15/08/2026 05:43

El reciente escándalo protagonizado por Ana Pardo de Vera, hermana de la imputada expresidenta de ADIF, al mostrar presuntamente una placa de Policía Nacional para intimidar a un ciudadano, es el último y más vergonzoso ejemplo del abuso de poder y la impunidad con la que algunos personajes se manejan en el espacio público. ¿En qué momento se normalizó que periodistas afines al poder crean tener autoridad para actuar como agentes del Estado?

La ley es clara: mostrar una placa policial sin ser agente es un acto que podría incurrir en un delito de usurpación de funciones públicas (tipificado en el artículo 402 del Código Penal español). No es una broma, no es un «lapsus», es una amenaza velada y un gesto autoritario que merece ser investigado y, de confirmarse, castigado con todo el peso de la ley.

No es la primera vez que Ana Pardo de Vera protagoniza un episodio de este tipo. Ya tuvo un encontronazo con el comunicador Ndongo, al que intentó desacreditar con prepotencia en lugar de argumentos. ¿Cuántos más habrá? El problema no es ella solamente: es el ecosistema de impunidad, la arrogancia de quienes se sienten intocables por estar bien relacionados con el poder político y mediático.

Lo ocurrido no es anecdótico ni trivial. Es una señal preocupante de degradación democrática, donde el que tiene un micrófono o una conexión política cree tener derecho a saltarse la ley y pisotear al ciudadano.

El caso exige una investigación seria. No puede haber una vara distinta según quién cometa el abuso. El respeto a la legalidad y la ética pública no pueden depender de ideologías, amistades o conveniencias. Y si alguien se atreve a blandir una placa que no le corresponde, que enfrente las consecuencias como cualquier otro ciudadano.

Vicente R.

Coronel de la Guardia Civil (R)

Nota de Redacción: Así es, en este gesto se implica un delito que hay que investigar. Si la placa de policía es real habría que saber a quién pertenece y qué hay detrás de la amenaza velada al mostrarla al periodista Vito Quiles. Probablemente, en este submundo de corruptelas ya se ha hablado de cómo retirarle de la circulación para que no denuncie el entramado del capo de La Moncloa.

Sicarios y encubridores de una organización criminal,

la pandilla basura de la manipulación y el encubrimiento untada

por el crimen masivo que han defendido

La histérica reacción de la periodista al servicio de un régimen con tintes criminales, hoy al descubierto en los tribunales, también debería conllevar una investigación a fondo de su patrimonio y las ramificaciones de su colaboración incondicional con la mafia política que tan vehementemente ha apoyado, máxime con su hermana como protagonista de la corrupción.

Detrás del altivo nerviosismo de la colaboradora sanchista puede esconderse la verdadera razón de tanta hostilidad, cuando queda menos margen de maniobra para seguir viviendo con la indecencia amoral de la que tantos se han lucrado vendiendo el alma al Diablo, literalmente.

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