú gastas, gastas y gastas a manos llenas, ora en zapatos, ora en joyas, ora en vestidos, la totalidad de tú pueblo anda por las esquinas, literalmente, muriéndose de hambre, incluso hasta el punto de linchar y matar a otros seres humanos ¡únicamente para conseguir comida!

No nos basamos únicamente en indicios, no.

A continuación glosamos, grosso modo, toda una serie de características a fin de ver si las mismas pudieron cuadrar o no con el modus operandi de su Real Majestad.

Nos valemos, para ello, de una revista especializada en psicología (Revista Avance psicólogos):

«Para saber si estamos ante una persona con falta de empatía, es necesario poder definir que es la empatía. La empatía consiste en la capacidad para identificar y comprender las emociones y sentimientos de las otras personas».

María Antonieta, esto es claro, ni comprendía ni quería comprender los sentimientos de su pueblo. Pues, de haberlo hecho, jamás hubiese seguido derrochando recursos, ya no valiosos, sino, de vida o muerte para otros.

Vemos, a continuación, 14 rasgos clave a la hora de caracterizar, con cierto nivel de garantía, la falta de empatía, a saber:

  1. Personas egoístas (La Reina solo parecía preocuparse por lo suyo, sin importarle lo más mínimo la necesidad del de al lado).
  2. Centradas en sí mismas (Centrada en ropa, zapatos y joyas pocas veces daría importancia a lo que le sucediese a los demás)
  3. No entienden a las otras personas (Ésta es la característica principal de las personas con falta de empatía. Les resulta muy difícil y a veces son incapaces de comprender las necesidades y los deseos de las demás personas.)
  4. Frías emocionalmente (Como consecuencia de esta incapacidad para entender las emociones de las personas que les rodean, pueden transmitir frialdad emocional)
  5. Dificultad para relacionarse (Puede resultarles complicado dicha relación ya que al no entender a las demás, estar más centradas en sí mismas y preocuparse más de lo suyo que de lo del resto, les es difícil conectar con otras personas).
  6. Generan desconfianza (Debido a que transmiten ésta frialdad emocional, suelen generar desconfianza en las personas que tienen a su alrededor)
  7. Teoría mente distorsionada (al no identifican las necesidades de las otras personas, también les puede costar identificar los deseos e ideas de los demás).
  8. Narcisistas (al no identificar las necesidades de las otras personas, también les puede costar identificar los deseos e ideas de los demás)
  9. Rígidos mentalmente (Debido a que les cuesta “leer” a las otras personas, se rigen por pensamientos e ideas muy rígidas. Son personas que cuando se expresan no lo hacen desde la pregunta o la idea, sino que se expresan desde la contundencia y la fijación).
  10. Se rigen por muchos prejuicios (los prejuicios les ayuda a tener una guía de lo que es correcto o no, bueno o malo).
  11. Conductas instrumentales (Suelen actuar para conseguir sus necesidades. No lo hacen teniendo en cuenta a la otra persona)
  12. Conductas más agresivas (no tiene por qué ser violentas ni verbal ni físicamente. Sino que son conductas que ellos propician).
  13. Falta de remordimientos (les cuesta ver que hayan podido hacer sentir mal a los demás. Ellos sienten que han hecho lo que tenían que hacer para poder satisfacer sus necesidades).
  14. No aceptan la responsabilidad de sus actos (ya que no manifiestan ningún tipo de remordimiento, suelen ser personas que no van a pedir perdón por el daño que hayan podido causar. No sienten que tengan que pedirlo, porque sus actos están justificados para lograr su objetivo).

María Antonieta, lo hemos visto, casa como un guante con todas y cada una de estas características, habiendo demostrado, a cada momento, que su pueblo fue siempre un daño colateral para ella.

Si bien cumple, de manual, con todas ellas, queremos exceptuar de esta lista la número 10, en este particular, por ventajista: en una sociedad estamental, sencillamente, no puedes acusar a alguien, mucho menos al monarca, por regirse por estos. Nos explicamos: en una sociedad donde la gente pobre raras veces salía de pobre —Los estamentos eran estancos, quien nacía siervo, siervo moría— no puede decirse que aquello fuese un prejuicio, tratándose, amplia y llanamente, de la norma.

No haberse conducido así hubiera sido, a todas luces, inaudito para su Siglo.

Conocemos ya la importancia de la Reina así como el papel que hubo de jugar para sus dos banderas: Austria y Francia, respectivamente.

Hemos visto, además, —No nos hemos quedado ahí— una teoría de elaboración propia consistente en el pormenorizado estudio acerca de la personalidad de la monarca.

Llegamos, ahora sí, con esto, al fin de nuestro programa cuarto, habiéndonos dedicado íntegramente a hacer un esbozo acerca de la figura de Su Majestad la Reina.

¡Lo bueno se hace esperar!, canta el refrán. Porque, como suele decirse, esto no es un «Hasta siempre», sino, de todo corazón lo esperamos, un «Hasta la próxima». ¡¡Hasta el próximo programa, Convulsos!!

María Antonieta lectura psicológica

Autor

Santiago García Lucio
Santiago García Lucio
Experto en Revolución Francesa de relevancia Nacional e Internacional, (Argentina, Colombia, Venezuela, México, Chile).

Propietario y Editor de ÑTV ESPAÑA. Periodista y corrector editorial.
Cuenta con una colección de libros (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).

Cuenta, además, con un Podcast especializado ubicado en Youtube (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).
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