A propuesta de los EEUU ahora de Trump, quien ya diera el primer paso al final de su primer mandato, el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado una resolución por la que, de facto, entrega el Sáhara a Marruecos, vulnerando todo lo que por ella misma ha aprobado durante décadas, de forma que Marruecos consigue imponer así su “plan” por el cual se anexiona dicho territorio que pasará a ser parte íntegra y soberana del suyo. De los miembros actuales del Consejo de Seguridad (son 15), han votado a favor once: EEUU, Francia, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Eslovenia, Grecia, Guayana, Panamá, Corea del Sur, Sierra Leona, Somalia; se han abstenido tres: Rusia, China, Pakistán; y se ausentó, no votando, uno: Argelia.
El Sáhara, que hasta el momento seguía siendo para la ONU territorio bajo administración española y nosotros responsables incluso de su espacio aéreo, tiene reconocido su derecho a la autodeterminación que debería llegar mediante un referéndum bajo los auspicios de la propia ONU, pero todo ello queda en nada con la actual resolución; así de coherente es la tan afamada ONU, cuya misión en el Sáhara, la MINURSO, se ha prolongado un año más para… nada, pues dichas tropas internacionales -es la única misión en la que España no participa, qué casualidad- sólo hacen de convidados de piedra de los marroquíes que ocupan ilegalmente un Sáhara compartimentado por los muros levantados también ilegalmente por Rabat con financiación estadounidense, siendo compañías norteamericanas y británicas las que explotan los privilegiados yacimientos de fosfatos allí existentes, otra casualidad.
El Sáhara fue entregado a Marruecos en 1975 por Juan Carlos I, aprovechando la agonía de Franco, como compensación por el apoyo estadounidense para afianzarse en el trono, retirándose nuestras tropas con deshonor al obedecer dicha orden tan vil como traidora; el error de los saharauis fue haberse puesto en nuestra contra, incluso con las armas, y elegir unos dirigentes que literalmente les vendieron a Marruecos. Si en aquel momento no entregamos también Ceuta y Melilla fue por pura chiripa, porque ahí están los documentos secretos norteamericanos hace poco desclasificados en los que consta la predisposición del emérito a dicha nueva traición.
Desde entonces, Marruecos ha movido Roma con Santiago, pasando por Bruselas, e invertido grandes cantidades de diplomacia, pero sobre todo de dinero, en comprar voluntades para conseguir que se reconociese lo que hoy ha logrado, es decir, que el Sáhara es tan marroquí como Rabat, Tetuán, Casablanca, el Rif, etcétera. Para conseguirlo ha contado siempre con los EEUU, potencia de la que desde hace décadas viene siendo principal aliado para asegurar su influencia sobre el Magreb; como Israel lo es para asegurarla en Oriente Medio y la OTAN sobre Europa. Asimismo, Marruecos se ha labrado la amistad de Israel al que no sólo ha reconocido, sino también abierto las puertas de par en par en todos los aspectos, incluido, por supuesto, el militar. Ahora, con la resolución aprobada por la ONU, Marruecos recoge los frutos de una política exterior firme, decidida, inteligente y hábil, junto a cuantiosos sobornos repartidos a diestro y siniestro, incluidos una legión de dirigentes españoles de todo color. Con lo aprobado por la ONU, Marruecos da un paso sustancial hacia la consecución del Gran Marruecos, su sueño dorado, que incluye su actual territorio, el Sáhara (ahora ya suyo), casi toda Mauritania, media Argelia y, por supuesto, Ceuta, Melilla y… sí, las Canarias; aviso a navegantes españoles despistados. Otra cosa es el tiempo que le tomará, habiendo demostrado tener paciencia reforzada con una enorme perseverancia.
Conforme a todo lo dicho, que es lo ocurrido, cuadra perfectamente que ni Ceuta ni Melilla fueran acogidas por la OTAN, organización lacaya de los EEUU, que al impedirlo deja a dichas ciudades españolas -tan españolas como La Coruña, Lérida, Álava o Sevilla- al alcance de las ambiciones marroquíes, favorecidas por nuestra demostrada intención de entregárselas por no estar dispuestos a defenderlas no ya diplomáticamente, que no lo hacemos, sino menos aún con las armas, pues ni los políticos de hoy son capaces de asumir tal “marrón”, ni tampoco los militares, ni el propio pueblo español, sumido en tan penosa situación interna, con el enemigo dentro y demostrando cada día que ni siquiera es capaz de defender a su mujeres e hijas violadas sistemáticamente por los invasores. Así pues, Marruecos, con el precedente de la resolución de la ONU sobre el Sáhara, lo tiene fácil, máxime al contar con el respaldo norteamericano, su aliado preferente, y el de Israel, no se olvide.
Otro aspecto importantísimo de lo aprobado por la ONU es que al otorgar la soberanía del Sáhara a Marruecos, la misma se extiende a sus aguas territoriales que, casualidades de la geografía, tropiezan con las de las canarias, así como con el hecho de que nuestras islas no dejan de ser un apéndice de la plataforma africana, excusas con las que Marruecos nos hostiga codicioso de las riquezas submarinas que al parecer poseen, además de por la pesca, cuya explotación ya perdimos en cuanto entramos en la Unión Europea en cuyas manos también hostiles dejamos las negociaciones con Marruecos.
Si para los saharauis, para su Frente Polisario, lo aprobado ahora por la ONU es una pésima noticia, para España lo es también, porque si las barbas de tu vecino ves cortar, pon las tuya a remojar, máxime si como ocurre, el enemigo, en realidad, más que el marroquí o el estadounidense, que también, está dentro entre nuestros dirigentes de todo color y en el propio pueblo español de esta época que más idiota no puede ser, salvo por supuesto excepciones que… confirman la regla dicha.
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