Tenemos, pues, un nuevo escenario, el escenario más importante entre Estados Unidos y Europa, y en realidad del resto del mundo, que tiene que ver con la inteligencia artificial.
Toda política internacional, como la estadounidense, especialmente bajo el gobierno de Trump, consiste en instrumentalizar cualquier forma de comercio hasta convertirla en una amenaza para que su socio comercial dependa del suministrador. Ya en el pasado Estados Unidos hizo precisamente esto con el petróleo y las exportaciones de granos, dispuesto a cerrar el suministro de alimentos y a empezar a asediar, a imponer sanciones y aislar a otras naciones, privándolas de alimentos o cortándoles el suministro de energía si no obedecen.
La nueva instrumentalización del comercio exterior estadounidense, específicamente contra Europa, porque para el resto no occidental de la ecuación no se circunscribe a esa órbita, es la inteligencia artificial. Por Europa se pretende iniciar y, después, expandir el modelo al resto.
Lo importante desde la óptica estadounidense es que Europa carezca de perspectivas en materia de inteligencia artificial, el internet computarizado, la nube y las aplicaciones más avanzadas de gestión y automatización de los procesos de datos o de máquinas. En resumen: que los europeos sigan dependiendo de Estados Unidos para los algoritmos, la forma en que todo el sistema de inteligencia artificial está programado de tal manera que cercene la independencia de los usuarios. Y la cercena porque, a medida que el sistema digital se extiende y se usa más ampliamente, el costo de crear un sistema alternativo es cada vez mayor hasta devenir en imposible.
Pero vinculado a esa primera e inicial dependencia tecnológica de vanguardia nos encontramos con otras formas más sutiles de dependencias desencadenadas: la pérdida no solo de la soberanía en toda la infraestructura de los sistemas informáticos (equipos y programas) si no, en lo peor, el sometimiento del usuario a las estrategias de todo orden del proveedor so pena de activar los troyanos, aquella parte de la programación (código cerrado) que permite el cierre, la anomalía o la interrupción del funcionamiento del sistema infectado.
Recorrer los millones de comandos integrados en el chip toma tanto tiempo que ¿cómo se sabe que no han instalado un geolocalizador y el interruptor que les permite paralizar a China, como Alemania saboteó las refinerías y centrifugadoras iraníes, y las destruyó todas instalando un control secreto? Eso es lo que Estados Unidos quiere hacer con la inteligencia artificial para el resto del mundo y en todos los ámbitos posibles (su desarrollo es infinito y reconfigurará un nuevo humano digital desconocido hasta la fecha).
Se trata, en otros términos, de simplemente incorporar al algoritmo un programa oculto que determine ‘políticamente’ el funcionamiento en un sentido o su no funcionamiento de todo el algoritmo, de una manera que refleje los valores y la política estadounidenses (del ofertante del servicio). Y su modo de controlar Europa reside en esta nueva industria digital en crecimiento, reemplazando el petróleo y los alimentos que fueron estrategias históricas de dominio. Ahora que otros países tienen fuentes alternativas de petróleo y producen sus propios alimentos, lo único en juego es la inteligencia artificial.
Trump entiende a los líderes europeos que se congregaron a su alrededor en el Despacho Oval el pasado 19 de agosto: les apoyará en su nuevo empeño de guerra fría contra Rusia y para eso les suministrará todas las armas (aunque las revendan o las regalen después a Zelenski). Lucharan todos contra Rusia, cada uno a su modo, forma e interés sin que exista por parte de los Estados Unidos, más allá de la OTAN, pretensión alguna de involucrarse militarmente (ese constituye el ‘deseo’ de una Europa abrogada y desahuciada del sentido histórico). Pero a condición de seguir el liderazgo de Estados Unidos en esta industria de crecimiento económico: la inteligencia artificial.
En efecto, al instrumentalizar la tecnología, al instrumentalizar cualquier área del comercio exterior en la que Estados Unidos pueda establecer dependencia de otros países, se está implementando una política que impide que otros países creen una alternativa. Y esa es la definición estadounidense de seguridad. Seguridad es impedir que otros países tengan una alternativa. Así podrán sentirse seguros.
Eso es lo que entienden por seguridad para Ucrania. No hay alternativa al control estadounidense de un gobierno títere. Por lo tanto, es necesario tener un gobierno títere. Pero esa idea militar de seguridad es exactamente la misma en términos económicos. No se puede tener ninguna tecnología independiente capaz de convertirse en un rival.
Esa estrategia, sin duda, están funcionando para Europa, pero no va a funcionar para China, que ya está avanzando a pasos agigantados en inteligencia artificial, informatización, fabricación de chips y toda la esfera de los avances tecnológicos, incluyendo imanes de tierras raras y toda la alta tecnología, incluido el desarrollo de misiles hipersónicos. Estados Unidos va a la zaga en todo esto. Y su pregunta es: ¿en qué parte del mundo tenemos poder para impedir que tengan una alternativa?
Está intentando acorralar a Europa, rectius: Europa ya está vencida (que su clase política se haya suicidado al promover como estrategia una guerra fría con Rusia, es cuestión que no podemos tratar ahora). Europa hoy, mañana, los BRICS. Y eso significa el mundo. Otra cosa es que el resultado que se ha obtenido en Europa se obtenga también para el resto del mundo. Esta sería, su aceptación o su rechazo, en toda la escala de respuestas posibles, seguramente, la estrategia internacional que alimenta la dinámica geopolítica y económica del mundo.
La guerra que anhela Europa y Ucrania se hará conjuntamente con Estados Unidos, pero bajo la hegemonía estadounidense. Y en ese paquete de medidas está asumir por parte de una Europa devastada y en caída crítica de su Estado asistencial, en su totalidad, el modelo de inteligencia artificial estadounidense.
La pérdida de perspectivas, de un proyecto en Europa, se produce en modo desconcierto amplificado incorporando políticas de inmigración masivas, en medidas de eliminación de la familia (fomentando el feminismo y la renuencia del sexo productivo), normalizando y burocratizando los comportamientos privados, promocionando el ecologismo urbano sectario y el cambio climático como nuevos sistemas mitológicos posmodernos. Las elucubraciones fantásticas (la exaltación de universales como los Derechos del Hombre, la Democracia política, etcétera) han atropellado los tonos sutiles de las realidades simples de la existencia.
Y en este punto se dirime un escenario nuevo. Si China y sus países asiáticos vecinos logran crear su propio sistema de inteligencia artificial e impiden la introducción de puertas traseras en los códigos (los troyanos del sistema), Estados Unidos terminará completamente aislado. Y aislado significa sin sus mercados de exportación para generar su balanza de pagos y mantener su balanza comercial mediante los servicios tecnológicos.
La pérdida de hegemonía del dólar y la propensión al uso de las monedas nacionales en las transacciones comerciales internacionales, la misma reorientación comercial entre exportadores e importadores, y la propia política fiscal arancelaria de Trump, no son más que otras tantas formas de manifestación de los crujidos que anuncia el colapso en un entorno mundial que ya no piensa en clave verde (sea por el dólar o por lo ecológico).
En eso consiste la seguridad nacional: impedir que otros países opten por otra opción que no sea subordinarse a Estados Unidos y sacrificar su propio crecimiento para pagar sus deudas externas, para depender del apoyo militar estadounidense y asegurar sus sistemas de armamento, su Fuerza Aérea, sus buques, aviones, barcos y armas estadounidenses que requieren repuestos y reparaciones constantes por parte de Estados Unidos. Sin repuestos, es como si Estados Unidos, militarmente, tuviera la capacidad de accionar un interruptor y simplemente desactivar la operación de aviones, cazas, barcos y submarinos supersónicos extranjeros. Este sistema de «¿cómo desactivamos y deshabilitamos a otros países?» se podría aplicar de forma generalizada.
Así que, mientras la mayoría global piensa: «¿Cómo podemos proporcionar medios tecnológicos que eleven el nivel de vida del resto del mundo?», Estados Unidos pregunta: «¿Cómo podemos sabotear este efecto?». Eso es todo lo que pueden hacer para retrasar el declive de la demanda estadounidense de control. Al final, no pueden evitarlo. Pueden retrasarlo, y eso es todo lo que buscan.
Es un juego a corto plazo, pero es ese juego el que está en el centro de la política y de los mercados financieros.
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Como se indica en el artículo, a lo largo de la historia de han cambiado las estrategias para tener la hegemonía del poder.
Ahora se utiliza la inteligencia artificial y como no, es Europa la que pierde, de nuevo en esta encrucijada.
Ya ha pasado el momento para nuestro continente.
Coincido plenamente: la inteligencia artificial se ha convertido en el nuevo instrumento de dominio, y Europa, sin un proyecto propio, corre el riesgo de quedar subordinada tecnológicamente a Estados Unidos.
La guerra fría digital, si no hay colaboración, que pongo en duda, la fractura entre bloques tensionara aún más el mapa geopolítico. Autocracia de la IA
Creo que si, como lo expone en el articulo China está adelantado en IA a Estados unidos y la única forma de hacer valer su hegemonía es volver a controlar Europa como ya la tiene con las armas y aranceles ya que Europa se va perdiendo y deshaciendo en el camino aunque espero que no….
Que Europa espabile o despierte y que se de cuenta de que la están utilizando y manoseando