Desde los ataques de Hamas en Octubre de 2023 y la consiguiente sobredimensionada, injustificada e intolerable reacción israelí, cuyo gobierno no sólo no esconde, sino que alardea públicamente de no cejar hasta destruir, ocupar y someter a Gaza para siempre, han aumentado los reconocimientos al “Estado palestino” sumando ya un total de 157 de los 193 Estados miembros de la ONU (81%) –de los cinco que forman el Consejo de Seguridad, y que por ello tienen derecho a veto, sólo falta EEUU–; Israel está reconocido por 164 (85%). Si bien tal hecho podría hacer pensar que la creación por fin de dicho “Estado palestino” podría no estar muy lejos, siempre conforme a las fronteras acordadas por la ONU en 1967 y con Jerusalén Este como su capital, no lo creo de ningún modo posible, al menos por las siguientes razones principales:
Primero: ninguno de los países que han reconocido públicamente dicho “Estado palestino” se han atrevido a sugerir ni mínimamente la necesaria y oportuna “hoja de ruta” para lograrlo -es decir, cómo implantar físicamente en tal territorio un Estado como tal, o sea, con un territorio estatal, un pueblo estatal y una autoridad estatal-, de forma que tales reconocimientos no parecen sinceros, obedeciendo más a un interés coyuntural y urgente de sus gobernantes presionados por el espanto que poco a poco cala entre los ciudadanos de sus respectivos países ante las noticias -y sobre todo imágenes- de la carnicería y destrucciones que la invasión israelí viene provocando en Gaza desde hace ahora ya dos años.
Segundo: Israel, en realidad, no es sólo un Estado judío, sino mucho más: un Estado sionista, centro neurálgico de tal ideología y doctrina globalista en Oriente Medio, la misma que mueve los hilos del globalismo norteamericano, con cuyo total respaldo contará siempre, sea quien sea quien ocupe la Casa Blanca, por razones de coincidencia de raíces, intereses y fines siempre en pos del dominio global.
Cuarto: Israel nunca aceptará la existencia de un “Estado palestino” bajo ninguna forma; el año pasado la Knesset rechazó por 62 votos contra 9 tal posibilidad, yendo aún más lejos al aprobar una declaración según la cual un “Estado palestino” sería “una amenaza existencial para Israel” rechazando “firmemente” su establecimiento.
Quinto: dada la expansión de Israel desde 1948 hasta hoy, ocupando la mayoría del territorio de lo que debería formar el “Estado palestino”, es ya materialmente imposible devolver dichos territorios a los palestinos salvo provocando una catástrofe humanitaria -con amplio derramamiento de sangre incluido-, cuya responsabilidad nadie estaría dispuesto a asumir; para qué hablar además de la imposibilidad de una convivencia pacífica y civilizada entre dos pueblos tan radicalizados y con un terrible haber en ambos de tanta sangre derramada.
Sexto: un “Estado palestino” daría un vuelco de proporciones y consecuencias catastrófica a todo Oriente Medio, que no sólo pondría en jaque el monopolio israelo-estadounidense actual de tan importante zona y la estabilidad de los países que la componen, máxime tras la caída del régimen sirio -sólo queda Irán, régimen que apenas llega para luchar por sobrevivir-, sino que también afectaría gravísimamente a la economía mundial por razones obvias.
Por todo ello, repito, considero que no se dan las condiciones ni mínimamente requeridas para que los reconocimientos a la pretendida creación del “Estado palestino” surtan efecto ni ahora ni a largo plazo.
Así pues, que nadie se haga ilusiones, pues la creación de dicho “Estado palestino” sigue siendo una utopía y como tal inalcanzable, entre otras cosas también porque si los que crearon el problema al implantar allí el de todo punto de vista injustificado Estado israelí no lo hicieron en su momento, pasado el tiempo y con la evolución de aquella zona, no lo van a hacer ahora que sus intereses, porque no exista nunca ese “Estado palestino”, son mucho mayores que entonces.
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