Lo del Congreso del PP es un vuelco a la razón, al sentido común y un retorcimiento de la misma fantasía. A quienes están dotados de un olfato fino y de un sexto sentido especial ya no les produce sorpresa, tal vez repugnancia. Estamos, sin duda, ante el abrupto final de un ciclo donde la política nacional ya no da más de sí y tiene que recurrir al esperpento y a las mil formas de estulticia que nos inunda mentes mustias, mediocres y aburridas.
Las formas braman y se han exaltado en ese Congreso de entusiastas con tono paroxístico y mayestático para proclamar y ocultar la completa y total ausencia de proyecto político, de civilización, de existencia. Pura carcasa, pura forma. Una forma deslucida y sin fuerza. La estética vence al contenido (si es que lo ha habido).
¿Por qué? Porque el PP no es más que un partido político del sistema que funciona automáticamente desde 1982 como la alternativa (con el advenimiento arrollador del socialismo político y la desaparición de la UCD). Esta sería la cuestión: el socialismo (social democrático), en su actual forma de sanchismo, es la norma de gobierno y el liberalismo (social democrático), en su forma de feijooismo, es la excepción, la alternativa.
A estas alturas el PP se ha superado con creces asumiendo todas las patologías engendradas por la política nacional: mantener el principio de la primacía de la política en todas las instancias, del Estado y de la Sociedad, y no actuar según las líneas trazadas de un proyecto político o de civilización sino moverse por la inercia de los fenómenos agotados, sin potencia y sin energía.
Resulta sorprendente que se siga con interpretaciones irracionales de la política y de los comportamientos de Sánchez y su ralea. Se ciegan quienes quieren y desean ver ganar a uno (el PP) sobre el otro (PSOE y aliados) sin entrar en las cuestiones de fondo. Lo más repugnante: ese hieratismo bobalicón del PP (ver a su nuevo Secretario General), esa pose hueca de quien se adivina como nuevo partido de gobierno y que Sánchez está en las últimas. No va a cazar al oso, espera que caiga muerto.
Estamos ante la perspectiva, no hay que descartarlo, de un nuevo 23-J electoral donde el triunfo pírrico del PP se convirtió en derrota. Ahí está la operativa de los fenómenos indeterminables y la taumaturgia de la teoría de los vasos comunicantes: el electorado que pueda perder el sanchismo acrecentará el resultado del resto de los que sostienen el gobierno.
Se equivocan los analistas. El problema no es Sánchez si no aquella parte de la población electoral que lo vota y lo seguirá haciendo por interés, por instinto. Lo mismo diremos, en un futuro próximo, sobre el electorado del PP. Tendríamos que replantear la cuestión de la teoría política: la política no condiciona a la masa sino que es la masa quien condiciona lo político.
Una idea: ¿qué méritos ha hecho y acumula los del Feijoo para formar gobierno sucesor? Nada.
Es tan perfecto el mecanismo de sucesión entre partidos políticos que sin ningún mérito en su haber al PP y a su pandilla solo le basta con “esperar” para que Feijoo sea nuevo presidente. La política concebida como ‘tempus’, el ahora me toca a mí, es mi turno … Nada de proyectos o de programas.
¿Qué proyecto tiene? ¿Alguien sabe algo? Ya se lo digo: continuar la política del gobierno anterior.
El decálogo que ha destilado ese Congreso del PP está al exacto nivel de sus dirigentes y, en buena medida, de sus electores. Nada dice sobre pensiones, educación, justicia … servicios públicos tocados y que se hunden sin remedio. Veamos:
1.- Regeneración democrática e institucional. Es imposible que el gusano se transforme en rata. Lo único que le espera es reptar por entre los paisajes de la supremacía de la instancia política y concluir el trabajo de los sanchistas.
El sistema de partidos busca alcanzar dos finalidades: primero realizar un nuevo reparto entre los miembros del sistema de partidos políticos respecto del latrocinio organizado, consumar la patrimonialización de las administraciones públicas y de las grandes empresas y, segundo, blindarse contra los comportamientos ahora considerados penales (lo que implica o bien un cambio del código penal o bien de los mecanismos de instrucción de los procedimientos penales).
2.- Aprobar el Plan de Vivienda del PP en el primer Consejo de Ministros. De nuevo un aullido que únicamente suscitará la creación de nuevas formas de enriquecimiento (políticos, bancos y constructores) porque, en efecto, el urbanismo sigue siendo una competencia de las comunidades autónomas y de los entes locales.
La vivienda, por razones históricas, demográficas y económicas, desde el franquismo representa la alternativa a la perspectiva de una pensión pública reducida.
Pura retórica.
3.- Revisar las 97 subidas de impuestos de Sánchez y bajarlos… ¿No era eliminarlos todos y establecer una nueva política fiscal?
4.- Volver a situar a la clase media como el motor del país. La clase media fue el modelo sociológico en el que se integró la mayor parte activa de la población en las sociedades de consumo y del bienestar.
Una vez entramos en la era del algoritmo y, por tanto, en la era del desplazamiento del trabajo por la máquina ¿cómo evitar lo irreversible? Tendríamos que pensar en las nuevas formas de sociedad que se nos proyectan lo que solo vendrá impuesta por la vía puros y duros de los hechos ya que resulta imposible concebirla y proyectarla.
5.- Incrementar los médicos de familia. Vaya estupidez. Estamos en la antesala de una sociedad mórbida y sometida y dependiente a los intereses de las farmacéuticas. ¿Más médicos para recetar sus productos farmacéuticos de nueva generación?
6.- Un Pacto Nacional del Agua. Aquí, como resulta inevitable, aparece el oxímoron ecológico cuando el agua se ha erigido en la forma sibilina del control de las producciones agrícolas y ganaderas y ha generado el inmenso negocio de las empresas dedicadas a la gestión del agua concebido como ‘bien público’.
Es fuente de privilegios y, por tanto, no será viable sin la imposición por la fuerza y desde arriba despreciando localismos e intereses espurios. Imposible, por la animadversión que producirá y la conducta mindundi del PP.
7.- Reducir la inmigración ilegal. ¿No se trataba de eliminarla y revisar todos los procedimientos y permisos concedidos a ilegales?
En las nuevas sociedades digitales la demografía no es expansiva sino negativa (descenso de población por bajadas de tasas de natalidad y aumento de las de mortalidad) y resulta extraño que la pérdida que causa ese descenso pretenda sustituirse por el aporte neto de la inmigración que, desde cualquier punto de vista, es innecesaria. Pero todo su explicación y su razón de ser.
La reducción de la población en occidente constituye un reto fascinante y para ello es preciso estar dotado de un proyecto y de un modelo que permita las transiciones de forma suave.
8.- Reforzar la seguridad. Se precisa de un nuevo modelo de seguridad más ambicioso que defina el ámbito de las infracciones penales y sus consecuencias. Lo que afectaría a la organización judicial y a su efectividad.
9.- Clarificar la política de Defensa. No sé qué se pretende. La Unión Europea establece las directrices y los miembros las secundan. Lo que nos lleva al problema del presupuesto de defensa y su impacto en los servicios públicos y en una política de defensa nacional soberana que establezca el flanco Sur como prioridad absoluta. El resto no sirve.
10.- Una Ley de Lenguas para que todos los niños españoles puedan ser educados en español. Lo que resulta imposible porque las competencias están cedidas a las Comunidades Autónomas y éstas no permitirán injerencias (aunque las competencias de inspección sean del Estado que, por cierto, nunca se ejercitan).
Conviene, una vez más, que sinteticemos:
-El sanchismo no queda reducida a una persona concreta, es una estructura multipolar de poder político (en el Estado). Es la expresión consumada de gobierno derivado del sistema de partidos políticos y continuará hasta que las grandes fuerzas decisorias lo tengan por conveniente.
-El sanchismo es una forma de dominio, de explotación y de acción política, como lo será en su día, cuando llegue, el feijooismo, que tiene como finalidad la perpetuación del sistema de sucesión o alternancia de partidos políticos del régimen.
-Para las élites políticas y económicas y financieras, culturales, mundiales, etcétera, un gobierno débil en un Estado occidental siempre constituye una opción preferible a un gobierno fuerte definido por un sólido proyecto político.
-La ventaja de que continúe el sanchismo (lo que es totalmente independiente de la ‘voluntad electoral’) sería, en lo fundamental, conducir de modo acelerado a toda la nación a una situación irreversible, punto de no retorno, donde se pondrá a la orden del día la continuidad hasta el hundimiento definitivo (crisis del Estado analógico) o la ruptura hacia nuevos equilibrios definidos por una demografía ínfima, una ultratecnología absoluta, nuevas dimensiones productivas y un Estado mínimo y, tal vez, nuevos valores (que podrían ser inspirados por la Iglesia siempre que no se pierda en los entresijos de las ideologías posmodernas -ecologismo, feminismo, humanismo, etcétera-).
Los retos que nos ofrece el futuro inminente son fantásticos. Recorrer su senda será la única alternativa, efectiva y seria, para provocar la desaparición de un occidente agotado, quitarnos ese peso muerto, y levantar una nueva perspectiva de potencias que solo pueden acometerse con nuevos proyectos y nuevos protagonistas justo a las antípodas de lo que el PP ofrece.
Por eso sostengo que más vale seguir y continuar con el sanchismo porque es la única forma que, entiendo actualmente, de acabar con rapidez y de forma radical con los efectos mórbidos del sistema de partidos políticos que rige y atraviesa a todo occidente, con sus ideas y sus ilusiones, sus formas económicas y su acción política analógicas. El PP es la continuidad del sanchismo pero en modo pausado, al ralentí.
Lo que viene es un reto gigantesco y como siempre, cuando no es predecible ni determinable, una fuerza vital que apuesta por algo radicalmente distinto a esta muerte en vida.
José Sierra Pama
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Hoy en día la clase política se compone de mentes mustias, mediocres y aburridas. No hace falta más para cobrar un sueldo mejor que en cualquier otro ámbito y continuar cobrando una indemnización cuando se acaba el momio. Ante este panorama la alternancia solo sirve para que cambien las caras que salen en la pantalla. El discurso es el mismo. Pero a la masa le gusta ilusionarse con el cambio de caras porque en el fondo le gustaría estar en su lugar. Así que cambiarán las caras y todo seguirá no igual sino peor. Pero a nadie le importará
El autor no lo podía decir más claro. El PP es aún peor que el Sanchismo.
Los partidos están todos pensando en ellos y se olvidan de que están para dar soluciones a los problemas del país. Nadie propone nada, todos quieren seguir apoltronados en sus puestos. No les preocupan la situación de los españoles. Y por supuesto el PP no es una alternativa.
Estamos perdidos.
Eso parece que no se augura un cambio político sino solo de personas gobernando. La clase media, por desgracia ha sido desplazada unos cuantos escalones para abajo.