
La segunda clase de actos de fortaleza, según Santo Tomás de Aquino, consiste en: “resistir los males y dificultades de modo que no nos lleven a la tristeza”.
I. Frodo y Sam resisten las amenazas y las adversidades de Mordor.
En “El Señor de los Anillos” de Tolkien encontramos muchas escenas inspiradoras de virtudes humanas. El episodio que narro a continuación es un buen ejemplo para ilustrar en qué consisten los actos de fortaleza-reciedumbre que tratamos hoy.
Hace ya muchas jornadas que Frodo y su fiel escudero Sam buscan en Mordor el camino que les lleve a la Montaña de Fuego, donde debe culminar su misión de destruir el Anillo de Poder. Los peligros que les amenazan son cada vez mayores, al igual que las penalidades que deben superar. Agotados por el esfuerzo y por la escasez de agua y alimentos, a los hobbits les pareció que ese largo viaje al norte había sido inútil. En la llanura, que se extendía a la derecha envuelta en brumas y humos, no se veían campamentos ni tropas en marcha; pero toda aquella región estaba bajo la vigilancia de los fuertes de Carach Angren.
—Ahora da igual que nos rindamos o que intentemos volver. La comida no nos alcanzará. ¡Tendremos que darnos prisa! —dijo Sam.
—Está bien, Sam —dijo Frodo—. ¡Guíame! Mientras te quede una esperanza. A mí no me queda ninguna. Pero no puedo darme prisa, Sam.
—Antes de seguir arrastrándose, necesita dormir y comer, señor Frodo —dijo Sam—. Vamos, aproveche lo que pueda.
Le dio a Frodo agua y una oblea de pan del camino, y, quitándose la capa, improvisó una almohada para la cabeza de su amo.
La enseñanza, válida para niños, adolescentes, jóvenes y adultos, es que culminar con éxito una misión, de ordinario, requerirá superar situaciones de gran dificultad. La virtud de la reciedumbre será de gran ayuda para no dejarse llevar por la actitud pesimista de pensar “no puedo más, me rindo” y alcanzar la meta.
II. El buen ejemplo de Carolina Marín.
Carolina Marín, nacida en Huelva en 1993, fue distinguida con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2024, por ser un «ejemplo de superación, fuente de inspiración y transmisora de valores, dentro y fuera de la pista», según el acta del jurado que falló el galardón.
Entre otros muchos títulos, Carolina ha ganado once medallas de oro en tres mundiales, en siete europeos y en la olimpiada de Río 2016, la cual también la distingue como la única jugadora de bádminton no asiática campeona olímpica. Carolina es también un ejemplo inspirador de fortaleza ante la adversidad porque logró sobreponerse por dos veces al infortunio de roturas de ligamentos: con mucha disciplina y no menos sufrimiento, tras ocho años, consiguió la acreditación para participar en los JJOO de 2024 en París, donde volvió a sufrir otra lesión cuando estaba a punto de clasificarse de nuevo para la final olímpica.
Esta historia de éxito, dolor, sacrificio, esfuerzo y resiliencia refleja cómo el deporte puede ser “cruel” y, al mismo tiempo, cómo la vida también puede ser reparadora; por eso me complace narrar el hermoso gesto de la rival de Carolina en la semifinal de París: He Bing Jiao ganó la medalla de plata y posó en el podio olímpico con un pin de España, en homenaje a su rival, que no pudo terminar la semifinal por su lesión. Al aterrizar en Barajas, le mostraron a Carolina la foto de He Bing Jiao, sonriente con su recién ganada medalla y la bandera de España. La española se emocionó con el gesto de su rival y amiga china, a quien agradeció “el detallazo que tuvo en la ceremonia de la entrega de medallas”. Y, de alguna manera, también sintió recompensado su esfuerzo y su manera de entender la competición en el deporte.
Durante la solemne ceremonia de entrega de los galardones de los Premios Princesa de Asturias de 2024, doña Leonor dedicó, como es tradicional, unas palabras a cada uno de los premiados en las ocho categorías. En referencia a Carolina Marín, la princesa de Asturias destacó que «Lo más relevante es que el valor no está solo en las medallas —incluso de oro—, sino que es la actitud ante la adversidad y ante el triunfo lo que define a una gran deportista». Y también, en el que era su primer discurso en el teatro Campoamor, tras alcanzar la mayoría de edad, doña Leonor recordó la conocida frase de Marín: «puedo porque pienso que puedo»; y concluyó: «Les aseguro que, para quienes estamos a punto de abandonar la adolescencia, son palabras muy valiosas». Entiendo que este comentario de la Princesa Leonor es una clara invitación a que todos ayudemos a los jóvenes a desarrollar la fortaleza interior.
En este tipo de actos de fortaleza-reciedumbre tienen especial protagonismo otras dos importantes virtudes: la paciencia y la perseverancia.
III. Reflexiones sobre la fortaleza/reciedumbre y ejemplos de acciones para desarrollarla.
Ya se ha dicho que la fortaleza-reciedumbre tiene siempre que ver con superar la dificultad y la adversidad: como dice el refrán español: “para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo”. Esta virtud, si nos esforzamos por desarrollarla, nos presta esa ayuda tan necesaria cuando la vida se pone “cuesta arriba”.
1. Enseña San Ambrosio que la fortaleza es una virtud que “no debe fiarse de sí misma”: el fuerte no busca ser herido ni el sufrimiento, sino hacer el bien. Actuar en contrario supone desconocer la realidad o que hay desorden en el amor. Moverse por amor (buscar el bien del otro y el propio) y por temor (el miedo a la adversidad) se condicionan mutuamente: cuando nada se ama, nada se teme. Uno no es más virtuoso porque sufra más, sino por la firmeza de su adhesión al bien. Lo importante es hacer el bien, no el sufrir.
2. La persona fuerte es consciente de la existencia del mal, pero no se deja intimidar y se sobrepone al miedo, que le “empuja” a dejar de hacer el bien o a obrar el mal. Se debe temer lo que debe ser temido, pero hay que perseverar en el bien, aún con esfuerzo y con dolor.
3. En nuestro día a día, son muchas las oportunidades de ejercitar esta virtud. En realidad, hemos de ejercitar la fortaleza para desarrollar todas las virtudes. En las historias de la introducción, podemos encontrar abundantes pistas para concretar propósitos y, como muestra, mencionamos unos pocos ejemplos de situaciones que nos exigen vivir la fortaleza-reciedumbre:
– Empezar a estudiar —o la tarea que toque en cada momento— a la hora prevista; y lo mismo, al terminar. Y esfuérzate en serio para no distraerte.
– En el estudio, y en general, al organizar tus tareas, si puedes elegir el orden, empieza por la que menos te apetece.
– Superar los desánimos que sobrevienen casi siempre antes de llegar a la meta, volviendo a empezar cuando sea necesario.
– Mirar hacia el futuro con el optimismo que nos permite ver la meta cada vez más cerca.
– Sufrir con buen ánimo las molestias del calor o del frío, venciendo la comodidad o la pereza.
– Ser respetuosos y educados con todos los demás, aunque nos “caigan menos bien”.
IV. Conclusiones
La práctica del deporte puede ser una buena ayuda para desarrollar esta virtud, ya que requiere afán de superación y exige constancia en el cumplimiento de tus compromisos, sin sucumbir al cansancio, al desaliento y a otras adversidades. Por ejemplo, ir a entrenar aunque no te apetezca.
En la vida corriente —a veces por pereza o comodidad— se dan muchas situaciones en las que debemos superar dificultades, en las que ejercitamos la virtud de la fortaleza/reciedumbre y que, una vez alcanzados los pequeños o grandes logros propuestos, nos llenan de satisfacción y alegría: éxito en un examen, alcanzar la graduación académica o aprobar una oposición tras años de estudio y disciplina, superar una enfermedad después de largos y dolorosos procesos de rehabilitación; en el caso de los padres, la alegría de ver a sus hijos convertidos en jóvenes “conductores de sus vidas”; y en el caso de los mayores que han procurado actuar siempre rectamente, en conciencia, la satisfacción del deber cumplido…
Por otro lado, a la par que con estas acciones desarrollamos la virtud de la fortaleza/reciedumbre, ésta nos ayuda a afrontar las dificultades y penalidades que debemos superar para alcanzar los logros que perseguimos. Y también es de gran ayuda para mantener la ilusión necesaria para alcanzar nuestros objetivos nobles.
Y una última consideración motivadora: cuando vencemos en estas luchas con nosotros mismos por hacer el bien —por ejemplo, defender la verdad, eso sí, con amabilidad— o resistir y oponernos al mal —por ejemplo, una situación injusta—, estamos alegres. Es la alegría que Dios concede a quienes se esfuerzan por cumplir la misión que Él les encomienda. Las dificultades son más llevaderas si las afrontamos por amor a Dios o a los demás; por el contrario, sin amor, hasta las más pequeñas adversidades nos parecen insuperables.
Julio Íñiguez Estremiana
Colaborador de Enraizados
Serie Virtudes I: Reciedumbre-Fortaleza. Por Julio Íñiguez Estremiana (Enraizados)
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